La menopausia no es una enfermedad. Es un proceso evolutivo que lleva aparejados cambios no solo hormonales sino sociales, muy parecido a la adolescencia, que la mujer afronta también con rebeldía, pero con el plus de toda una experiencia vital.
Esta es la visión que ofrece la ginecóloga y sexóloga Francisca Molero, vicepresidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FEES), para quien la menopausia puede ser una de las mejores épocas de la vida de las féminas porque éstas dejan detrás muchas responsabilidades.
«Es una etapa de reflexión interna, de reajuste del modelo. Es un momento en el que los hijos ya son mayores, en el que la mujer es más capaz de decir no que otras veces y, sobre todo, tiene la capacidad de rebeldía de la adolescencia», afirma.
Pero en lo que todos los expertos coinciden es en que hay que «desdramatizar» y «desmitificar» este proceso, que no tiene por que comportar una merma en la calidad de vida del sexo femenino.
La edad media en la que las españolas tienen la menopausia se sitúa en torno a los 50 años. Si ocurre antes de los 40 se considera precoz; entre los 40 y 45, temprana; y después de los 50, tardía.
Para la doctora Molero, hay que distinguir entre menopausia, que es «un día en la vida de la mujer, el de la última regla», y climaterio, que supone todos esos cambios que se producen y que puede durar entre 10 y 15 años.
«Estas modificaciones cada vez se entiende más como una crisis evolutiva, pero un trance en el sentido de renovación. Es cuando la mujer tiene más claro quién es y sabe lo que le gusta y lo que no le gusta», señala la ginecóloga.
Por ello, acabar con lo peyorativo que rodea a la menopausia es uno de los objetivos de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM).
