Sus padres tienen un bar en Segovia. Él se crió ahí. Cuando iban “los típicos señores” a echar la partida, le enseñaban trucos de cartas. “Cuento 20 y aparece tu carta”, recuerda que le decían. Esto despertó su afición por la magia. Pasó el tiempo. En la tradicional Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Segovia, encontró uno de magia. Aún lo conserva. Lo compró con sus ahorros. Empezó a practicar los trucos en el bar. Poco después, Iván Asenjo logró convertir la magia en su profesión. Sobre el escenario “se transforma”. Quería ser único. Para que la gente lo recordara. De ahí que se suba a unos tacones y se transforme en un personaje un tanto “cabaretero”. Ha logrado su objetivo. Ya han pasado 14 años. Y sigue disfrutando de la adrenalina que le provoca su profesión.
Al principio, solo era un hobby. No tardó en dar el gran salto: dejó atrás las comuniones y las bodas. Y pasó a hacer festivales y “mini giras” fuera de Segovia. Gracias a los “contactos” que fue haciendo. Y que le daban la oportunidad de actuar. Fue dándose cuenta de que era “bueno” en lo que hacía. El ilusionismo pronto se convirtió en una especie de “droga”: cuanto más hacía, más quería.
Con apenas 14 años, se fue a Madrid para conocer la Sociedad Española de Ilusionistas. Hizo la prueba para acceder. Y la superó. Tuvo así la oportunidad de descubrir a magos profesionales. A “gente que admiraba”. Pero lo cierto es que Asenjo fue autodidacta.
Es una profesión “complicada”. El físico le parece un “hándicap”. Sobre todo, porque ha de crearse un personaje. Algo que le haga ser reconocido. Él lo logró. Con 16 años, conoció en Madrid a uno de sus grandes amigos, Miguel Molina. Era uno de los “mejores” directores artísticos de España. Le enseñó que los magos no solo hacen magia. Sino que también han de formarse como artistas. “Magos hay muchos”, asegura. Sus trucos los hace “todo el mundo”. Pero cómo los hace, es lo que le define.
Es clave el aprendizaje. También el ensayo. Pero, sobre todo, es algo innato. Asenjo cree haber nacido para esto. Hace un año que tuvo que volver a Segovia por “necesidad”: llevaba ocho años viviendo entre Madrid y Barcelona. Hasta hace unos meses, seguía trabajando en programas de televisión. Ahora está en un proceso de “readaptación” de su espectáculo ‘Atrévete’ a la nueva ‘normalidad’. “No está siendo fácil”, lamenta. Porque “vivir del aire” es imposible. Él hace magia, no milagros.
