De momento, tan solo es una amenaza, pero pocos dudan de que el ataque de Estados Unidos sobre Siria acabará convirtiéndose en realidad antes o después. Y el conflicto en Oriente Próximo, según los expertos, repercutirá no solo en la población local sino en los bolsillos de casi cualquier ciudadano del mundo, porque afectará a una de las bases de la vida diaria: el petróleo.
Siria no es un destacado productor de crudo (apenas alcanza el 0,5% de la oferta mundial), pero tiene capacidad para desestabilizar a sus vecinos, como demuestra la retirada de los mercados de barriles desde el ataque con armas químicas contra la población del país y el anuncio de EEUU de su determinación para actuar.
Así, tanto el barril Brent como el West Texas, los dos que marcan los índices de los mercados, se han apuntado fuertes subidas en los últimos días a medida que escalaba la tensión contra el régimen de Bachar al Asad. Los analistas calculan que los precios se elevarán hasta los 120 o 125 dólares en el momento en el que se inicie el primer ataque aliado. Sin embargo, otras opiniones más pesimistas aumentan la subida hasta los casi 150 dólares, lo que marcaría un récord histórico, si la violencia continúa durante un tiempo o si el conflicto se extiende a los países cercanos.
Además, a los problemas que pueda acarrear el enfrentamiento bélico en el país árabe se sumarían a otros que se arrastran de meses atrás y que se han dejado notar también en la tendencia alcista de los precios, como la inestabilidad en Egipto. También la dificultad que padece últimamente Libia para garantizar el suministro de su crudo, debido a los ataques terroristas, está repercutiendo negativamente en el valor del crudo.
No obstante, algunos analistas más optimistas, como los de Deutsche Bank, esperan que la posible escalada de precios quede parcialmente contenida por el aumento de la producción en países como Arabia Saudí o Nigeria.
En cuanto al efecto en la Bolsa de una posible intervención militar estadounidense sobre Siria, solo hay que recordar que, en las 12 ocasiones en el que el país ha realizado este tipo de operaciones desde el final de la Guerra Fría, la tendencia ha sido de fuertes caídas en los mercados y posteriores recuperaciones en el plazo de un mes.
Otros de los riesgos son un peor rendimiento de las economías de los países emergentes, la posible necesidad de recurrir a herramientas monetarias adicionales ante nuevas bajadas del precio del dinero, el encarecimiento de la energía o las subidas de los tipos hipotecarios en Estados Unidos.
