Durante estos días en que se han detenido las lluvias otoñales se recogen la cosecha de girasol en gran parte de la provincia, donde este cultivo industrial se ha consolidado como alternativa al cereal.
Sin embargo, los atractivos precios logrados por el trigo y el cereal, hicieron que la superficie dedicada a girasol se haya reducido ligeramente. Aún así, este año se han cultivado de pipas 26.254 hectáreas, según datos de la Consejería de Agricultura, frente a las casi 30.000 del año 2012.
Los rendimientos se mantienen estables en los campos segovianos, aunque con muchas diferencias de unas parcelas a otras. Cultivadores profesionales aseguran que la media ronda los mil kilogramos de pipas por hectárea. Pero el girasol es un cultivo muy expuesto a los cambios climáticos que imperan en su época de nacimiento y desarrollo, que coincide con el pleno verano, que puede ser tremendamente seco. El mes de julio pasado registró diversas lluvias que han facilitado el crecimiento de las plantas. Por eso este año se han logrado algunas buenas cosechas. De “normal tirando a bueno”, lo califica Santiago Martín, uno de los propietarios de máquinas cosechadoras que trabajan estos días en la provincia.
En cuanto a los precios a los que se está vendido, algunos agricultores ya reconocen tener ajustado a 270 euros la tonelada en base a un 9 por ciento de humedad, un 2 de impurezas, y 44 de materia grasa.
Pero será la próxima semana, a partir del jueves, cuando exista un precio de referencia oficial en la provincia, pues comenzará a cotizar en la Lonja Agropecuaria; y lo hará seguramente en 250 euros la tonelada. Sin embargo, el año pasado terminó la temporada en 300 euros. Este producto se incorporó el año pasado a la Lonja y se espera que este año se consolide su cotización.
Las organizaciones agrarias tienen unas estimaciones poco halagüeñas en cuanto a la producción en el conjunto regional, donde aseguran que se recogerán 190.000 toneladas, es decir, el 40 por ciento menos que las recogidas el año pasado.
La provincia de Burgos volverá a ser la cabeza de lanza en la comunidad, con 56.747 hectáreas, una cifra muy superior a la del resto de provincias. Esto supone el doble que en Segovia, debido también a su mayor extensión territorial. Sólo Valladolid, con 48.300 hectáreas, se acerca un poco a la superficie destinada a este cultivo en Burgos.