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La magia pudo con el termómetro en la Cabalgata de Reyes

Ni el intenso frío ni la amenaza de una nevada que no llegó frenaron a miles de niños y adultos que, bien abrigados, siguieron un desfile lleno de música y fantasía, y culminaron la tarde con la recepción real a los pies del Acueducto

por Javier Martin Mesa
5 de enero de 2026
Los segovianos se agolpan en la calle San Juan al paso de la comitiva de los Reyes Magos. / HÉCTOR CRIADO

Los segovianos se agolpan en la calle San Juan al paso de la comitiva de los Reyes Magos. / HÉCTOR CRIADO

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La Cabalgata de Reyes de 2026 en Segovia no necesitó preguntar la temperatura, ya que bastaba con ver los alientos convertidos en vapor, los gorros calados hasta las cejas, las bufandas enrolladas tres vueltas y los guantes que parecían mitones de explorador polar. La ciudad amaneció con el frío seco característico de Segovia, y anocheció igual o peor, pero a nadie pareció importarle. La cita con Melchor, Gaspar y Baltasar estaba marcada desde hacía semanas, y el calendario infantil no admite aplazamientos. Los Reyes venían, y Segovia salió a recibirlos con paciencia, con ilusión y, en este caso, con varias capas de ropa.

 

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Desde temprano, las familias fueron ocupando sus lugares de siempre, esos tramos que cada cual reivindica como el mejor punto del recorrido, aunque en el fondo todos tengan el mismo propósito, que es ver a los Reyes de cerca, saludarles, y de paso recoger alguno de los miles de caramelos y gominolas que se desparramaron por las calles de la ciudad.

Un plan B que no fue necesario activar

La organización llevaba días mirando al cielo, y tenía previsto el plan B de trasladar la recepción real al amparo del Centro de Recepción de Visitantes si el tiempo decidía aguar la fiesta o cubrirla de copos. No hubiese sido la cabalgata soñada, pero sí la posible. Sin embargo, la tarde se plantó intensamente fría, pero seca. Así que se mantuvo el plan A con la recepción de Sus Majestades a los pies del Acueducto.

 

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La proyección de los primeros pasos de los Reyes Magos sobre la fachada del Alcázar vino a calentar a los valientes que esperaban a pie quieto la aparición de sus majestades, que hicieron la primera de sus paradas en el nacimiento instalado en el propio Alcázar, depositando los tradicionales regalos de oro, incienso y mirra.
El desfile avanzó a pie desde el patio del Alcázar hasta la plaza Mayor entre aplausos y móviles levantados, y alguna que otra carta entregada en mano por los niños a los Reyes. El lento serpentear de la comitiva convirtió por unas horas las calles de la ciudad en un escenario móvil.

 

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La presencia de los más pequeños fue tan numerosa como reconocible. Se notaba en los hombros de los padres convertidos en improvisadas tribunas móviles, en los carritos envueltos en mantas, en las manos enguantadas agarradas con fuerza a otras manos mayores. El frío, que tantas veces se usa como excusa, esta vez se convirtió en anécdota, ya que no restó participación sino que añadió mérito. La cabalgata fue, una vez más, una excusa perfecta para juntar generaciones enteras de segovianos en la calle, con los Reyes deteniendo su paso para saludar a los niños, para escuchar sus peticiones y para dedicar una sonrisa a los padres que desde siempre se han convertido en sus mejores aliados.

Las carrozas esperaban

Llegada la comitiva a la plaza Mayor, el desfile se hizo más ‘oficial’, con los Reyes ya sobre sus carrozas y la ciudad entregada a ese ritmo diferente que imponen los desfiles. Las calles se llenaron de sonidos de tambores, villancicos y dulzainas. No había prisa porque esta cabalgata tradicionalmente ha avanzado a una velocidad que parece pensada para que dé tiempo a todo, ya sea a fijarse en los detalles, a saludar, a comentar, o a repetir mentalmente la lista de deseos por si acaso hay que reforzarla en el último momento.

 

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El frío, por intenso que fuera, no logró quebrar la sensación de fiesta compartida entre grandes y pequeños, y no fueron pocos los que se quedaron sin voz intentando llamar la atención de los Reyes entre el ruido de los tambores y las dulzainas.
La carrozas, remodeladas y tiradas por vehículos 4×4 que ejercieron de camellos, mostraban una mayor iluminación para que los participantes en la Cabalgata, los niños, no se perdieran detalle. Y el paso por Cronista Lecea, por San Agustín y por la calle San Juan mantuvo la misma constante que hubo en el patio del Alcázar o en la ronda de Juan II. Niños y mayores esperando con toda la paciencia (y casi todo el frío) del mundo al paso de una comitiva de 400 personas.

 

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El tramo final, el de la recepción real, fue, como cada año, el gran momento. La alternativa cubierta del Centro de Recepción de Visitantes quedó como un plan perfectamente preparado que no fue necesario activar. Los Reyes Magos, fieles al escenario mayor de la ciudad, recibieron a los niños bajo los arcos del Acueducto. El contraste entre el frío de la tarde y el calor de los aplausos dibujó una escena que no dejará de ser especial por cien veces repetida. Las colas para saludar a sus majestades se formaron con esa mezcla de impaciencia y respeto que sólo se da en estos actos, con los pequeños apretando los dientes, los padres soplando en las manos de sus hijos, y las bufandas subiendo y bajando.

El desfile de las emociones

Allí, en el escenario, se produjo el desfile de las emociones. Cada niño llevaba preparada su última petición, o peticiones, que no faltaron los que atropelladamente fueron contando todo lo que querían para la mañana del día 6. Los Reyes escuchaban, asentían y sonreían, mientras que los padres miraban la escena con una discreta complicidad que sólo se entiende plenamente cuando uno, hace ya algunos años, tuvo la suerte de pasar por ese escenario.

 

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La noche fue cayendo definitivamente sobre Segovia, con las luces de la ciudad dibujando contornos cálidos sobre el frío cortante del aire. La cabalgata quedó convertida en recuerdo, mientras muchos regresaban a casa con el paso rápido y sus pensamientos corriendo más deprisa todavía hacia el día siguiente. Por detrás, quedaba la parte que no se ve, pero que es igual de importante, la de los servicios de limpieza que se esmeraron en dejarlo todo tal y como estaba tres horas antes de que comenzara el desfile, y las fuerzas del orden que con su presencia siempre discreta velaron para que la única protagonista de la noche fuera la magia.

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Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

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