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El Adelantado de Segovia

Libertad de cine

por Sergio Casado
25 de enero de 2026
Matt Damon protagonizó en 2015 “Marte” o “The martian”, película dirigida por Ridley Scott.

Matt Damon protagonizó en 2015 “Marte” o “The martian”, película dirigida por Ridley Scott.

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Javier H. Estrada y Mariona Viader codirigirán la 71 Seminci

Espectro luminoso del cine

Fetichismos de cine

En la biblioteca en diagonal descanso por un momento y propongo “Marte” (“The martian”). Hablo de Ridley Scott. Quizá el lector nunca se ha fijado en ese nombre; le recuerdo a Elena algunas películas suyas, como “Alien”, “Blade runner”, “Thelma y Louise”, “Gladiator”, “American gangster”. Ella se sorprende de tantas películas importantes, “buenas”. Rápidamente aparece el logotipo de su compañía, “Scott Free”. ¡Atenta, Elena! ¡Atenta! No sé porque me gusta tanto ese logo. Es completamente distinto. ¡Empieza la película! Elena picotea algunos dulces, chucherías. Yo no quiero distraerme. Hay algo atractivo en la película desde el principio. Así es el cine de Scott, su cine que he visto desde que era un chaval.

Matt Damon y sus compañeros están de misión en Marte. Pura fantasía. Deberemos acostumbrarnos, adaptarnos a ella por si no existe ambiente de realidad. Conozco la película pero me gusta volver a verla. Es el reencuentro con alguien que conozco. Supongo que me gusta tanto por el modo en que trata cuestiones que me interesan especialmente, como la soledad del ser humano. Damon, actor siempre competente, se verá condenado a una situación horrible, una soledad con la que se enfrentará como gato panza arriba. El hombre sólo habrá de utilizar su ingenio y serenidad. En nuestras soledades particulares hemos de usar nuestro ingenio, aquello en lo que nuestras carencias no interfieran. Surge la palabra: “aprendizaje”.

Intento estar, de nuevo, lo más atento posible y esquivar mi falta de concentración. Vuelvo a pensar que es posible pensar algo de esta película, es decir, aprender. Y el Diccionario de la Academia dice: “Adquirir conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia”. Combatir la experiencia, decía, y el otro tema fundamental para mí: dar la espalda. ¿Cómo ayudar a una persona en soledad? La película plantea la posibilidad de ayudarle todos, con lo cual se acentúa la idea de fantasía de la película. No nos lo creemos, si somos realistas. Quizá es su defecto. Pero yo pienso en el cinéfilo romántico, soñador. A la fuerza ha de atraparle la película. Para unos, los realistas, la película no valdrá nada. Para los otros, soñadores, será trepidante, inspiradora, luminosa. Así que la aventura de Damon es real, posible. Es factible que todos ayuden lo máximo posible. El puro sueño frente a la terrible tormenta marciana con la que se inicia la película. Y cada uno de nosotros tenemos nuestra propia tormenta, nuestro propio villano. A nosotros nos ayuda la compañía por un rato de Scott. Quiero tenerlo guardado en nuestra gran caja del cine y abrirla a menudo, para tener presentes los recuerdos.

Gerard Depardieu como Cristóbal Colón en “1492: La conquista del paraíso”, de 1992.
Gerard Depardieu como Cristóbal Colón en “1492: La conquista del paraíso”, de 1992.

Unos días después de la marcianada, ¡más Scott Libre! Se trata de hacerlo, intentar hacerlo lo mejor posible. Aquí con David Thewlis o Liam Neeson o Eva Green o Jeremy Irons y un esforzado Orlando Bloom, que intenta construir algo en el desierto, encontrar agua. La trama de “El reino de los cielos” se desarrolla en Jerusalén, cristiana o de los moros. Cientos de años y seguimos igual, sigue la matanza. Con la película de Scott podemos aprender algo, siempre aprender, y más cuando ahora veo una versión extendida de la película, de tres horas. Es otra película. No la recordaba así. El herrero Bloom responde a la pregunta: “¿Qué hombre no quiere mejorar el mundo?” Y contesta: “Un mundo mejor del que hemos conocido. Un reino de conciencia”. ¿Qué significa hoy en día ser un caballero? ¿Significa algo? ¿Qué significaba entonces? Ante un mundo perdido, Sibila (Eva Green) recorta su pelo, se convierte en otra persona. Green pregunta: “¿Qué será de nosotros?” Y Bloom contesta: “El mundo decidirá”.

Viendo esos actores estupendos me voy dando cuenta del poder de un actor al servicio de Scott. Esos actores parecen más grandes, mucho más grandes. Y así sucede con Susan Sarandon y Geena Davis en “Thelma y Louise”. ¿Por qué filmar? Es sencillo: por la mujer bajo acecho. Los demonios están cerca, agazapados, agobiantes. Merodean. Una respuesta: El viaje. Nuestros viajes y un trastorno, vomitar algo y empezar de repente algo nuevo. Louise intenta pensar qué hacer. ¿Qué hacer ante los demonios? Pinceladas de afectos de Hans Zimmer y el automóvil Thunderbird, tan atractivo, irresistible, como Brad Pitt para Geena Davis.

Scott da buenos naipes al espectador y tengo la impresión de que Scott ya era un veterano cineasta de joven. Surge la amistad de los humildes como respuesta frente al absurdo. ¿Y empieza a hacerse presente la pregunta? ¿Por qué filmar tanto, por qué tantos actores pasando monumentales por su cine? No lo sabemos, no sabemos si para Scott sólo filmar tiene sentido. Lo ha hecho toda su vida.

Carlos Gracia hace referencia a la “fuerza genial de la creatividad audiovisual”, como elemento positivo y lo negativo de secuelas infumables. Películas que avergüenzan al cineasta.

Sean Young, la “replicante” Rachel en “Blade Runner”.
Sean Young, la “replicante” Rachel en “Blade Runner”.

Parpadeo para embarcar en el buque escuela “Albatros”. Que maravillosa expresión, la de “buque escuela”. Es una película tristemente olvidada pero que se muestra nueva ante mis ojos, gracias a escribir esto para el Adelantado, gracias al privilegio de esta escritura.

Y como estábamos en lo del aprendizaje y la libertad, Jeff Bridges nos avisa: “el barco que estáis pisando no es un juguete, y navegar no es un juego”. Scott está presente sea desde la tormenta marciana o sea desde la tormenta blanca. ¿Y qué hay mar adentro? ¿Qué hay mar adentro? Bridges: “viento, lluvia, y unas olas como castillos, arrecifes y escollos, bancos de arena, niebla y una oscuridad que lo oculta todo”. Sin Cinismo, con mayúscula, y la fugacidad. Aprender de ella, observarla, estudiarla.

El comportamiento con un compañero de viaje, un delfín, nos demostrará quiénes somos. Y como Homero dice que el viaje es lo que cuenta, el capitán Bridges: “Las estrellas son lo único que un marinero necesita para navegar”.

Nosotros queremos que no se acabe el viaje, que no acabe la película, no volver a ser nadie. ¿Y qué hacer? ¿Qué son las tormentas blancas? ¿Un fenómeno de la imaginación? Son un Moby Dick atmosférico. En la tormenta, “no puedes escapar del viento, afrontas la situación, orientas tus velas y sigues adelante”.

Nos gustaría saber más de Jeff Bridges y Caroline Goodall, y de los chavales, pero hemos aprendido una lección. Scott es el cineasta que tira al blanco continuamente. Es el cineasta arquero. Al principio acertó tres veces consecutivas al centro del blanco. Desde entonces ha buscado lo mismo.

Harrison Ford, Rick Deckard, en “Blade Runner”.
Harrison Ford, Rick Deckard, en “Blade Runner”.

Contar historias. Contarlas. El oyente, el espectador las escucha, las ve. A veces el espectador se queja de lo repetido. Y sí, también es posible contar una misma historia de otra manera. Yo mismo me repito, como no. También haciéndolo intento aprender algo y fijarme en mis maestros, observarlos, mis queridos maestros a los que leo, les escribo cartas, correos, mensajes telefónicos porque día de luz es la palabra, escribió Kavafis.

Hago un descanso en lo que estoy escribiendo. Escribo también notas para mí mismo en el cuaderno Matji. Se trata de defenderse mejor, de cavar trincheras. En los últimos años escribí poco en este cuaderno pero en los anteriores sí lo hice y me ayuda, al menos un poco. Leo también de momentos de desesperanza, desmoralización y desconcierto e intento construir esperanza aunque sólo sea con una o dos palabras, como “Querido Maestro”.

El cine es profundo. Las ilusiones son profundas. No podemos ni imaginarlo. Estoy convencido de que Scott Free piensa lo mismo. Así que buceo otra vez en “American Gangster”, con un gigantesco, todopoderoso Denzel Washington. Es una película muy larga, la del juego del gato (Russell Crowe) y el ratón (Denzel Washington) con muchas pequeñas historias dentro, como la corrupción policial, militar y las calles llenas de “Magia azul”, la droga en estado puro. Y los adictos buscan esa máxima pureza, la calidad del oficio. Y Denzel ofrece ese producto. Borra la competencia. Y a mí me parece que Scott Libre ofrece una mercancía cinematográfica de gran pureza, su propia magia azul.

Hay tres películas de Ridley Scott para abrumar y películas lamentables. ¿Es consciente Scott de hacerlas? ¿Verá en ellas aprendizaje?

La santísima trinidad de su cine son “Los duelistas”, “Alien” y “Blade runner”. ¿Algún cineasta tiene tres películas así para empezar? “Los duelistas” podría ser perfectamente una película de Kubrick y “Alien” es el terror, John Hurt, Tom Skerritt o Sigourney Weaver o Jerry Goldsmith brillando.

“Blade runner” no se parece a nada y todos quieren parecerse a ella. Sólo esta película ha podido unir a Philip K. Dick, Douglas Trumbull, Harrison Ford, Vangelis y por supuesto a Scott. Y a los replicantes, que somos nosotros.

Nicholas Cage y Alison Lohmanen en “Los Impostores”, de Ridley Scott.
Nicholas Cage y Alison Lohmanen en “Los Impostores”, de Ridley Scott.

Es esta la gran caja del cine con la que queremos vivir más, escapar de la muerte. Cuando estoy en el abatimiento este trabajo mecánico me salva por un rato. ¡Maldita depresión! Frente a ella los afectos. Los que veíamos en “Thelma y Louise” y que se aparecen de nuevo en “Los impostores”. Alguno pensará, al ver la película, que se trata de una película de estafadores. Para mí no lo es. Es una película sobre el afecto entre un padre y su hija.

Recomiendo esta película al lector. Yo creo haber aprendido algo con ella, algo sobre lo que somos, sobre nuestras avaricias y egoísmos. El dinero es el gran disolvente de todas las cualidades, escribió Baroja.

Mi memoria es frágil. ¿Dónde quedaron otras películas de Scott? En el limbo de la desmemoria. Busco títulos de otras películas en la red y aparece “Legend”, sobre unicornios mágicos. Es fantasía, es cuento, y se desvanece en un momento.

Y de repente un proyecto extraño con participación española para celebrar el quinto centenario del descubrimiento de América. Yo tenía veinte años y solo (como la mayoría de veces que iba al cine), fui a ver “1492”. No creo que todavía fuera muy consciente de quién era Scott. O quizá sí. Salí del cine, del sueño de esos quinientos años pensando que Gerard Depardieu debía ser el mejor actor del mundo y Vangelis el mejor compositor del mundo. Pero aquellos quinientos años también desaparecieron como desapareceremos tú y yo, lector adelantado.

Seguimos embarcados en la “Tormenta blanca” y nunca le dí una oportunidad para ver “G.I Jane”. De nuevo desaparecí y me desperté en otra butaca para ver “Gladiator”. La historia romana no me dijo gran cosa aunque reconocía presencias como las de Crowe, Phoenix y Oliver Reed. Años después he vuelto a ver la película y pienso que estuve bastante cegato, que la película es el calvario de un hombre que pierde a los suyos. No hay mucho más. Es así de simple.

“El reino de los cielos”, protagonizada por Liam Neeson y Orlando Bloom.
“El reino de los cielos”, protagonizada por Liam Neeson y Orlando Bloom.

Salí enfadado de la penosa “Hannibal” a pesar de la presencia de Anthony Hopkins. Y vi abrumado “Black Hawk derribado”. Era posible filmar con ese nervio, con esa electricidad. Lamentablemente he olvidado la película. Me sucede lo mismo con “Un buen año”, una película para respirar aire puro. Tengo la película guardada en una caja de vino para reunirme con Scott, Marion Cotillard, Abbie Cornish, Russell Crowe y especialmente con Albert Finney.

Olvidé “Red de mentiras” con DiCaprio. ¿De qué trataría aquella historia? “Prometheus”, “The counselor” o “Exodus” parecían no ir a ninguna parte. Quizá debería verlas. No creo tener tiempo.

El arquero, maltrecho, aún acertó con “The martian”. El cineasta que filmó “Alien” y “Blade runner” se susurraba al oído. Él no era ningún mediocre y si no era en el futuro capaz de rodar una película grandiosa, le daría una oportunidad a una actriz o actor, a un técnico, a un compositor…

Como decía, el joven y el anciano Ridley Scott desaparecerán y yo también desapareceré. Por un tiempo posiblemente exista su cine y Scott Free me espere. Aunque él sea un gruñón somos amigos, buenos amigos.

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