En la prórroga, casi por penaltis, pero se ganó. Así se podría calificar el histórico triunfo de ayer de Mariano Rajoy y su nuevo amigo, el italiano Mario Monti. Y es que el presidente del Gobierno logró ayer, tras 13 horas de negociaciones con sus socios -que terminaron a las cinco de la madrugada y tuvieron momentos de tensión-, la recapitalización directa de la banca española a cargo del fondo de rescate de la UE. Ello significa que la ayuda, de hasta 100.000 millones de euros, no computará como deuda, aunque los dirigentes comunitarios avisaron de que estará sujeta a «condiciones estrictas».
Además, éstos aceptaron flexibilizar las reglas del fondo de rescate a la hora de intervenir en el mercado para aliviar la presión sobre la deuda. A partir de ahora, si el Estado miembro que pide esta actuación cumple ya las recomendaciones de Bruselas, no deberá someterse a un plan de ajuste adicional ni recibirá a la troika. Tanto Italia, la promotora de estos cambios, como España, aseguraron que no piensan pedir de momento la activación de este nuevo instrumento.
Y como si hubiese descubierto petróleo el líder conservador, las Bolsas, algo reticentes al mediodía, descorcharon las botellas del champán del Ibex y se dispararon a niveles impensables hace menos de dos años. Hasta un 5,66 por ciento para una fiesta que el Ejecutivo, muy desgastado desde que empezó a aplicar tijeretazos, se merecía con toda justicia. Incluso la prima de riesgo, que parecía hacer oídos sordos a lo que se cocía en el parqué, tuvo que rendirse a la evidencia y capitular, aunque fuese por un día: 477 puntos y, si todo va bien y no se hacen declaraciones temerarias, puede que siga bajando el lunes.
«Éste es el camino correcto. El euro es el gran triunfador de este Consejo Europeo», aseguró horas antes de esta buena noticia un más que cansado jefe del Ejecutivo, tras argumentar que sus colegas dejaron claro su «compromiso rotundo» con la «irreversibilidad» de la moneda única. «El proyecto de la UE es hoy más fuerte y más creíble que ayer», insistió.
Lo cierto es que este triunfo no solo ha alegrado a las Bolsas, sino también a políticos que, como el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, o el propio presidente galo, François Hollande, entienden que no pueden dejar que se hundan españoles y transalpinos. «Son decisiones impensables hace solo unos meses», subrayó muy contento el luso.
Y es que, durante el Consejo Europeo, se ha puesto en escena el cambio de alianzas que ha supuesto la llegada al Elíseo del socialista, que respaldó a España y a Italia en su pulso a la canciller alemana, Angela Merkel, para que aceptara medidas a corto plazo con el fin de estabilizar el mercado de deuda.
De hecho, Monti, secundado por Rajoy, bloqueó unas horas la aprobación de las conclusiones de la cumbre para forzar el acuerdo sobre las medidas a corto plazo, que Berlín no veía prioritarias. Ahí estuvo la clave del triunfo, y eso que tuvieron que hacer frente al que se ha revelado como un acólito de Merkel: Van Rompuy, que apareció ante la prensa a las 22,30 horas del pasado jueves con instrucciones de la alemana de que anunciara un acuerdo sobre el pacto de crecimiento. Entonces Hollande le pidió que «dijera la verdad», por lo que el belga acabó admitiendo ante los periodistas que dos países insistían en un acuerdo ya sobre medidas inmediatas.
Finalmente, Merkel autorizó una flexibilización de las reglas del fondo de rescate, pero dejó claro que se mantiene la «condicionalidad y control» para garantizar que no habrá «ninguna prestación sin contraprestación». Siguiendo la voz de su amo, Van Rompuy amenazó: «Esto no es gratis». Y así es, desgraciadamente, porque en los próximos días se espera que Rajoy siga con sus «medidas difíciles», como subir el IVA y congelar el sueldo a los funcionarios. Pero ahora es momento de festejar la victoria, como han hecho PSOE y UGT.
