Visibilizar a los más vulnerables. ¿Cómo? Con una marcha de 10 kilómetros de solidaridad. Solo así creen que no caerán en el olvido. Temían que la ola de calor que sacude a Segovia desde hace días marcara la jornada, pero el buen tiempo acompañó en la mañana de ayer a las más de 200 personas que participaron en el VIII Paseo ‘Sendas Verdes’, un evento anual que recuperaron los Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca después de dos años de parón a causa de la pandemia.
El trayecto, campestre en su mayoría, comenzó a las 10:30 horas a los pies del Acueducto, para llegar algo después a Zamarramala, continuar por el Camino Natural del Eresma hasta el Valle del Clamores, y concluir, en torno a las 13:00 horas, en La Hontanilla, donde los participantes –algunos de ellos acompañados de sus mascotas- dejaron entrever la felicidad de haber completado el reto. Así, el recorrido fue paisajístico principalmente, pero también monumental. Al paseo se unieron, además, algunos concejales.
Menos participación
Como estaba previsto, la crisis sanitaria dejó su huella en el evento y hubo menos participación que en años anteriores, cuando rondaban los 300 inscritos, tal y como comentó la directora de la Casa Familiar, Vanessa Hernández, una vez que la octava edición llegó a su fin.
Pese a ello, la segoviana, que dirige el centro desde 2006, mostró su satisfacción con el resultado. “Es una alegría inmensa retomar estas actividades y que la gente se vuelque con ellos”, afirmó. En el paseo pudieron participar diez de los residentes de la Casa Familiar, que tiene su sede en la calle María Zambrano, y otros cinco recibieron al resto en La Hontanilla, donde también contaron con acompañamiento musical a cargo de uno de los voluntarios, Salva.
Desde la Cruz Blanca declararon que, aunque se trata de una iniciativa solidaria, puesto que hay un donativo de cinco euros por participante, lo más importante es “compartir una experiencia con los segovianos”.
El dinero recaudado, una vez descontados los gastos de organización del paseo, se destinará a sufragar el mantenimiento de las actividades de los residentes: talleres o salidas.
Una labor de 40 años
Desde 1982, la Casa Familiar Virgen de la Encarnación Cruz Blanca en Segovia atiende principalmente a personas con discapacidad intelectual, intentando desarrollar al máximo sus capacidades físicas, intelectuales, emocionales y sociales. Asimismo, hace años que se hicieron con dos viviendas tuteladas.
Pero si hay algo que les caracteriza es que su fin es favorecer la integración personal e incorporación social de las personas más vulnerables y en situaciones de exclusión, “gente que, de otra forma, caería en el olvido”, según Hernández. Para lograrlo, disponen del trabajo que realizan cerca de 20 voluntarios en el centro residencial y de día, que colaboran con la atención a 34 residentes.
Por ello, después de dos años “duros” en los que se ha detectado “un deterioro en sus capacidades”, de acuerdo con la directora, la Cruz Blanca retoma sus actividades y, con ello, un contacto con los segovianos que jamás habrían querido perder.
