La mañana de Navidad suele ser fría, muy fría, en Segovia. Bien lo saben los miembros del Club Ciclista 53×13, organizadores de la Carrera del Pavo junto con no pocos miembros de la familia ciclista segoviana, a los que les ha tocado montar vallas y poner cintas con viento, con lluvia, con los guantes que no falten en las manos… pero a los que les faltaba la ‘guinda’ de la nieve, que se saltó a la torera las previsiones que señalaban que iba a estar nublado pero no iba a caer ni un copo, para empezar a extender su blanco manto sobre la ciudad, al principio de manera leve, y pasado el tiempo con bastantes más ganas.

Con puntualidad británica, y aprovechando que el suelo estaba seco, un jovencísimo corredor fue el primero en desafiar la ‘cuesta abajo’ de la calle Teodosio El Grande bajo la atenta mirada de los aficionados que, en número menor al de años anteriores, poblaron el Azoguejo y la calle Cervantes. A partir del mirador de La Canaleja el gentío disminuía de manera progresiva, algo lógico teniendo en cuenta que la mayoría de los participantes ponían pie a tierra apenas cincuenta metros después de iniciado el ascenso por la calle Real.
Chocolate para todos, y turistas por doquier
Sin que faltara el chocolate con el que la organización quiso agasajar a los valientes que se plantaron en el Azoguejo a primera hora, como también es norma habitual en los últimos años, turistas y ‘locales’ se mezclaron. Los primeros, demasiado absortos en la belleza de la ciudad, no entendían la razón por la que en un momento dado no podían seguir caminando hasta que veían pasar a un ciclista moviendo el manillar de manera más o menos intensa. Los locales, bien quietos (o casi…) en los lugares estratégicamente escogidos, esperaban el paso de un familiar, de algún conocido, o incluso de Pedro Delgado, que no dudó en cumplir con la tradición y se lanzó por Teodosio El Grande haciendo gala de su maestría habitual sobre la bicicleta porque cuando comenzó el descenso ya nevaba sobre la ciudad, y sobrepasar su propio registro de los últimos años superando con creces la altura del bar La Tropical y entrando casi en el entorno de la librería Cervantes. De nuevo, y de largo, fue el más aplaudido.

Martín, que logró su primer triunfo en la popular carrera en el año 2011, tuvo que emplearse a fondo en una final en la que Hugo Sanz le aguantó hasta el último tramo de la calle Obispo Gandásegui
Con algunos menos participantes que en años anteriores, setenta el año anterior y cincuenta y ocho en esta noventa edición de la prueba, no faltaron los gorros de Papá Noel, ni los pantalones vaqueros y el jersey en algunos de los participantes. Porque la Carrera del Pavo no discrimina a quien quiere tomar parte en ella, y su originalidad no sólo reside en el hecho de no poder dar pedales para avanzar, sino también en que cualquier persona que se acercara a la salida puede inscribirse en el mismo momento para tomar parte en la prueba. Sólo les hace falta una bicicleta, y un casco por aquello de las caídas, que afortunadamente en esta edición (salvo error u omisión involuntaria) no se convirtieon en nada grave pese a lo complicado que se puso el trazado.

Eso sí, los participantes habituales de la carrera no quisieron faltar y su experiencia se hizo notar en la subida por la calle Real, ya que mientras otros veían frenada su progresión según se perdía la inercia del descenso desde la plaza de Día Sanz, ellos continuaban con una velocidad constante su ascenso, muy rodeados de público en los primeros metros, bastante más liberados después.
Cinco habituales para un título
Cinco fueron los corredores que consiguieron ascender hasta la plaza Adolfo Suárez, a los pies de la Subdelegación del Gobierno, y así ganarse el derecho a tomar parte en el desempate que también se ha convertido en un clásico del Pavo. Julio Martín y Hugo Sanz querían reeditar su duelo de años anteriores y, junto a ellos, partían como candidatos tanto Iván Gómez como Millán Garrido y Miguel Martín. Otros que apuntaban no pocas maneras en esta edición se quedaron a las puertas de poder tomar la cerrada curva de la Casa de los Picos para subir por la calle Obispo Gandásegui. Pero hubo una constante en todos ellos, el seguimiento que tenían por detrás, con familiares animando y más de un móvil inmortalizando la carrera.
Mediada la carrera, el trazado elevó su nivel de dificultad con la presencia de la nieve, lo que no impidió que Emma Alonso consiguiera imponerse una vez más en la categoría femenina
Tras el paso de Pedro Delgado, llegó el momento culminante de la prueba, con el descenso de los cinco finalistas en busca de la victoria final. Pero el trazado había aumentado de dificultad por culpa de la nieve, y tanto Millán Garrido como Iván Gómez tuvieron que echar pie a tierra mucho antes de tiempo porque el suelo resbalaba más que pocos minutos antes. El triunfo final era cosa de tres, que al final acabó siendo de dos cuando Julio Martín y Hugo impusieron un ritmo demoledor que dejó a Miguel Martín bastantes metros más atrás.
Julio aguanta en pie
La victoria final parecía clara a la altura del Teatro Cervantes en favor de Julio, pero la reacción de Hugo fue extraordinaria, y la victoria quedaba a expensas de lo que sucediera en la recta final de la calle Obispo Gandásegui. Allí, en el momento decisivo de la carrera, Hugo perdió pie y se quedó en tierra mientras que Julio, con bastante más tranquilidad, llegó hasta la meta para celebrar el décimo triunfo en noventa ediciones de la Carrera del Pavo. Todo un logro para el veterano ciclista que no tiene rival cuando de no dar pedales se trata.

Tras Julio, el podio lo completó Hugo Sanz en la segunda plaza, Miguel Martín en la tercera, Iván Gómez como cuarto clasificado y Millán Garrido en el quinto puesto. Además, en categoría femenina la victoria volvió a ser para Emma Alonso, que comienza también a coleccionar triunfos en la Carrera del Pavo. En el sorteo de un par de jamones cortesía de los patrocinadores, resultaron premiados Diego Paramio y Alonso Martín.
La organización quiso darse prisa con la entrega de los premios (pavo, pato y pularda más cava) para los ganadores, porque el frío y la nieve parecían no dar excesiva tregua, poniendo fin a un cumpleaños de la Carrera del Pavo en el que Julio Martín no faltó a su cita con el triunfo, Pedro Delgado no falló en su cita con la carrera, y la nieve (tan ausente en tantas ocasiones) tampoco quiso faltar a su cita con la mañana de Navidad.
