Las expropiaciones de bienes eclesiásticos, ejecutadas en cumplimiento de lo dispuesto por el decreto publicado el 11 de octubre de 1835, fueron una catástrofe para los monasterios, para sus claustros y para sus jardines. Éstos eran, además de símbolo para los cristianos, islotes de verdor y última herencia de la jardinería que Roma creó para ornato de los peristilos de sus viviendas. De entonces acá, algunos han podido recuperarse, aunque sólo parcialmente y en aspectos formales, ya que -en su plenitud y en su esencia- tan irrecuperables son esos jardines como irrecuperable es el tiempo pasado en el que se realizaron.

CLAUSTRO DE SANTA MARÍA LA REAL DE NIEVA
Uno de esos claustros es el del ex-convento dominicano de Santa María la Real de Nieva. El que la iglesia quedase convertida en parroquia del pueblo tras la publicación de las leyes desamortizadoras, que el claustro estuviera unido a ella y una cierta indefinición sobre la propiedad, que sólo ha quedado resuelta muy recientemente, evitaron que lo adquirieran los especuladores que tanto daño causaron al patrimonio artístico español. Gracias a esas circunstancias, ha llegado hasta nuestros días bastante bien conservado, si bien pasando por momentos de cierto abandono como puede percibirse en la fotografía en blanco y negro.


Devolverle formas semejantes a las que debió tener ha sido obra de muchos y desde aquí envío a todos cuantos intervinieron, con mi agradecimiento, mi aplauso. Un día, la extinta Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segovia ubicó allí algunas oficinas, hecho que propició obras de reforma y reconstrucción en espacios interiores y fachadas; otro, una sociedad creada el año 1992 para conmemorar el VI Centenario de la aparición de Nª Sª de la Soterraña, titular del templo parroquial, acometió labores de desbroce y limpieza y la plantación de tres árboles considerados símbolo: un tilo en recuerdo del que hubo y cuya existencia se conocía por una vieja fotografía, un ciprés y un olivo; más adelante fue un párroco, Alfonso Águeda, quien por propia iniciativa concluyó dando al jardín un aspecto próximo al que pudo tener originariamente y que no se apartaba mucho de los clásicos jardines claustrales: enlosado perimetral, cuatro caminos dibujando una cruz en su convergencia hacia el centro, donde se halla el pozo, y la división del espacio en cuadros, delineados con setos de boj recortado y preparados para recibir plantas aromáticas y flores de temporada.
Tanto el claustro, una joya con sus historiados capiteles, labrados en un gótico arcaico lleno de encanto, como el jardín, son de acceso libre y gratuito
LOS JARDINES DE LA ABADIA DE PÁRRACES
La abadía de Santa María de Párraces estuvo ocupada por canónigos regulares hasta que pasó a depender del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Se halla en medio de un paisaje de suaves ondulaciones, entre las localidades de Bercial y Cobos de Segovia, y de su magnificencia pasada quedan bastantes restos, destacando una iglesia de grandes dimensiones y dos claustros del siglo XVI.

Uno de estos, el de mayor superficie, el Claustro del Aljibe, conserva en tres de sus lados una arquería labrada en granito, con sencilla decoración en los frentes de los arcos. Los tres tienen elegante balaustrada en el cuerpo superior y uno de ellos, además, un segundo orden de arcos carpaneles, aunque están cegados. De la penosa situación en que quedó tras la desamortización da cuenta la fotografía en blanco y negro.
En la actualidad, se ha ganado todo el espacio que ocupó el jardín, dividido en cuatro cuadros por los dos caminos de recias losas de granito que se cruzan en el centro, donde está el pozo. No hay plantas, sólo una hiedra bicolor que crece altanera en una esquina y la alfombra de césped del piso, sobre el que se instalan mesas y sillas para los asistentes a bodas y otros eventos que en él se organizan.

El menor está mejor conservado, labrado en piedra caliza y con doble arquería descansando sobre robustos pilares en tres de sus lados. No conozco ninguna fotografía antigua pero supongo que su estado también sería de abandono. Hoy, sin embargo, ofrece una imagen de espacio bien atendido, con un trazado sobrio y tratado con esmero. Junto a los arcos se han plantado setos con evónimos que se recortan recreando el remate de un muro almenado mientras que el lado que ha perdido los arcos cubre la tosc

a pared de ladrillo con una plantación de cipreses y lauros alternantes. Toda la superficie está cubierta de césped y recorrida por varios caminos que arrancan del perimetral, pero sin formar cruz. En el centro, sin embargo, sí es bien perceptible la presencia del agua, con un pilón lobulado sobre el que vierte el chorro que cae de un surtidor lotiforme.
Ambos espacios están recuperados y son accesibles pidiendo autorización o asistiendo a los eventos que allí se celebran.
SAN PEDRO DE LAS DUEÑAS
San Pedro de las Dueñas es un monasterio construido en Lastras del Pozo, próximo al río Moros. El jardín original ocuparía el centro de un claustro de pequeñas dimensiones, obra en ladrillo de fin

ales del siglo XV. El que yo pude ver hace unos años, trazado por los penúltimos propietarios, unos industriales catalanes, creo, se había ampliado llevando sus setos de evónimo y sus cipreses a las que habían sido naves del austero templo.
Más recientemente, el espacio, creo, se ha restaurado y cubierto, pero dejándolo sin plantas. No es visitable.
JARDIN DEL MONASTERIO BERNARDO DE SACRAMENIA
Del último jardín claustral del que ofrezco algunas notas apresuradas es el primero que hubo en la provincia. Ocupaba el claustro del monasterio cisterciense de San Bernardo, en Sacramenia, expropiado, como los anteriormente citados, tras la publicación de las leyes desamortizadoras. Aquí, salvo la iglesia, una construcción magnífica, construida en ese estilo que llamamos cisterciense, antesala del gótico, se vendió todo y el claustro, tras muchas y no muy felices vicisitudes, historiadas por José Miguel Merino de Cáceres, vino a ser propiedad de un millonario norteamericano. Todos los elementos que lo componían, debidamente ordenados y numerados, estuvieron muchos años en los embalajes del transporte para, finalmente, recalar en Miami, donde lo adquirieron y embellecieron su interior con un jardín de plantas tropicales a las que no sé si sabrán arropar bien unas piedras hechas para aguantar los fuertes soles y las duras heladas de Castilla.

Aunque tuvieron el mismo origen, vemos que su destino ha sido diferente.
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*ACADÉMICO DE SAN QUIRCE
porunasegoviamasverde.wordpress.com
