El centro cultural “Cronista Herrera”, propiedad de la Obra Social y Cultural de Caja Segovia, mostrará, desde hoy y hasta el 11 de noviembre, las últimas obras del pintor segoviano Lope Tablada Martín, en una exposición itinerante que inició su periplo el pasado abril en las Salas de las Caballerizas del Torreón de Lozoya y que ha tenido continuidad durante agosto y septiembre en el Centro Social de Caja Segovia de Santa María la Real de Nieva. Con su parada en Cuéllar, la muestra concluye su peculiar viaje, en el que Tablada Martín ha querido mostrar un proyecto distinto en cada una de las sedes, aunque siempre ofreciendo su personal visión de los lugares que describe en sus pinturas.
La exposición lleva por subtítulo “Tercera generación de una saga de pintores”, pues Tablada Martín quiere rendir homenaje a su padre y a su abuelo. Si una familia de pintores ha captado en sus obras de arte la evolución de Segovia y su provincia a lo largo del siglo XX ha sido la de los Tablada. Lope Tablada Maeso —autor de las pinturas murales de los teatros Juan Bravo y Cervantes—, inició una estirpe a la que dio continuidad Lope Tablada de Diego, considerado “el pintor de la luz de Castilla”, y del que tomó el relevo Lope Tablada Martín.
El nieto lleva la pintura en sus genes. Es innegable y, además, él así lo cree. “Un pintor nace, no se hace”, afirma. Su padre percibió aquel don y le organizó la que habría de ser su primera exposición, con ocho años cumplidos, en el Centro Segoviano de Madrid.
Casi sin darse cuenta, Lopito empezó a vivir de la pintura. Algunos compradores que acudían al taller de su padre se interesaban por pequeños cuadros, de temática taurina, firmados por él. Y, en no pocas ocasiones, vendía una obra. El pequeño Lope pasaba las horas muertas viendo pintar a su padre. Admiraba su trabajo. Pero jamás le preguntó nada. El mozalbete quería seguir su propia línea. “Nunca pretendí imitarle ni copiarle un cuadro”, asegura ahora, aunque reconoce, eso sí, que su largo aprendizaje le llevó a “heredar” la misma paleta de colores de su padre, esa que refleja fielmente la luz segoviana.
Desde sus inicios, Lope se inclinó por la pintura figurativa. Nunca se planteó dar un giro hacia lo abstracto. Y logró tener un estilo propio, definido y claramente identificable, de escenas costumbristas, que ahora se puede admirar en el centro “Cronista Herrera”.
