La presentación de Jaime Martín como principal director invitado de la Orquesta de Castilla y León fue una buena ocasión para cerrar esta XXII edición de los ‘Conciertos de las Velas’ en Pedraza.
Estuvo este director con ganas de agradar, tanto por su alegría como por los comentarios que hizo sobre la partitura de Rimsky, aparte de su musicalidad, que supo contagiar a la orquesta.
La plaza de Pedraza, por su magia en las noches, se presta para evocar la peripecia de la Princesa Sherezade en la partitura de la suite sinfónica del mismo nombre escrita por Rimsky-Korsakov. Así lo hizo saber Jaime Martín a la Fundación y la colaboración de ambos con nuestra Orquesta de Castilla y León hizo que se recrease esa historia donde la cuentacuentos o narradora oral se erige como protagonista de la historia, salvando su vida y conquistando el corazón del Sultán Shariar de Samarkanda. La magia de la noche de la plaza de Pedraza se unió con la música de Rimsky y nos dieron un retrato perfecto de las peripecias de Scherezade.
Pero el concierto también quería celebrar el segundo centenario de los nacimientos de Verdi y Wagner con la inclusión de dos oberturas, la forza del destino y los Maestros Cantores de Nuremberg, ésta última ejemplo de inspiración y de optimismo, en ambas oberturas la orquesta lució un buen sonido.
El concierto de trompeta de Hummel es de esos conciertos a los que vale la pena asomarse de vez en cuando, porque siempre se encuentran detalles y temas entre tanto virtuosismo del instrumento. el solista fue el valenciano Roberto Bodí, que lo es de la misma orquesta y un gran músico, cosa que demostró.
El concierto de Hummel se enmarca entre los dos de sus maestros, los de Haydn y el de Mozart, participando del estilo galante, pero con un mayor conocimiento de las posibilidades del instrumento.
Pero donde brilló la orquesta fue en esa puesta en escena de Las Mil y una Noches en la plaza de Pedraza. En primer lugar, el director tomó la palabra para explicar la historia de Scherezade y alguno de los temas, como el inicial de los metales y cuerdas, que representan la cruel imagen del Sultán y el tema en las cuerdas de la concertino, que representa a la protagonista.
Muy bien llevada la orquesta por el director con dedicación a los numerosos detalles, como los envolventes acordes del arpa que le dan un aire muy marinero al viaje del barco de Simbad.
El movimiento final, donde se relata una fiesta con mucho color, bailarinas y lujo oriental fue muy bien interpretado por la orquesta. Finaliza con el tema inicial del sultán pero de una manera suave y dulce, pues ya ha sucumbido a los encantos de Sherezade y está totalmente enamorado. Acabando su vida de maltratador de princesas, es el triunfo del amor que llegó por la narración de las historias de la princesa Sherezade.
Después, y como propina, nos dejaron una alegre danza húngara de Brahms. la magia de las velas de pedraza se unió a la de Sherezade.
