Mientras que desde fuera se ve al Balonmano Nava como un milagro por el hecho de pertenecer a un pueblo de menos de tres mil habitantes y estar en la élite del balonmano español, los que conocen bien el club saben que las gestas conseguidas desde los equipos de base al primer equipo son el fruto de la dedicación, esfuerzo y trabajo dedicado desinteresado día tras día, no sólo por conseguir los mejores resultados partido a partido, sino por dar una cultura deportiva y presentar el deporte como un medio para disfrutar y compartir amistad.
Estas personas que dan lo mejor de lo suyo a cambio de nada desde cualquier puesto en el club, ya sean directivos, colaboradores, técnicos, jugadores y afición, son los artífices de este milagro, y la consecuencia de la semilla que plantaron cuando iban en coches particulares a jugar y se hacían verdaderos malabares económicos para financiar el presupuesto de cada temporada.
Son muchos los que ha desencadenado este milagro deportivo y entre ellos se encuentra Enrique Garzón Barbado, que el pasado sábado, en el preludio del partido ante el Barça Atlétic, y con un pabellón al completo, recibió el merecido reconocimiento a sus 30 años dedicado al entrenamiento de los equipos femeninos del club.
Una labor callada, de la dedicación propia de un amante del balonmano que ha dado todo por este deporte que, como confiesa, también le ha aportado muchas alegrías y no pocas amistades. Son varias las generaciones que ha entrenado manteniendo a sus jugadoras siempre en un buen nivel de competición. De sus filas han salido jugadoras que han pasado por la élite del balonmano, formado parte de las diferentes selecciones castellano-leonesa y española obteniendo diversos premios y éxitos deportivos.
Algunas de ellas el sábado pasado le hicieron el pasillo para recibir el detalle del club como tributo a la labor desarrollada. No estaban todas las que pasaron por sus entrenamientos, porque hubiera sido un pasillo demasiado largo, pero sí lo hizo una representación con la pretensión de agradecer en nombre de todas el respeto y el cariño hacía un buen entrenador.
MÁS ALLÁ DE LO DEBIDO
Todo un detalle que visiblemente emocionado agradeció Enrique dando las gracias “por todos los años de alegrías y balonmano. Las personas más importantes de mi vida estáis en estos años”.
La implicación de ‘Quique’ con el BM Nava siempre ha estado en la formación de los equipos de base trasladando los conocimientos adquiridos en su etapa de jugador y posteriormente en cursos de formación técnica como entrenador. En 2005 el club navero atravesó una situación muy difícil al dejar la directiva figuras del calado como Quintín, Tinin y Santi, que llevó a formar una gestora. A ello se sumó que el equipo de Segunda división quedó desmantelado con la marcha de varios jugadores. Fue un momento crítico que personas como Quique lograron salvar. Sin esa valentía la historia del Balonmano Nava hubiera sido otra, pero ahí estuvieron esos valores para que el milagro posterior se produjera.
