Los clientes pasan de largo. Como en la mayor parte de los negocios desde que comenzó la crisis, los habituales consumidores que acuden a los tradicionales mercadillos en Castilla y León no se detienen a comprar igual que antes. Estos peculiares comercios de calle, con tanta raigambre, no son ajenos a la situación económica y sufren también unas consecuencias que les lleva en muchas ocasiones a registrar pérdidas.
Una vez consultados a un centenar de comerciantes de estos puestos de las nueve provincias, todos coinciden en que las ventas han caído notablemente, entre un 40 y un 75 por ciento. En las plazas de la región en las que aún sobreviven estos establecimientos al aire libre hay un denominador común: el número de licencias se mantiene respecto a años precedentes, e incluso aumentan, si bien las ventas han disminuido, ya que aunque la asistencia es similar, mucha gente pasa de largo por los mismos puestos en los que antes adquiría ropa, calzado o menaje y solo para si de verdad está convencida.
Ello repercute en la rentabilidad de estos pequeños comerciantes, quienes advierten de que esta caída de las ventas, sumada al aumento de los costes, principalmente vinculado al incremento del precio del combustible, supone pensar en no continuar en muchas ocasiones con el negocio.
Al menos, en su beneficio está que las tasas por puesto se han mantenido prácticamente intactas en los últimos años en las capitales y localidades con tradición de mercadillo por parte de los ayuntamientos, si bien son muy dispares en función de la localización. Por ejemplo, en Ávila y Arévalo, donde están ocupados todos los puestos, pagan entre 172 y 302 euros cada seis meses, mientras que la más cara es Zamora, donde un puesto de menos de 15 metros cuadrados en una calle céntrica abona un mínimo de 183 euros anuales, cantidad que sube a 537 euros para superficies entre 15 y 100 metros y que alcanza los 1.839 euros para superficies mayores, situación excepcional para ocasiones puntuales.
Otro aspecto que se repite en todas las provincias es que la afluencia al mercadillo «no ha variado demasiado», tal y como destacan desde los mercadillos de Ávila, «pero más que con la intención de comprar, con el mero objetivo de dar un paseo y echar un vistazo». «Y si se animan a probarse algo, el regateo suele ser más insistente que en tiempos pasados», comentan.
La crisis económica ha provocado que muchos de los comerciantes, sobre todo de ropa y calzado, que tradicionalmente venden sus productos en el mercadillo de los jueves de la capital soriana, se replanteen la idoneidad de seguir adelante con sus negocios. Ángel Jiménez acude a Soria y Almazán desde Borja (Zaragoza) con textil y artículos de cuero. Asegura que su negocio se ha resentido «como nunca» por el aumento del paro y añade que actualmente se enfoca al arreglo de ropa y no tanto a la venta. «No vendemos artículos de cuero porque la gente estira muchas temporadas la ropa», subraya.
Verónica regenta un puesto en el mercadillo de Valladolid y coincide en que la mayoría de la gente va a dar una vuelta pero no compra. Sus ventas, asegura, se han desplomado en un 70 por ciento. «Antes tenías para pagar el puesto, la mercancía e incluso comprar un piso. Ahora, casi ni para comer», concluye.
