La iluminación eléctrica de las ciudades europeas comenzó a finales del siglo XIX y la de Segovia en las mismas fechas. Se exponen a continuación algunas de las vicisitudes que tuvieron lugar durante el proceso de iluminación eléctrica de la ciudad de Segovia.
La iluminación de la ciudad fue durante mucho tiempo un artículo de lujo, antes de la utilización de la electricidad se realizaba mediante pez, petróleo o aceite y se circunscribía a determinadas zonas de la ciudad: el casco amurallado y el eje calle real-convento de Santa Isabel.
Francisco Santiuste Hernández, regidor y alcalde en los años en los que se inicia la electrificación afirmaba que la cultura de la época exigía que el alumbrado fuera continuo y sin limitaciones. Desde tiempo atrás se reiteraba constantemente en las actas del ayuntamiento la necesidad de aumentar la iluminación, ya en 1799 se consideró urgente iluminar la ciudad “para cortar los vicios y maldades que abriga la oscuridad” .
Se ensayaron durante el siglo XIX distintos modos de financiar la iluminación. En 1831 quien viniera a la ciudad a vender pagaría 4 maravedís por puesto. También se propuso que los propietarios de las casas pagaran 1 real al año lo que se rechazó “por cuanto al cargar las costas contra los propietarios estos aumentarían el precio de los alquileres, resultando gravoso para los inquilinos”. Hubo otros intentos de obtención de fondos, por ejemplo, sobre la fiesta de los toros, incluso en alguna ocasión se llegó a prorratear el gasto de un contratista en función de que hubiera o no luna llena. El único recargo que se mantuvo en el tiempo fue sobre el vino.
Los primeros planteamientos y estudios para la introducción de la electricidad en la ciudad comenzaron en 1882. El proceso sería ya irreversible en 1890, electricidad y petróleo convivieron hasta la desaparición de la iluminación por petróleo, proceso que se extendió a lo largo de casi 30 años.
El ayuntamiento de Segovia es quien llevó la iniciativa. Sorprende constatar el sentido común, práctico y empresarial de los regidores. Previo a la toma de decisiones se consultaron y visitaron distintos ayuntamientos: San Sebastián, Irún y Albacete. Los regidores que se personaron en 1888 en Albacete afirmaron … “La noche más oscura se convierte por medio de lámparas cada una de fuerza alumbradora equivalente a 2000 velas, en otra más brillante que la más resplandeciente que puede verse iluminada por la luna en las regiones tropicales y así agradable para el tránsito público. Para el alumbrado de Teatros, Casinos y casas particulares se emplean lámparas más pequeñas que despiden luz pura y brillante, de fuerza cada una de 20 velas sin despedir calor ni vapores desagradables”. En 1888 el consistorio decidió introducir en Segovia el alumbrado eléctrico con una previa declaración de principios “resulta hoy que es un hecho práctico perfectamente comprobado, la aplicación de la luz eléctrica en el alumbrado público de plazas y calles”.
La electricidad no había llegado a más ciudades por la reticencia de las compañías de gas. Obviamente el negocio de estas se vería reducido al eliminarse las farolas de gas. Segovia nunca utilizó gas para iluminar y, por tanto, la reticencia de las gasistas no afectó a la ciudad. Curiosamente en 1904 en Viena se anunciaron mejoras de la iluminación mediante gas.
Se acordó que se sustituyera el alumbrado público de petróleo por el de luz eléctrica mediante focos de arco voltaico y lámparas de incandescencia y que se cediera el servicio a una empresa a no ser que se encontrara un medio fácil de obtener el capital necesario para la instalación por cuenta del municipio.
El ayuntamiento de Segovia planteó si la explotación del alumbrado eléctrico habría de hacerse por administración, esto es, gestionada por el municipio o por contrato. El regidor Sr. Santiuste señaló que si en vez de por contrato se hiciera por administración no tendría el Ayuntamiento que pagar el beneficio que la empresa se proponía obtener. No le faltaba razón al regidor pero hacerlo por administración resultó imposible por el coste en relación a la escasez de las finanzas municipales.
El medio fácil de proporcionar dinero a las arcas municipales nunca se encontró. Era difícil pues el presupuesto del municipio proyectado para el ejercicio económico 1888- 1889 fue de 709.306,14 pesetas. Resultaba imposible una inversión que “arrancaba” con 200.000 pesetas. Se estableció un procedimiento para adjudicar a una empresa, mediante subasta, la concesión del establecimiento de la iluminación eléctrica de la ciudad.

La concesión tendría una vigencia de 20 años y se realizaría en régimen de monopolio de la iluminación pública, no de la privada. Las instalaciones serían propiedad de la empresa adjudicataria lo que a lo largo de los años plantearía no pocos problemas. Bien es verdad que se dio al ayuntamiento la posibilidad de hacerse dueño de la instalación mediante pago. Las lámparas serían de 16 bujías, equivalentes en brillo a 16 velas, y habrían de establecerse en las calles y plazas de la ciudad y sitios que la comisión de alumbrado del ayuntamiento designara de acuerdo con la futura empresa concesionaria. Inicialmente el número de lámparas se estimó en 400.
Los soportes y reflectores habrían de ser de uso seguro y cómodo y de formas elegantes. Hubo oposición de propietarios y vecinos a la instalación de palomillas en las fachadas, oposición que fue resuelta por los tribunales a favor del ayuntamiento.
La electricidad se generaría a través de fuerza hidráulica (saltos de agua) o/y motores de vapor. El agua era elemento indispensable en ambos sistemas y el ayuntamiento acordó en sesión de 4 de julio de 1888 “que (a la futura adjudicataria) se le conceda gratis la merced de agua” y también franquicia de toda clase de arbitrios mientras corrieran a cargo del municipio. Algunos regidores se posicionaron en contra de la introducción de la iluminación por electricidad. El conservadurismo no se impuso y la transformación del alumbrado público de petróleo y aceite a electricidad siguió su curso. En palabras del alcalde, Francisco Santiuste Hernando… “las reformas llevan siempre consigo aumento de gastos pero que estando ya reconocida su necesidad y acordado que se lleve a efecto no cabe discutir si ha de realizarse o no y se está en el caso de examinar condición por condición según tenía propuesto”.
La Sociedad Electricista Segoviana S. L. resultó ser la adjudicataria de la concesión, se constituyó el 9 de noviembre de 1889, capital 400.000 pesetas, representado por 1.600 acciones al portador, de 250 pesetas cada una en dos series, la primera serie de 800 acciones fue totalmente suscrita. En consecuencia el capital operativo, lo que se desembolsó fueron 200.000 pesetas, no hay constancia del desembolso del resto del capital. Los siete accionistas fundadores (en terminología jurídica actual socios o partícipes) fueron personajes pertenecientes a las élites segovianas.

El 10 de febrero de 1890 se firmó un contrato entre el Excmo. Ayuntamiento de Segovia y La Electricista Segoviana, actuando en representación del consistorio el alcalde, Sr.Santiuste, y en el de la sociedad D. Carlos de Lecea y García, director gerente y representante de la misma. La empresa adjudicataria respondería con todo el material fijo y móvil de la instalación según contrato, pero podría retirarlo si abonaba 30.000 pesetas al ayuntamiento. Se demostraría con el tiempo lo errado de este planteamiento pues obligó a futuras concesionarias a volver a establecer parte de la infraestructura.
El cálculo del coste en función del tiempo de encendido produjo un tira y afloja entre el ayuntamiento y la adjudicataria: el ayuntamiento trató de reducir las horas dado lo menguado del presupuesto. Se llegó incluso a plantear, sin que se aprobara, que en las noches de luna llena no se iluminara la ciudad. Los vecinos solicitarían la colocación de más farolas y que la electricidad llegara a todos los barrios de la ciudad. Las discusiones entre el ayuntamiento y la adjudicataria fueron constantes en relación a precios por nuevas ampliaciones y por iluminaciones excepcionales.
El ayuntamiento fijaría al principio de cada trimestre las horas a las que las lámparas habrían de lucir y también aquellas lámparas que habrían de conservar su luz toda la noche, sin perjuicio de encenderse todas cuando la autoridad lo determinara, no había contadores, se implementarían años más tarde por la Cooperativa Electra Segoviana. El precio sería de 2 céntimos y novecientas setenta y cuatro milésimas de céntimo por luz hora cada lámpara de 16 bujías; de 39 céntimos de peseta por hora y foco de arco voltaico de quinientas bujías y en 63 céntimos de peseta por hora y foco de 800 bujias.
El precio de iluminar las lámparas de incandescencia y los focos de arco voltaico de mayor intensidad para sitios determinados, iluminaciones, fiestas públicas, etc. serían objeto de ajustes especiales.
En sus comienzos todas las lámparas habrían de lucir desde las 5, 30 en diciembre, desde las 6 en enero y desde las 6, 30 en febrero y se apagarían a las 23 horas en punto. Por excepción las luces establecidas en la calle Real, san Francisco, santa Eulalia y Mercado hasta la estación de ferrocarril, la salida de la plaza por el Caño Seco y san Juan, manteniéndose la luz hasta las 5 de la madrugada. Las farolas de la plaza Mayor y las del Azoguejo lucirían las horas ordinarias. No se vio la posibilidad de prolongar por más horas el alumbrado sin que se aumentara considerablemente el gasto. Al final se llegó a una solución salomónica. Solo en los días de navidad, carnaval y algún otro que se considerara necesario se prolongaría el tiempo de iluminación.
El consistorio comenzó a tomar conciencia de que el coste de iluminar iba a ser muy superior a lo planeado y se llegó a pensar en apagar algunas de las luces alejadas del centro y con poco movimiento de la población. Se prescindió de establecer el alumbrado eléctrico en los barrios de san Marcos y san Lorenzo. Un regidor lo consideró injusto y recordó que cuando se comenzó a tratar el asunto él ya dijo que el alumbrado por electricidad sería carísimo, 9000 duros, (45000 pesetas), lo que no se alejaba de la realidad al considerar el coste directo y el lucro cesante por reducción de las tasas de materiales y productos necesarios para la instalación eléctrica. Los barrios de San Marcos y San Lorenzo continuarían alumbrándose por petróleo hasta que se llevara a efecto la instalación de energía eléctrica corriendo el servicio de la iluminación por petróleo a cargo del Ayuntamiento. Un regidor se negó a que se iluminara por electricidad San Lorenzo si no se iluminaba también el barrio de San Marcos, lo que al parecer tenía muchas dificultades. La realidad es que la luz eléctrica no llegaría al barrio de San Marcos hasta la mitad de los años 10 del siglo XX.
En resumen, a una empresa privada se le concederían beneficios por gestionar un servicio público. La instalación fue aérea en sus comienzos y, como se señalaba en las modificaciones al pliego de la subasta, si se hubiera de realizar una instalación subterránea correría a cargo del ayuntamiento. La Sociedad Electricista Segoviana nunca enterró las instalaciones, tampoco el ayuntamiento. Habría que esperar a que una nueva compañía concesionaria sustituyera a La Sociedad Electricista a finales de los años 10 del siglo XX para que comenzara el soterramiento de las líneas eléctricas.
En 1890 la instalación eléctrica estaba realizada parcialmente y con bastantes limitaciones. Se requería hacer la recepción definitiva previo informe de expertos, el problema fue que en aquella época no había ingenieros especializados en la materia, ingenieros eléctricos los denominaba el Ayuntamiento.
Se propuso a los Sres. Breñosa y Caltellarnau quienes tuvieron por conveniente no aceptar el encargo fundándose en su falta de competencia por ser únicamente ingenieros de montes. Se hicieron gestiones en la Academia de Artillería y finalmente se encargaron de la recepción definitiva un artillero de la academia, Waldo Rexach, y el arquitecto municipal a la sazón Joaquín Odriozola.
La Electricista Segoviana, S.L. tuvo el monopolio de la iluminación pública de Segovia hasta 1918, y se liquidó el 20 de diciembre de ese año. La sucesora y siguiente adjudicataria fue la Cooperativa Electra Segoviana. La adjudicación del servicio a esta Cooperativa y la actividad desarrollada por la misma tuvieron algo de singular y merecen un estudio aparte.
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* Abogada, licenciada en Historia y Geografía.
