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Los comuneros: del mito al lienzo

por Redacción
22 de abril de 2012
Lienzo ‘Los comuneros de Castilla’

Lienzo ‘Los comuneros de Castilla’

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Tras siglos de silencio, los héroes de la Guerra de las Comunidades irrumpieron en el mundo de las bellas artes en la última etapa del reinado de Isabel II, marcado por el moderantismo y las influencias crecientes de la alta burguesía y de la aristocracia. La crisis de su peculiar adaptación del liberalismo cimentaba año tras año el descontento contra el régimen monárquico, tanto en la calle como entre políticos y militares.

Fue con ese caldo de cultivo, y mientras se expandían como la pólvora los ideales progresistas, cuando el alcoyano Antonio Gisbert Pérez presentó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1860, a los 26 años, el lienzo ‘Los comuneros de Castilla’, calificado por el catedrático de Historia del Arte Carlos Reyero como «una de las obras capitales de temática histórica» en la pintura española.

El valenciano escogió como tema central un episodio que apenas se había abordado en las bellas artes españolas hasta entonces, donde se ponía de relieve un momento controvertido en la historia del país. Como escribe el jefe de Conservación de Pintura del Siglo XIX en el Museo del Prado y académico de la Real Academia de la Historia, José Luis Díez García, la obra «ponía en entredicho la actuación de la Corona, mostrando a los que van a morir como mártires triunfantes en defensa de las ideas de la justicia y la libertad».

El lienzo fue visto por buena parte del jurado de la Exposición (integrado en su mayor parte por académicos conservadores de San Fernando) como un ataque contra la corona y una crítica a la opresión del poder absoluto, y pese a las unánimes alabanzas a su ejecución, las posturas encontradas entre progresistas y conservadores (cuya querencia sintonizaba más con las propuestas de José Casado del Alisal) frustraron sus posibilidades de conseguir la condecoración extraordinaria, y tuvo que conformarse con la medalla de primera clase. El cuadro original puede contemplarse en el Congreso de los Diputados.

Se abre la veda. El lienzo de Gisbert abrió la veda a una veintena de obras protagonizadas por los comuneros o por otros protagonistas decisivos de la Guerra de las Comunidades en los albores del siglo XVI. No en vano, ese mismo año de 1860 se presentó en la Exposición Nacional la obra ‘Doña María Pacheco logra salir disfrazada de la ciudad de Toledo, merced a la generosidad de Gutierre López de Padilla’, de Manuel Domínguez Sánchez, y poco después el catalán afincado en Madrid Gabriel Maureta y Aracil firmaba ‘Doña María Pacheco recibe la noticia de la muerte de su esposo Juan de Padilla’.

En 1864 es Francisco Rica y Almarca quien presenta en la Exposición Nacional de Bellas Artes el lienzo ‘Doña María Pacheco en la defensa de Toledo’, mientras empiezan a proliferar las litografías que reflejan a los héroes de la batalla de Villalar.

Santiago Llanta y Guerín es uno de los ilustradores más volcados en reflejar a estos personajes, y suyos son los retratos de Juan de Padilla, Juana la Loca y María Pacheco plasmados en el taller litográfico de Julio Donón, que hoy pueden contemplarse en la Biblioteca Nacional. Mención especial merece la litografía realizada también en el taller de Julio Donón con el título ‘Batalla de Villalar’, a partir de un dibujo del pintor Carlos Múgica y Pérez, de 14 por 18 centímetros, y depositada en el Museo de Historia de Madrid. En ella, los dos ejércitos se baten en duelo con víctimas por ambos bandos y un jinete imperial abatiendo en primer término a un caballero comunero.

En Roma y en 1866 está fechado el óleo sobre lienzo ‘Demencia de doña Juana de Castilla’, de Lorenzo Vallés, una obra de gran formato (268 x 313 centímetros) que desde hace dos años y medio puede admirarse en la Sala 61 del Museo del Prado, dedicada a la ‘Pintura de la historia’, adonde llegó gracias a la ampliación en 2009 de la pinacoteca madrileña, tras permanecer durante décadas en el Casón del Buen Retiro.

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