Tengo que reconocer que siento “resistencia mental” a volver otra vez sobre el tema del aparcamiento del Salón, rebautizado en “de Los Tilos”. Cual largo Guadiana aparece y desaparece y vuelve aparecer tras más de veinte años del primer proyecto abortado. Durante un largo periodo de tiempo y por razones de gobernabilidad, como bien saben los segovianos, se le había dado por muerto. Pero, modificada esa necesidad de apoyo para gobernar el Ayuntamiento, el anterior gobierno municipal dejó abierto en el PEAHIS de 2020 un portillo de posibilidad, si bien sujeto al caso de manifiesta necesidad y tras la aprobación de un Plan de Movilidad. El actual equipo municipal de gobierno quiere aprovechar ese supuesto portillo, “resucitando el proyecto” o “agitando el fantasma del aparcamiento de Los Tilos”, como gráficamente lo describía en titulares Javier Martin Mesa en El Adelantado del 13 de noviembre de 2025. El dichoso aparcamiento, sin haberse materializado en nada, ya nos ha costado a todos los segovianos un buen dinero que necesitó la administración municipal anterior para romper ligaduras y compromisos de algo que pasó de sueño a pesadilla. Parecería que haber salido de esa pesadilla sería razón más que suficiente para no volver de nuevo a agitar el fantasma. Pero la nueva administración local ha querido reanimar un proyecto que se inició hace 20 años, (tal vez por eso de que “20 años no son nada”), y, aun sin demostrar su necesidad que debería emanar de un preceptivo Plan de Movilidad no nacido, obvia tal exigencia y justifica su necesidad por la “determinante razón” de que “lo llevaban en su programa”.
Parecen entender así el equipo de gobierno que en su buen resultado electoral fueron determinantes los votantes partidarios de tal estructura. No creo que lleguen a dar por hecho que los contrarios a tal proyecto ninguno o en número exiguo fueron votantes suyos. Entrarían en esta categoría, entre otros, los vecinos del Centro Histórico que mayoritariamente manifestaron desde el principio su oposición a tal proyecto. En esa misma categoría habría que incluir también a muchos vecinos de San Millán. La verdad es que los vecinos y muchos otros particulares, asociaciones y colectivos, nunca se creyeron que tal instalación pudiera responder a una supuesta y cacareada finalidad de aparcamiento para residentes, cuya necesidad e idoneidad nunca fue demostrada. Lo que sí tuvieron claro estos vecinos y colectivos son las consecuencias de adulteración y destrucción material, cultural y de servicios que representa para ellos y para la identidad de la ciudad histórica la construcción de un aparcamiento en ese espacio. Es en lo que siempre ha insistido también la Asociación Amigos del Patrimonio de Segovia. Optar por un aparcamiento en la ladera de cierre de la ciudad histórica condicionando inevitablemente la plataforma superior integrada en el conjunto de la Muralla, podrá ser resuelto técnicamente, incluso puede que hasta tengan la habilidad de “colarlo” en los organismos internacionales, (no fue así con proyectos anteriores). Pero, aunque así fuera, es, a todas luces y por muchos motivos, un enorme despropósito. Desde el punto de vista de la protección y del sentido de la conservación del Patrimonio, su realización entra en clara contradicción con los criterios de la Carta de Florencia que establece el compromiso de mantener el uso y las características de los jardines en la doble función de “pulmón de la ciudad” y de ”bien cultural”, así como las peculiaridades de su mantenimiento derivadas de la condición de “monumento vivo”. El Paseo del Salón obedece claramente a estas características, y encaja a la perfección en el tipo de trato, de uso y de conservación que exige la Carta de la Convención de Florencia, que marca compromisos de obligado cumplimiento para los Estados firmantes.
