Escritor, conferenciante y cronista de la vida artística, sus artículos y relatos, así como sus críticas de arte flamenco, han aparecido desde 1987 en los más relevantes diarios nacionales e internacionales. Joaquín Albaicín (Madrid, 1965) descendiente de una larga saga de bailaores, actores y toreros gitanos, ha estado esta semana en el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, para hablar de cine, de flamenco y de su pueblo, dentro del ciclo ‘El flamenco en el cine’.
Albaicín entiende que no puede hablarse “en propiedad de la existencia de un ‘cine gitano’, al menos, en el sentido en que sí puede hablarse de una música gitana, una de cuyas ramas es el flamenco. Me refiero a que el hecho de que Yul Brynner fuera gitano no convierte películas como “Los 7 Magníficos” o “Anastasia” en exponentes del ‘cine gitano’, como tampoco “La mula” es una ‘película gitana’ porque uno de sus protagonistas, Chiqui Maya, lo sea”.
“Diría incluso que tampoco la suma de la identidad personal de Toni Gatliff, gitano, y la temática también gitana de sus películas, muy estimadas por mí, permite considerar del todo estas películas como ‘cine gitano’, entre otras cosas porque, si el actor, sea gitano, payo, chino o turco, se limita a seguir los pasos marcados en el guión, la última palabra sobre una escena tampoco la tiene el director, sino el productor”, añadió el escritor en unas declaraciones a EL ADELANTADO.
Para Albaicín existe entonces “un cine sobre gitanos, o a través del cual se busca retratar el mundo o ciertos ambientes gitanos, pero no un cine propiamente gitano, por la sencilla razón de que no existe una industria gitana del cine”. En este sentido, pone como ejemplo la existencia de una industria judía del cine, “que ha permitido, por ejemplo, el conocimiento generalizado de lo ocurrido durante el genocidio padecido por los hebreos bajo el III Reich, en contraste con el mucho menor conocimiento existente sobre el mismo genocidio sufrido, en la misma época y a manos de los mismos verdugos, por el pueblo gitano”.
“Existe también, en los Estados Unidos, una industria negra del cine, con productores negros, directores negros, actores negros, guionistas negros, iluminadores negros… y que cuenta historias dirigidas específicamente al público negro. Lo mismo podemos decir de Bollywood, la industria cinematográfica india”, resumió Albaicín, subrayando que “mientras no exista un equivalente gitano de estas industrias, en donde la responsabilidad final del producto descanse en manos gitanas, todo el cine que se haga sobre nosotros, por talentoso que pueda ser, y por muchos gitanos que podamos participar en los rodajes, estará inevitablemente marcado por la mirada ajena y, por tanto, por un mínimo grado de estereotipo”.
Joaquín de Albaicín mostró su satisfacción por su participación en este ciclo del Museo, en su primera conferencia en Segovia, por la “especial relación, me consta que impremeditada, que este ciclo guarda con mi familia”. Por ejemplo, en una de las veladas se proyectará la primera versión cinematográfica de “El Amor Brujo”, uno de cuyos protagonistas fue su tío abuelo, Miguel Albaicín. Y, en la primera velada, Roger Salas dio una conferencia sobre los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev, de los que formó parte su tía abuela, María de Albaicín.
También su abuelo, el torero Rafael Albaicín, hizo mucho cine, primero en papeles taurinos, pero luego en un registro mucho más amplio. Su última película fue “La letra escarlata”, de Win Wenders.
