El temor a la recesión mundial, que terminó de avivar el Fondo Monetario Internacional este fin de semana, generó ayer una espiral bajista en los mercados, que hizo que la bolsa española registrara su tercera mayor caída del año, mientras la prima de riesgo escaló hasta niveles de hace un mes.
El principal selectivo español, el Ibex 35, que ya el viernes puso fin al rebote de los últimos días de agosto con un retroceso del 3,40%, se hundió hasta los 8.066,50 puntos, arrastrado por el mal comportamiento del sector financiero y del resto de valores cíclicos (los que se ven afectados por la evolución de la economía).
El resto de indicadores europeos registraron en su mayoría pérdidas superiores: Fráncfort bajó un 5,28%, Milán se dejó un 4,83%, París perdió un 4,73%, y Londres lo hizo un 3,58%. A estos descensos se podrían sumar hoy los índices de Wall Street, cerrada ayer por la festividad del Trabajo en Estados Unidos.
Este nuevo terremoto bursátil lo generó la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, que advirtió el pasado domingo del riesgo de que la economía mundial vuelva a entrar en recesión de forma «inminente». Aunque esa situación todavía se puede evitar, Lagarde aseguró que la capacidad de actuación es ahora menor que hace dos años y que para ello hace falta recapitalizar la banca europea, que necesitaría unos 200.000 millones de euros adicionales.
La contestación del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, no se hizo esperar, pero a pesar de que afirmó que la Unión Europea crecerá de forma modesta pero sin caer en una recesión, no calmó el ánimo vendedor de los inversores.
En la evolución en el mercado de la banca, no solo pesaron las declaraciones de Lagarde, sino también las incertidumbres sobre la reestructuración de la deuda de Grecia y por eso resultaron más penalizadas las entidades europeas frente a las españolas, menos expuestas al país heleno.
Aunque Atenas se ha convertido en el problema de fondo del mercado de deuda europeo, ayer una de las notas dominantes fue la compra masiva de bonos alemanes por su carácter de activo refugio ante la crisis de las bolsas y el temor a la anunciada recesión.
Esa apuesta por activos seguros y la consiguiente venta de bonos italianos y españoles hizo que la prima de riesgo de la deuda nacional se disparase desde los 311 puntos básicos del viernes, a los 341 puntos básicos que marcaba al cierre de la jornada, un nivel que no se tocaba desde que el Banco Central Europeo intervino en el mercado de deuda a principios del mes de agosto.
Ni siquiera la confirmación de que el organismo europeo duplicó la pasada semana sus compras de deuda pública española e italiana, dato que se conoció ayer, consiguieron evitar la fuerte subida de la prima de riesgo nacional.
Como el problema de base es el de Grecia, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, trató de calmar los ánimos al asegurar que la UE debe aumentar la presión sobre el país heleno para que lleve a cabo las reformas que se ha comprometido a realizar como condición para recibir asistencia financiera.
Las declaraciones del dirigente se enmarcaron en una reunión con el primer ministro finlandés, Jurki Katainem, encaminada, también, a tratar de apagar el fuego de las disensiones del país nórdico sobre el rescate heleno.
En una línea similar se expresó el presidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, que subrayó que considera «absolutamente necesario» que los Gobiernos de la eurozona apliquen de manera «inmediata» las reformas pactadas el pasado 21 de julio.
A corto plazo, los expertos esperan que la volatilidad de los mercados europeos continúe, ya que no se han producido avances en la crisis de la deuda europea y «los últimos datos y declaraciones apuntan que la actividad económica se está desacelerando más de lo que se esperaba y puede haber una vuelta a la recesión».
