El derribo del azud de Puente Mesa, en el río Cega, ha vuelto a situar en el centro del debate la política de eliminación de obstáculos fluviales que desarrolla la Confederación Hidrográfica del Duero. Con esta actuación, ya son cuatro los azudes de relevancia histórica y territorial que han sido demolidos en la provincia de Segovia, tres de ellos concentrados en el año 2023 y el último en enero de 2026, en un proceso que enfrenta la normativa ambiental vigente con la profunda vinculación de los pueblos a estas infraestructuras centenarias.
Antes del derribo de Puente Mesa, la CHD había ejecutado en 2023 la demolición de otros tres azudes considerados significativos en el territorio segoviano: la presa de La Muña, en Navafría, en el mes de julio; la Presa Grande, en Nava de la Asunción, en agosto; y la presa de Minguela, en Vallelado, en diciembre. Todas ellas formaban parte del entramado histórico de aprovechamientos hidráulicos tradicionales ligados a molinos, regadíos y usos comunitarios que han marcado durante siglos el paisaje y la vida económica de la provincia.
La Confederación Hidrográfica del Duero justifica estas actuaciones en el marco de la legislación estatal y europea en materia de aguas y restauración de ecosistemas fluviales. En particular, apela a la Directiva Marco del Agua, al Plan Hidrológico Nacional y, más recientemente, a las obligaciones derivadas del Reglamento europeo de Restauración de la Naturaleza, que establece la necesidad de recuperar la conectividad longitudinal de los ríos mediante la eliminación de obstáculos obsoletos o en desuso.
Los datos
Según los datos de la propia CHD, publicados por eldiario.es, en el año 2023 en la provincia de Segovia existían 131 presas en explotación, 69 abandonadas, 43 sin catalogar, 13 demolidas, cuatro derruidas, tres en estado desconocido y una puesta fuera de servicio. La Confederación sostiene que sus actuaciones se centran en aquellas infraestructuras que carecen de concesión administrativa vigente y que suponen un riesgo para la seguridad de las personas o una barrera para el buen estado ecológico de las masas de agua.
Sin embargo, frente a esta argumentación técnica y jurídica, numerosos municipios, colectivos vecinales y asociaciones subrayan que muchos de estos azudes no son simples obstáculos hidráulicos, sino elementos patrimoniales con varios siglos de antigüedad, profundamente integrados en la identidad local.
Entre 2015 y 2021 se demolieron 188 azudes en la cuenca del Duero, y hasta 2024 el Gobierno de España había eliminado un total de 930 en todo el país
En el caso de Puente Mesa, tanto la Delegación del Gobierno como la propia CHD habían reconocido públicamente en 2022 su “importancia histórica, cultural y social”, llegando incluso a comprometerse a su restauración y no a su derribo, un extremo que ha servido de base para los alcaldes de ambos municipios para iniciar acciones tanto administrativas como legales.
Lo que más ha dolido a los vecinos de ambos municipios, más allá del lógico disgusto por el derribo del azud tras la que ahora se ha demostrado que fue una falsa promesa, ha sido la ausencia total de comunicación acerca del mismo, y el hecho de que el derribo comenzara a realizarse cuando todavía no había amanecido. Y por ello tampoco ha dejado indiferente que en la comunicación que envió a los medios la CHD ya anunciara que ‘consensuará con el Ayuntamiento un área recreativa restaurando ambientalmente la zona afectada con plantas autóctonas procedentes de los viveros de la propia Confederación’.
El Cega como ejemplo
El río Cega constituye todo un ejemplo. En su cauce se computaron en 2019 hasta 15 azudes (según el informe ‘Evolución Histórica de los Caudales en el tramo medio-bajo del río Cega’ auspiciado por la Dirección General del Medio Natural de Consejería de Fomento y Medio Ambiente), de los cuales siete figuraban expresamente en el Informe de la Dirección General del Medio Natural sobre el Espacio Protegido de la Red Natura 2000 ‘Riberas del Cega’. Este documento establece que “las actuaciones fundamentales deben asegurar la correcta conectividad longitudinal y transversal de los cauces para favorecer la dispersión y las migraciones de las especies”, promoviendo la eliminación total o parcial de azudes en desuso o, alternativamente, su adecuación mediante escalas piscícolas.
Entre esos azudes del Cega se encuentran, además del ya desaparecido Puente Mesa, los situados en Lastras de Cuéllar y Aguilafuente, ambos citados de forma recurrente en los debates locales sobre el futuro del río. Para los defensores de su conservación, estas estructuras han generado con el paso del tiempo ecosistemas estables, láminas de agua, zonas de baño y espacios de encuentro social.
La CHD, por su parte, insiste en que la permanencia de azudes sin uso ni titular concesional supone una vulneración del régimen jurídico del dominio público hidráulico. Argumenta además que estas infraestructuras favorecen la fragmentación del hábitat, la acumulación de sedimentos y nutrientes y el incremento del riesgo de inundaciones aguas arriba, además de procesos erosivos aguas abajo.
Casi 1.000 azudes eliminados
El debate en Segovia no es ajeno a lo que ocurre en el conjunto del país. Según datos oficiales del Gobierno de España, entre los años 2015 y 2021 se demolieron 188 azudes en la cuenca del Duero, dentro de una estrategia de restauración fluvial a gran escala. En un balance más amplio, hasta el año 2024 se habían eliminado en España un total de 930 azudes, una cifra que sitúa al país entre los estados europeos con mayor número de actuaciones de este tipo, tal y como recogen informes del Ministerio para la Transición Ecológica y artículos divulgativos de RTVE.
Solo en el río Cega había quince azudes computados, varios de ellos citados en informes de la Red Natura 2000 por su afección a la conectividad fluvial
Estas cifras, sin embargo, no disipan el malestar en muchos municipios segovianos, donde se denuncia la falta de información previa, la ausencia de participación local y la escasa sensibilidad hacia el valor simbólico de estas obras hidráulicas tradicionales. En varios casos, los ayuntamientos sostienen que estarían dispuestos a asumir la conservación y el mantenimiento de los azudes mediante concesiones administrativas, siempre que se compatibilicen con soluciones técnicas que permitan el paso de peces y el cumplimiento de los objetivos ambientales.
La controversia se agudiza cuando se recuerda que algunas de estas presas y azudes han estado en pie durante cientos de años, adaptándose de forma progresiva al entorno natural y humano. Para muchos vecinos, su eliminación no solo transforma el paisaje, sino que rompe una relación histórica entre el río y los pueblos que se han desarrollado a su alrededor.
Los azudes en los ríos españoles
(por Juan Carlos Domingo Pinillos, abogado de Asiama*)
Recientemente hemos vuelvo a conocer que se siguen produciendo las demoliciones de azudes y pequeñas presas existentes en los ríos segovianos, y ha vuelto a polémica a la vida de muchos segovianos. Generalmente, cuando todo el mundo tiene su parte de razón, ya tenemos los ingredientes para que se forme la tormenta perfecta.
Y con respecto a este asunto, tenemos a ecologistas a favor y otros en contra, a técnicos especialistas, unos a favor y otros en contra, a instituciones públicas, unas a favor y otras en contra, y a los Ayuntamientos de las poblaciones afectadas, casi todos en contra.
El Estado, a través de sus Confederaciones Hidrográficas, realiza macro-contratos con empresas públicas para demoler este tipo de infraestructuras hidráulicas, algunas de ellas centenarias, y que muchas veces no sabe bien quién es el actual propietario, y generalmente, suelen tener la concesión por la que se concedió el permiso para su construcción caducada para el uso pretendido. En estos casos, en teoría, al no funcionar ya para el uso inicial por el que se construyó, procede su demolición.
Debido a la climatología y a las características del relieve del territorio español, la construcción de obras hidráulicas se remonta al imperio romano. Tenemos ejemplos de puentes o presas romanas aún en pie, o mismamente, una obra hidráulica Patrimonio de la Humanidad: un acueducto romano en la ciudad de Segovia que lleva unos 2.000 años construido. Está claro que el acueducto de Segovia se construyó para un fin: llevar agua desde el arroyo de la Acebeda hasta el recinto amurallado de Segovia. Seguro que la concesión que se le diera a los romanos está ya caducada. Y al no funcionar ya para el uso inicial para el que se construyó, ¿Tendríamos que demolerlo?
El art. 89, punto 4, del Reglamento del Dominio Público Hidráulico, dice que cuando caduca la concesión, la obra hidráulica revierte al Estado gratuitamente y libre de cargas, y le da la posibilidad al Estado de demolerla o de conservarla, y darle en ese caso un nuevo aprovechamiento. En este caso del acueducto, ahora no está en dominio público hidráulico y no sería de aplicación el artículo 126 bis del Reglamento, o el art. 101 de la ley 33/2003.
Sin embargo, la realidad también es que algunas de estas obras hidráulicas (azudes y pequeña presas), ya no cumplen con la función para la que fueron construidas o han quedado fuera de uso al caducarse la concesión que tuvieron y, además, se han ido degradando a lo largo de los años de abandono. Como el resto de obras hidráulicas, existen algunas que resultan ineficaces y causan un impacto ambiental que no se encuentra justificado.
Cuando una obra hidráulica ya no tiene utilidad puede ser recomendable su eliminación, en aras de la restauración fluvial (Pallarés, 2019). Esta frase es crucial para esta discusión, siendo utilidad o no utilidad las palabras clave de todo este proceso. Reflexionemos un momento sobre la frase de Pallarés.
El Acueducto se construyó para un fin: llevar agua hasta el recinto amurallado de Segovia. Seguro que la concesión que se le dio a los romanos está ya caducada. Y al no funcionar ya para el uso que se construyó, ¿Tendríamos que demolerlo?
Si la obra hidráulica no tiene utilidad o ya no es eficaz, puede ser recomendable demolerla, pero antes dependerá de un estudio pormenorizado sobre si es recomendable su demolición, o si le podemos o queremos encontrarle una nueva utilidad. Si esa obra hidráulica, genera más perjuicio que beneficio, parece lógico pensar que la demolición es una acción acertada. Pero ¿Hemos pensado si le podemos dar otra nueva utilidad? Toda obra hidráulica que ahora es catalogada como ineficaz por no ser usada para el fin con el que se construyó inicialmente, es posible revertir esa situación si le damos otros usos compatibles con la misma, que hagan que el impacto ambiental que genera se encuentre justificado desde un punto de vista objetivo.
No siempre es necesario demoler o destruir un azud existente cuando deja de tener el uso inicial para el que fue construido. Hoy en día, con la necesidad de almacenar agua debido a la carestía y escasez de la misma, y teniendo la posibilidad de darle otros usos sostenibles y compatibles con el medio ambiente y la fauna piscícola de la zona, parece sensato, intentar rehabilitar y poner en valor esa infraestructura hidráulica existente, que la inmensa mayoría de las veces es de titularidad pública.
Por ejemplo, en la Demarcación Hidrográfica del Duero a la que pertenece la provincia de Segovia, existen inventariados más de 5.000 obras transversales en los ríos. Es una cifra considerable, entre las que se encuentran infraestructuras en uso, en desuso y abandonadas. Seguramente muchas de ellas están sobrando, pero seguro que otras muchas son susceptibles de rescate y puesta en valor de nuevo.
No hay que demoler y destruir, por destruir. Posiblemente, la inmensa mayoría de presas y azudes antiguos, se construyeron con un fin y un uso concreto. Posiblemente muchas de ellas no dispongan de paso de peces o compuertas, y posiblemente sea más sostenible desde un punto de vista ambiental y económico, realizar un paso piscícola y arreglar y limpiar el azud, dándole un nuevo uso a esa pequeña masa de agua, que demolerlo o destruirlo.
No todos los casos serán iguales, pero seguro que algunos azudes abandonados pueden revertir al Estado su titularidad y propiedad, y pueden ser objeto de rehabilitación, en vez de destrucción.
Seguro que existen zonas donde la escasez de pequeñas masas de agua que pueden tener varios usos, entre ellos los reservorios de agua para incendios, su rehabilitación para que vuelvan a cumplir funciones ligadas al aprovechamiento de aguas sea más sostenible económica y socialmente y equilibrado medioambientalmente, que demoler y destruir. “Construyamos acueductos que unan a nuestra sociedad”.
*(Asociación para la investigación del agua y el medio ambiente).
