Señor director:
Siempre que tengo ocasión hablo sobre los grandes problemas que tienen los pequeños negocios de comercio de nuestra provincia. Ahora voy a comentar un tema menor, pero no por ello menos susceptible de causar indignación entre los que regentamos un local comercial.
Es una sensación muy desagradable, llegar cada mañana a abrir nuestro local y encontrarse con el regalito diario de un pipí de perro en la puerta del establecimiento, en algunos casos en la propia cerradura de la persiana metálica. Naturalmente el instinto natural hace al animal orinar siempre en el mismo sitio, y la culpa es totalmente del dueño del perro, que hace gala de un incivismo denunciable. El mismo incivismo que denotan los excrementos que vamos pisando cada mañana por las aceras, o el de los animales de dos patas que orinan en la primera fachada o portal que encuentran a mano.
Seguramente los dueños de perros que causan estos daños son un pequeño porcentaje de los mismos. Una buena manera de acabar con estas conductas sería que los comerciantes, hosteleros y vecinos denunciáramos estos casos, para que de esta forma la Policía Municipal pueda pillar “in fraganti” a los causantes en días posteriores. Y naturalmente, que los Ayuntamientos de nuestra provincia, en la medida de sus posibilidades, tomen cartas en el asunto y dediquen dispositivos policiales camuflados para atajar ese problema, que suele ocurrir en las horas en las que las calles están más vacías. Esperamos que el ADN canino también contribuya a solucionar este problema.
Roberto Manso Esteban, Presidente de FECOSE