A la vallisoletana María Isabel del Val se le escapa una sonrisa cuando le preguntan qué le hizo especializarse en el estudio del siglo XV castellano y en la historia de las mujeres en la Castilla medieval. Autora de publicaciones como ‘Isabel la Católica y su época’ (Universidad de Granada, 2005) y coautora junto a Julio Valdeón del libro ‘Isabel la Católica, reina de Castilla’ (Ámbito, 2004), ha centrado parte de su labor investigadora en la carismática monarca, un personaje clave de la Historia.
¿Qué le atrae de ese periodo histórico y de la reina Isabel?
La Edad Media es un periodo especialmente atractivo por lo que significa en la construcción de la sociedad del Occidente Europeo, y de alguna manera de las raíces de Europa. El siglo XV fue un momento de cambio en todos los sentidos; se está saliendo de una crisis y resulta especialmente interesante analizar y estudiar esa sociedad en evolución. Respecto la reina Isabel, yo empecé estudiando el problema sucesorio y cómo pasó de infanta a reina, algo que era posible. En la Corona de Castilla una mujer podía ejercer el poder, aunque otra cosa era que las circunstancias se lo permitieran, y en ese sentido Isabel es la reina por excelencia.
¿Su coronación ayudó a dar mayor protagonismo a las mujeres de aquella Castilla?
Sí, ya que era una mujer quien llevaba las riendas del poder, pero las mujeres en la Edad Media tenían un ámbito de actuación y de libertad mucho mayor del que se imagina ahora. El de Isabel es un caso particular por cuanto significaba de organización política y de final de un proyecto, de un trayecto de construcción política en la Corona de Castilla que empezó con el primer Trastámara, y se perfiló con claridad en la primera mitad del siglo XV, durante el reinado de Juan II. Ella es quien culminará con una gran inteligencia ese proyecto político, que va a dar pie a una organización de la monarquía que luego se ha denominado estado moderno.
¿Qué le parece la eclosión que se vive en torno a su figura, y el interés popular que ha despertado la serie de televisión?
Siempre es bueno que la sociedad se interese por su pasado e intente conocer lo que sucedió en otras épocas. Una forma de hacerlo es a través de los personajes individuales significativos, e Isabel I de Castilla sin ninguna duda lo es. Para acercarse a ella es fundamental hacerlo con rigor histórico, lo cual no quiere decir hacerlo de forma pesada, áspera ni demasiado exhaustiva, es preciso hacerla amena y atractiva para atraer al público. Estos momentos brindan a los historiadores la oportunidad de hablar y mostrar a la sociedad nuestro trabajo.
¿Cómo ayudan o perjudican a los investigadores las adaptaciones al cine o televisión?
Nos pueden ayudar siempre y cuando la sociedad esté dispuesta a escuchar nuestra opinión y nos permita mostrar los resultados de la investigación ante un público más extenso, no a través de las novelas, el cine o la televisión, que tienen a sus propios profesionales. Es una oportunidad para dar a conocer mejor nuestra historia.
Alrededor de Isabel se han generado leyendas negras. ¿Ha sido tratada injustamente?
Bueno, yo creo que ha sido un personaje muy manipulado políticamente, uno de los más manipulados me atrevería a decir, y eso conduce a extremos. Eso es algo que está fuera de lo que es la historia. Mi opinión es que gran parte de esa leyenda negra viene de esa manipulación.
¿Cómo cambió el reino de Castilla con las inquietudes culturales de la reina?
La Corte en Castilla durante el siglo XV vivió un periodo riquísimo desde el punto de vista cultural. El padre de Isabel, Juan II, tenía una importante corte literaria, musical y cultural, formada por una gran biblioteca, artistas, pintores y músicos. En la Corte de Enrique IV también hay gusto por la cultura y ella le da continuidad, abriéndola más hacia el exterior e introduciendo nuevas influencias. Ella era una mujer culta.
La Junta presentó en Intur ‘La ruta de Isabel’, un recorrido por los escenarios donde la reina vivió momentos importantes. ¿Le parece buena iniciativa para reivindicar el patrimonio histórico?
Claro. Todo lo que sea mostrar y reivindicar nuestra historia es positivo. Obviamente, son patrimonio el castillo de Arévalo y las murallas de Ávila, pero también contamos con un patrimonio documental y museístico muy importante. En los archivos, tanto en el General de Simancas como en otros locales, hay documentos muy valiosos que nos permiten comprender épocas pasadas y la evolución de la sociedad.
¿Qué espacios fueron fundamentales en su vida?
Para mí es fundamental la Cartuja de Miraflores, en Burgos, que su padre comenzó a construir y ella culminó. Isabel mandó a Gil de Siloé construir unas tumbas para sus padres Juan II de Castilla e Isabel de Portugal, y para su hermano Alfonso, que son hermosísimas, y con las que expresa un programa político que buscaba ensalzar su propia dinastía, su propia casa y su propia familia.
Dejó su impronta en muchos lugares de la Comunidad.
En Madrigal de las Altas Torres (Ávila) se conserva el antiguo palacio donde nació. En Arévalo vivió en el entorno de la plaza, pero ya no existen los palacios. En Segovia es donde se proclamó reina, pero aquel espacio ha cambiado mucho. Luego, en El Tiemblo tiene lugar el Pacto de los Toros de Guisando, que se hizo en una venta que ya no existe. La Corte de Isabel era itinerante, no tenía lugar fijo, y ella viajaba constantemente por todo el reino.
Valladolid, Palencia, Burgos y Zamora también fueron testigos privilegiados de su reinado.
Durante la Guerra de Sucesión Castellana, Isabel se trasladó entre otros lugares a Tordesillas y en esos años también se desplazó ocasionalmente a Toro. En Valladolid se casaron los Reyes Católicos, en el Palacio de los Vivero. Por otra parte, por Burgos pasó en varias ocasiones y en Dueñas tuvo su primer parto en 1470.