La directora teatral y responsable del proyecto Nao D’Amores, Ana Zamora, se enfrentó a la revisión del mito de Carmen hace un año, en una propuesta del Teatro de la Zazuela de Madrid. Doce meses después la puesta en escena de esta zarzuela en cuatro actos, a partir de la ópera de Ludovic Halévy y Henri Meilhac, con música de Georges Bizet y basada en la novela homónima de Prosper Mérimée en 1885, lleva el sello personal de Zamora. La obra permanecerá en cartel hasta el 31 de octubre, con diez nuevos pases (no diarios) y se prolonga con una exposición y un ciclo de cine.
Ana Zamora Tardío se estrenó como directora de escena de una obra lírica el viernes pasado en el Teatro de la Zarzuela. Y lo hizo nada más y nada menos que con el reestreno de ‘Carmen’, el mito de la cigarrera sevillana, que muere asesinada por su amante. Un proyecto en el que lleva trabajando más de un año, sin descuidar a Nao D’Amores, la compañía especializada en teatro prebarroco, afincada en Segovia y dirigida por esta joven.
¿Cuáles son las sensaciones después del estreno?
Lo cierto es que estoy muy contenta con el resultado, aunque, como suele suceder en un ámbito tan conservador como el de la lírica, ha resultado un poco polémico. Pero esto es estupendo, es señal de que estamos vivos. Además, estoy muy satisfecha con el trabajo y el compromiso de un equipo enorme que lo está sustentando y defendiendo en comunión absoluta con lo que se cuenta.
Entonces, ¿considera que la puesta en escena es tan arriesgada como para ser polémica?
Desde la perspectiva teatral no lo es en absoluto, mi trabajo no se caracteriza precisamente por sustentarse en la provocación y la transgresión. Quizá en un ámbito como este la cuestión ideológica de fondo no resulta sencilla. Para algunos, el hecho de aceptar que a día de hoy Carmen es (y no puede ser de otra manera) un drama de género resulta difícil de asimilar.
Por otro lado, está la construcción dramática. En este sentido, cualquier elemento simbólico que se salga del mundo de los faralaes, parece una cosa modernísima, cuando lo cierto es que la propuesta nada tiene que ver con una innovación desbordante.
¿Qué elementos aporta como directora de escena y que sí son novedad?
Sobre todo, la cuestión del compromiso con la idea sobre la que se sustenta este espectáculo. En parte, se trata de entender que Carmen es una historia contada desde una perspectiva masculina (y absolutamente patriarcal), desde el mismo nacimiento del mito. La novela de Merimée se inicia con un epigrama de Páladas de Alejandría que, traducido del griego quiere decir, “toda mujer es hiel pero tiene dos momentos buenos, uno en el tálamo, y el otro al morir”.
Ese fue el punto de partida, pero además, a mí me interesaba mucho contar esa transformación hasta el momento actual y el problema de género que subyace a todo eso. Me refiero al hecho de que al final Carmen muere para poder mantener el orden establecido.
Un viaje en el tiempo que se refleja en la escena.
El espectador asiste a una transformación de líneas en el vestuario y la escena tomando como referencia momentos importantes en la historia de la reivindicación de la mujer de su propia libertad. Estos saltos cronológicos se introducen en los entreactos con la proyección de frases de figuras femeninas, al tiempo que el vestuario se va despojando de elementos, que indican esta evolución temporal.
En el primer acto, se parte con una frase de Mariana Pineda y la historia sitúa a Carmen en 1820, un momento en que ella misma reivindica su libertad individual. El segundo acto nos lleva a 1910, en pleno Modernismo y época en la que se viven las primeras reivindicaciones del compromiso social de las mujeres. Utilizamos entonces una frase de Emilia Pardo Bazán.
Y así hasta el siglo XXI…
El tercer acto, transforma la guarida de contrabandistas sevillana en un espacio de los años 30, con una reivindicación más política de la mujer en torno a la figura de Clara Campoamor. El cuarto acto, supone un avance hacia los años 60 europeos (los 70 españoles), que es la revolución de las costumbres.
Y el final, el momento del asesinato de Carmen, de alguna manera abre la conexión con la contemporaneidad.
No cabe duda de que no es una zarzuela clásica…
En este sentido, hemos huido del costumbrismo, del mundo del flamenco, de la España más castiza y eso es lo que ha levantado pasiones y críticas. Estamos teniendo llamadas de gente emocionada con el espectáculo y el cabreo de otros espectadores, que iba a ver “su” cuerpo de baile flamenco y no es lo que se han encontrado. Es lógico, aunque en mi opinión, hace un costumbrismo puro a día de hoy no tiene mucho sentido.
La directora de Orquesta, Yi Chen Lin, es una joven taiwanesa de 28 años y este es su primer proyecto en España. ¿Cómo ha sido trabajar con ella?
Es una mujer jovencísima, pero tiene una formación espectacular, así que trabajar con ella ha sido muy fácil. Compartimos una perspectiva generacional en cuanto a ideas y al hecho de enfrentarse a un trabajo de este tipo tras habernos planteado el por qué hacer ópera en este momento.
Además, hemos trabajado juntas desde el primer día en la sala de ensayos, con lo que música y acción dramática van unidas absolutamente y eso se nota en el espectáculo
La zarzuela se completa con una exposición en el Museo Thyssen-Bornemisza ¿qué le parece?
Creo que es estupendo porque completa muy bien el proyecto. Nosotros hemos creado una estética no convencional y la exposición aborda ese matiz histórico que permite no perder la perspectiva original.
Estará deseando retomar el trabajo con Nao D’Amores.
Lo cierto es que sí, en cuanto pase el lío de los primeros días estoy deseando poder reubicarme. Ha sido un mes y medio en el que no he podido estar tan cerca de la Nao como me gustaría, aunque la nave sigue navegando.
En cuanto aterrice de nuevo en Segovia seguiremos con la coproducción con la Compañía de Teatro Clásico y con la gira con Penal de Ocaña, con la que nos vamos a París en noviembre y que está funcionando extraordinariamente bien. Es un lujo poder trabajar con un elenco de más de cien personas en escena, pero tengo ganas de volver a la intimidad de nuestro centro de trabajo en Segovia y descansar.
¿Algún proyecto en ciernes?
Hay uno del que no puedo desvelar muchos detalles aún, pero sí que está dentro del ámbito de investigación habitual de Nao D’Amores, en el prebarroco y no cuento nada más… que luego estos proyectos se gafan (ríe). Seguimos trabajando y esperamos presentarlo lo antes posible.
