Esta doctora en Química, perteneciente a la Edad de Plata de la Ciencia Española (1906-1936), y alumna aventajada del considerado mejor químico de la época, Enrique Moles, explicaba que había seleccionado el grabado como su medio de expresión artística por ser el más afín a ella, ya que «tiene un número infinito de posibilidades y son muchos los procedimientos con que se puede manejar este material».
Exiliada en México, sus creaciones se exponen en este país centroamericano y en Estados Unidos en la década de los 60 y 70. En el año 1975 su obra se expone por primera vez en España, en Madrid, pero no es hasta la muestra del año 78 en la misma ciudad cuando la artista vuelve a España para asistir a la inauguración, ya desaparecido Franco. Ese año regresa a Segovia, en circunstancias muy diferentes a las de los años 40.
Gracias a la labor recopilatoria de la Asociación Cultural Enrique Toral y Pilar Soler, y a la colaboración del Ayuntamiento de Segovia y la Real Academia de Historia y Arte San Quirce, ahora se pueden ver en Segovia los grabados que recogen el espíritu creativo de María Teresa Toral, inspirados en el mundo de la fantasía y del sueño, de la infancia, la música, los pájaros. También en la poesía de León Felipe, Miguel Hernández, Antonio Machado, Federico García Lorca o Pablo Neruda.
