Antes de iniciar el relato de lo acontecido en el campo de La Albuera en la congelada tarde del domingo, la historia del partido se comenzó a escribir a las diez y media de la mañana dominical, cuando la familia de la Gimnástica Segoviana comenzó a congregarse en el nevado terreno de juego con palas y carretillas, y mucha buena voluntad, intentando retirar los quince centímetros de nieve que hacían imposible jugar al fútbol. Las ganas que pusieron los voluntarios, que echaron horas y horas de limpieza, consiguieron que (con un poco de buena voluntad al retrasar el partido dos horas) la Gimnástica Segoviana y el Rayo Cantabria pudieran saltar a un terreno de juego en el que primaba el verde, para tratar de ganar los tres puntos ante casi 1.500 espectadores, una cifra más que destacada si se tiene en cuenta que a las siete de la tarde el termómetro ya marcaba un gradito bajo cero.
Cumplidas las obligadas felicitaciones de rigor, lo acontecido durante los casi cien minutos de juego en La Albuera se pueden resumir diciendo que la Segoviana está pasando por un mal momento, que el Rayo Cantabria quiso sacar provecho de esa crisis, y que si no lo consiguió fue porque los azulgranas en su campo siempre compiten hasta el final, y el conjunto cántabro, que tuvo los tres puntos en la mano, demostró por qué no pierde, pero tampoco gana sus partidos.
Muy pronto se le puso de cara el choque a los de casa, cuando en el primer (y casi único) error de la zaga visitante en una salida de balón el esférico le cayó a Ayán, que recortó a un defensor y fusiló con la izquierda a Jiménez. El gol puso en evidencia que el campo estaba para jugar, pero no para florituras, y que el conjunto que quisiera sacar el balón jugado desde atrás iba a correr demasiados riesgos.
Equivocarse tiene castigo
El 1-0 asentó antes en el campo a la Segoviana, pero bastó con que Silva se equivocase al no rematar un rechace de falta desde la frontal del Rayo Cantabria para que el equipo santanderino demostrarse sus poderes en una contra que logró frenar Fer Llorente… dentro del área propia. Casi sin querer, los espectadores asistieron en diez minutos a lo que iba a ser el guion del partido, con la Segoviana queriendo proponer, y el Rayo Cantabria tan ‘a gustito’ esperando que llegaran los errores locales en el centro del campo, o donde fuera, para lanzar sus vertiginosas transiciones.
El gol de Ayán en el primer minuto puso el partido de cara, pero los errores y la falta de contundencia pasaron factura
Y pensará el avezado lector que todo eso está muy bien, pero el marcador por entonces se movía con la ventaja gimnástica. Y no se equivoca, pero es que esa ventaja duró lo que tardó Ayán en mandar a las nubes un remate con la izquierda en el segundo palo que tenía toda la pinta de ser el 2-0, y que el Rayo Cantabria montase una rápida acción ofensiva que acabó con Santi Franco sorprendiendo a Postigo en el palo corto.
A partir de ese momento, apenas superado el primer cuarto de hora de partido, a la Segoviana se le empezó a ‘hacer bola’ el choque, porque se empeñaba en jugar como si el campo estuviera para ello, que no lo estaba, mientras que su oponente lo tenía bastante más claro, descolgando a tres jugadores en la ofensiva y enviando el balón hacia delante buscando que sus delanteros ganasen duelos. Había ‘run run’ pero no ocasiones claras más allá de una contra de Ayán, mejor en la primera parte que en la segunda, hasta que a un minuto del descanso el propio Ayán se inventó una jugada por la derecha, Fer remató para que el portero despejase con apuros y sin dirección, y Pau Miguélez cruzase el 2-1 con el que se llegó al intermedio.
La segunda, en barrena
La Segoviana había hecho algún mérito más que su rival para acabar la primera parte con ventaja, pero en los primeros minutos del segundo tiempo hizo todo lo que no debe hacer un equipo que quiere ganar a un rival de la zona baja. En lugar de armarse en defensa, lanzar a un Álex Castro que trabajó a destajo con los centrales, y esperar a que su rival se desordenase, volvió a ser previsible, a perder balones en el centro del campo y, lo que es peor, a mostrarse vulnerable en los duelos. Los gimnásticos no supieron leer a un árbitro que en la primera acción del partido ya dejó claro su listón en lo que a las faltas se refiere, y en un balón en largo para Javi García, el delantero se impuso a Silva en el cuerpo a cuerpo, plantándose solo ante Postigo para superarle con facilidad.
La Segoviana entró en barrera, Pau Miguélez pecó de ‘chupón’ en una contra de tres para dos, y poco más tarde un nuevo error en la salida de pelota dio a Diego Díaz la posibilidad de lanzar desde la frontal, rebotando el balón en un defensor y convirtiéndose en el 2-3 ante el estupor de unos aficionados que por momentos estuvieron como el equipo, al que no sabían si animar o pitar.
La épica rescató un punto
Durante un eterno cuarto de hora el Rayo Cantabria pudo sentenciar el partido, con ocasiones más que claras para conseguirlo. Postigo sujetó al equipo en los peores momentos, y la entrada al campo de Ivo y Tenas metió más madera en la ofensiva. Desde el banquillo, Ricardo apostó por el intercambio de golpes al estilo de la temporada pasada, y al Rayo Cantabria le empezó a llegar el cansancio.
Ricardo: “Me voy contento como me he ido tantas veces de este campo tanto como jugador, vacío y orgulloso de lo que visto. Si todo va bien, el próximo día no estaré en el banquillo. Cuanto antes venga el nuevo entrenador, más tiempo se ganará”
Marc Tenas aprovechó en boca de gol el regalo de Álex Castro recogiendo un rechace del portero y puso el 3-3 poco antes de tener que retirarse lesionado, y el encuentro se convirtió en un correcalles en el que tan pronto los de casa tenían una clara oportunidad de hacer el cuarto, como los visitantes sumaban acciones más que peligrosas sobre el marco de Postigo. Tanto fue así que, tras otro error, Íker vio la roja tras cometer una falta sobre el atacante cántabro que se dirigía solo hacia el marco local. La Segoviana acabó con diez atacando como pudo, y su oponente hizo lo propio con once buscando su victoria. El empate fue lo más justo, y deja para el equipo azulgrana la sensación de que necesita, y cuanto antes, saber hacia dónde se dirige.
