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“Las crisis vividas en los últimos años han puesto en entredicho la globalización”

por TERESA SANZ
10 de marzo de 2023
en Segovia
Josep Piqué (D), junto al director general adjunto de Caja Viva Caja Rural de Segovia, José María Chaparro (C).

Josep Piqué (D), junto al director general adjunto de Caja Viva Caja Rural de Segovia, José María Chaparro (C).

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Lleva más de un decenio prodigándose más entre libros que entre políticos. Autor de varios títulos de referencia en el mundo económico, sigue siendo un hombre de estado y economista de pensamiento reposado, profundo. Buen conocedor del contexto internacional cambiante. Experto en Derecho y Finanzas, este economista y ex ministro de varias carteras (Energía e Industria, Asuntos Exteriores, Ciencia y Tecnología) entre 1996 y 2003, es, además, un empresario de mentalidad estratega y conocimiento multisectorial que, como alto directivo ha estado involucrado en la gestión de grandes empresas; desde AIRBUS, Vueling, Woskwagen a consultoras internacionales de relevante prestigio.

—Como economista, está acostumbrado a realizar exhaustivos análisis de coyuntura económica. ¿Es esta una coyuntura especialmente complicada, tras la pandemia, la recesión internacional , las crisis financiera y de deuda anteriores, o no dista especialmente de otros momentos de crisis económica? ¿Qué particularidades tiene el momento actual y qué de común hay con otros momentos de dificultad?
—Siempre decimos, y así es, que cada momento tiene sus contextos concretos y escribe la historia de forma diferente. Es evidente que las crisis financiera, del 2008, y la crisis de deuda, del 2011, fueron especialmente severas. Ninguna crisis es igual que otras anteriores y, por ello, las respuestas no pueden ser las mismas. Pero, las primeras fueron crisis de crédito y de deuda soberana, que no se vivían con tanta intensidad desde el crack de 1929. Pero como han tenido también un componente cíclico y, por lo tanto, con características comunes a crisis anteriores, guardan una relación en la historia de las crisis y sus denominadores comunes. Lo mismo cabe decir de la pandemia o de la guerra en Ucrania. Son crisis de oferta (como las del petróleo de los años 70), que han provocado desajustes entre una oferta rígida y una demanda más elástica, alimentada, además, por políticas fiscales y monetarias muy expansivas. Pero sí que hay una novedad, en mi opinión realmente destacable: han puesto en cuestión la globalización, tal como la hemos conocido en las últimas décadas; de ahí que estemos obligados a replantearnos las cuestiones de la globalización.

—¿Cómo define la situación económica actual?
—La situación actual se caracteriza por un retorno de la inflación, primero por restricciones de oferta y, luego, por traslado a una inflación de demanda, financiada por años de política monetaria extraordinariamente laxa. De alguna manera, volvemos a la “normalidad” entrecomillada: los tipos de interés y la masa monetaria están volviendo a la ortodoxia y eso repercute sobre el crecimiento y el mercado de trabajo. Los Bancos Centrales están haciendo lo que hay que hacer (quizás un poco tarde) y ahora hay que complementarlo con una política fiscal más sensible a la necesidad de recuperar los equilibrios básicos, aunque sin abandonar a los colectivos más vulnerables. Si le añadimos las reformas estructurales orientadas a recuperar la productividad y la competitividad, la complejidad de la situación es realmente muy alta.

—Hablemos de las perspectivas de futuro que tienen las pymes. ¿Cuáles son las claves de crecimiento y fortalecimiento de las empresas de pequeño y mediano tamaño en España?
—La primera premisa es crear un entorno laboral, fiscal y financiero, favorables a su desarrollo y expansión. La dimensión de nuestras pymes es muy baja, sobre todo si la comparamos con los países de nuestro entorno. Por ello, es necesaria una modificación significativa de la normativa existente que, muchas veces, entorpece esa capacidad de crecimiento. Para competir, hace falta escala y que se facilite su actividad y su crecimiento. Una normativa compleja extensa, que dificulta la creación de pequeñas empresas no favorece precisamente el hecho de que ganen peso y tamaño.

—¿Cuál es desde su punto de vista el peso específico que ocupa en estos momentos la economía española en el contexto internacional?
—Seguimos estando entre los doce países más importantes del mundo, aunque por la competencia creciente, sobre todo, de los países asiáticos, vamos perdiendo posición relativa. Y algunos indicadores, como la capacidad de innovación, el clima favorable a los negocios, la estabilidad y la previsibilidad jurídica, o un mercado de trabajo ineficiente, lastran nuestra capacidad para mantenernos en esas posiciones actuales. Hay también aspectos muy positivos como la evolución de las exportaciones (que hablan muy bien de la competitividad de muchas de nuestras empresas) o la recuperación del Turismo y la Hostelería, a pesar de la inflación. Es cierto también que, en estos momentos, el tipo de cambio con el dólar está ayudando y, en mi opinión, así será durante bastante tiempo.

— Su conocimiento del mundo exterior es evidente; no solo porque ocupara la cartera de Exteriores sino por las reflexiones vertidas en algunos de sus títulos. ‘Europa ante los desafíos del Siglo XXI’ es uno de ellos. ¿Cuáles son los principales desafíos a los que se enfrenta la vieja Europa de la que formamos parte?

—El principal desafío es profundizar en el proyecto político de integración, más allá de una integración económica muy exitosa. Hay que convertirse en un sujeto geopolítico relevante en el nuevo escenario global y ser percibidos como tal. Ello implica ir mucho más allá en una auténtica política exterior común, de seguridad y de defensa, limitando la regla de unanimidad, aumentando no sólo los presupuestos de defensa sino coordinarlos adecuadamente (hoy no es así) y ampliando el concepto de seguridad a la seguridad energética. Hemos comprobado las debilidades y la vulnerabilidad de las políticas energéticas nacionales seguidas hasta la invasión de Ucrania por parte de Rusia. En las cadenas de valor habría que primar no sólo la eficiencia económica sino la seguridad en los suministros, tanto de materias primas básicas, como en componentes intermedios vitales para las nuevas tecnologías y la lucha contra el cambio climático. Asimismo, en ese concepto amplio de seguridad, hay que incluir la necesidad perentoria de una política migratoria y de asilo realmente común. Sería imprescindible y es algo que, lamentablemente y como vemos todos los días, hoy no sucede. Además, hay que hacer un esfuerzo mayúsculo para no perder el tren de la digitalización frente a Estados Unidos o China. Hoy somos una gran potencia regulatoria, pero carecemos de base industrial y de innovación suficiente para competir, lo que lastra el papel de la vieja Europa frente a los gigantes tecnológicos.

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Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

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