En todas las familias siempre hay una persona mayor (abuelo, tío) al que recibimos cuando nos visita con un cierto desdén pensando que seguramente nos dará la tarde con sus historias de tiempos pasados, trufadas de recuerdos. Pero cuando la tarde avanza, la solera y la experiencia de sus historias consigue atrapar a sus inicialmente reacios oyentes, haciéndoles pasar un magnífico rato con relatos que parecen añejos pero cuyo encanto les hace parecer nuevos.
Algo parecido nos pasa en Segovia con Burning, que llegó a última hora a la nómina de conciertos de las fiestas sustituyendo a Mojinos Escozios y que suscitó no pocos comentarios culminados con la frase «los de siempre». Pero de la misma manera que las viejas historias nos elevan el ánimo cuando son bien contadas por quienes las vivieron, los «Stones de La Elipa» volvieron a concentrar la atención de un público al que el paso del tiempo no le impide seguir disfrutando del movimiento de caderas del rocanrol que surge de las teclas del incombustible piano de Johnny Cifuentes.
La fórmula es invariable. Buenas canciones que cuentan historias de perdedores, de «mujeres fatales» que buscan problemas y los encuentran, de héroes del lumpen y de amores imposibles que nos hacen crecer. Todo ello jalonado con el carisma indudable de uno de los últimos dinosaurios del rock en español, que tiene en el dedo meñique de su mano derecha mucho más sentido del espectáculo que los grupos que hasta ahora hemos visto en estas fiestas.
Aunque también es repetido, nunca me cansaré de glosar la importancia que tiene para este grupo la figura de Edu Pinilla, guitarra genial cuyo talento engrandece cada una de las canciones del grupo en cada «riff» y solo que interpreta. Además, el concierto contó con el aderezo de un magnífico saxofonista, precisamente en la semana que la música perdió al gran Clarence Clemmons, santo y seña de la E Street Band.
El concierto no dejó en ningún momento de ser una fiesta, donde no faltaron espontáneos ni una muñeca hinchable que pusieron el acento festivo, pero lo más importante es que sabemos que ellos volverán. Serán los de siempre, es cierto, pero también lo es que son imprescindibles.
