Dani Arribas celebró lanzándose al suelo la mano del Algeciras. El paseíllo a los once metros lo hizo Calleja, demasiado tiempo en solitario frente al balón, mentalizándose de la importancia del momento. Materializó la pena máxima con la frialdad de la seguridad y el Algeciras, tan imperturbable en lo físico, se resquebrajó en lo anímico. Es la ansiedad de un equipo que tiene el ascenso como única exigencia, y sus jugadores lo exteriorizaron en exceso. Perdieron la calma, también el sitio, y Arribas volvió al suelo, esta vez para lamentar un mano a mano pintiparado en un despeje al bulto de Álex. La Segoviana tenía la eliminatoria al borde del abismo, pero, en un suspiro, sintió cómo ese huracán anímico que había hecho tambalearse al rival, había llegado a su red y amenazaba su apogeo.
El hecho de tener a un hueso tan exigente a las puertas de la locura es un mérito destacable de la Segoviana, que ahora ve cambiado su guión. Los de Sedano pueden esgrimir su gestión de marcadores favorables como una materia sobresaliente, así lo han hecho durante el play off. Hasta el gol de Máiquez, los azulgranas no habían estado por detrás en ninguna eliminatoria. El gol les llevó a remar y, bien por el impacto anímico o porque lo visto en el campo llevó al técnico a no asumir riesgos que no vio urgentes, flaquearon ante un marcador que sonreía al rival.
Con la charanga amenizando los prolegómenos del choque y el tiempo de descanso, la grada superó máximos. El choque vivió en el alambre permanente, con Anel forzado a hacer valer su uniforme de vigilante. No duda el puntal gimnástico en sortear la presión, argumento innegociable del Algeciras, con un magnífico cambio de orientación hacia Alfonso. En labores defensivas, cortó con todas las consecuencias un contragolpe de amarilla segura, un comodín que habría preferido gastar después. Vivió más de una hora con un margen de error mínimo, pero sabe disimular cualquier molestia.
Quique y Arribas pusieron cualquier ápice muscular sobre el césped, pero fallaron en la toma de decisiones. El primero se lamentaba de rodillas en el punto de penalti cuando su compañero había tirado a puerta, quizás demasiado tarde y con poco ángulo Ya en la segunda parte, Quique volvió al raso para cortar una acción que olía a contra, instantes después de enredarse en el regate dentro del área algecireña. También mostró intensidad Calleja, muy voluntarioso desde el arranque en el costado izquierdo, siempre peligroso en los envíos en profundidad, aunque la defensa de antiaéreos andaluza, más alta que ancha, no permitió tráfico.
Buscó reactivar el partido Sedano, tan activo en la banda como su homónimo, ‘Mere’. Le dio tantas indicaciones a Dani Lázaro que el delantero necesitó apuntes, aunque al ver cómo su cambio se posponía varios minutos tuvo tiempo para reflexionar las directrices. La grada, vestida de gala, aplaudió el esfuerzo de Arribas al dejar el campo tanto como la ilusión de Ivi al recoger el testigo. Su sprint desde el córner al banquillo lo habría firmado un velocista. En su último compromiso como anfitriona, la Segoviana tiene razones para tutear a un rival que parecía campar en otra galaxia.
