Acaba de cumplir 36 años y el último trabajo de este vizcaíno de Getxo está siendo seguido por millones de personas en todo el mundo. No es una estrella del rock o del pop, pero sí el responsable de la película más taquillera de la historia de España, Lo imposible. Nos cuenta un compañero suyo del colegio que siempre le veía en el autobús con el violín… «No, no, un cello», corrige divertido vía wassap. Niega que tenga enchufe con J.A. Bayona, el director.
Tomen nota de su nombre y primer apellido: Fernándo Velázquez. Compuso la banda sonora de El orfanato, Lope, La trampa del mal, y ahora saborea las mieles del triunfo absoluto con Lo imposible. Ahora anda enfrascado con el dramaturgo Alfredo Sanzol y T de Teatre con su Aventura! «Apasionante».
Segunda cinta de J.A. Bayona, y segunda banda sonora con él.
Tengo la enorme suerte de haberle conocido en el momento exacto, cuanto iba a poner música a su segundo corto, El hombre esponja. Hicimos un trabajo muy bonito y todo el mundo quedó muy contento. Por eso volvió a confiar en mí para El orfanato. Es un placer poder trabajar con gente tan brillante.
Existe un final alternativo en esa película en la que solo cambia la música, que es capaz de dejar al espectador con un regusto amargo o bueno, como, de hecho, sucede. Y eso que la protagonista muere…
La música funciona a veces como el coro griego que comenta la acción, casi desde un punto ético. Una misma escena puede resultar desgarradora o puede tener un punto de esperanza o consuelo dentro del drama. En el caso de El orfanato, el final alternativo era más consecuente con la película, pero dejaba al espectador completamente devastado y desconsolado. Y J.A. no quería que acabara así. Por otro lado, me parece bastante considerado no amargarle después de ser vapuleado durante casi todo el metraje. Además, los directores, los actores y los músicos somos tramposos todo el tiempo, de hecho, es nuestro trabajo
¿Cómo ha conseguido hacer llorar a tanta gente? Imagine que fuera un barman…
Evidentemente, hay una serie de acordes, timbres y maneras de escribir la música que reconocemos con determinadas emociones y los instrumentos de cuerda, el piano sencillo o el cello solista funcionan de esa manera. Sin embargo, el ingrediente principal es la historia. No creo que una música lacrimógena me haga llorar si me la ponen con El resplandor.
¿Cómo es eso de dirigir a la Royal Filarmónica de Londres?
Bueno, no exactamente, es Abbey Road, si bien la mayor parte de los músicos pertenecen a ella y van allí como freelancers. Fue maravilloso. Siempre he pensado que da igual lo que toquen. Todo suena más allá.
¿Acaso es la mejor de la mejor a la hora de componer una banda sonora?
Hay algo de eso, pero también hay mucho marketing. Como te digo, nos sobra talento para hacerlo igual de bien.
Alberto iglesias (nominado dos veces al Oscar y colaborador de Almodóvar) me contaba que duerme al lado de un órgano por si las musas. ¿Y usted?
Se me ocurren ideas cuando paseo (risas), y, a veces, me despierto y las grabo en el móvil. Aunque lo mejor acaba saliendo cuando les das forma trabajando al piano o con la partitura. Creo que de la reinterpretación de esas ideas salen otras nuevas.
¿Cómo se organiza?, ¿lee el guión, ve ya el montaje definitivo, alguna escena concreta?
Cada proyecto es distinto. A veces, quieren ideas antes de rodar, otras me llaman de bombero, incluso cuando ya tienen la película lista y quieren probar una música diferente a la que tenían. Tanto en El orfanato como en Lo imposible, el trabajo empezó por el tema final.
¿Qué BSO no pueden faltar?
La misión, El paciente inglés, Cinema Paradiso, La lista de Schinder…
