Ignacio Prego es un pianista y clavecinista que en su infancia y juventud creció entre nosotros. Aprendió piano con Mariví Rojo y descubrió el sonido del clave con Federico Coullaut-Valera, igualmente presente en el público. Así como estuvieron sus padres, amigos, conocidos y un numeroso público que se acercó hasta San Juan de los Caballeros para escuchar y deleitarse con la música de las variaciones Goldberg de Juan Sebastián Bach. Ignacio Prego lleva ya una década en Estados Unidos, donde siguió estudiando piano y clave en la Universidad de Indiana, en la Juliard School y como vocal coach en la Universidad de Yale.
Ha grabado un disco hace un par de años con las suites francesas de Bach, que ha tenido mucho éxito de venta y que en cuanto a calidad es insuperable.
Esta vez hemos llegado a las Goldberg, una colección de treinta variaciones sobre un aria, que representan en la obra de Bach la reducción de medios técnicos para dejar un ejemplo de originalidad y genialidad. Tiene una estructura muy ordenada, pues cada tres variaciones la variación es un canon.
La sensación de libertad cuando se acaba la obra con el aria da capo da lugar a pensar que no es posible que haya una estructura tan férrea por debajo de la escritura, pero gracias a esta sensación, por la que ya no nos suena nada igual, somos diferentes y la sensación de paz nos hace pensar que la leyenda sobre el encargo de la obra puede que sea cierta y fuese la musicoterapia el origen de todo ello.
La versión de Prego fue muy respetuosa con la partitura y, a lo mejor también gracias al ambiente de la antigua iglesia de San Juan de los Caballeros y su acústica, la obra nos llegó perfecta en su contenido barroco y lejos de otras versiones muy famosas que juegan a ofrecer unas velocidades desmesuradas como reclamo y que no exprimen todo el contenido musical de la partitura.
La expresividad buscada en cada detalle y su respeto a la partitura son constantes a lo largo de la obra, dejando un poso de credibilidad. El instrumento se portó muy bien aunque la rotura de una cuerda, que fue sustituida con mucha presteza, hizo que el concierto comenzase con algo de retraso.
Ante el éxito de aplausos nos regaló un ground de una suite de Henry Purcell, en otro orden de cosas más frescas, perfecto.
Un gran instrumentista del que esperamos la aparición de esta obra en disco y una nueva visita que pudiera ser con la ‘Ritiratta’, conjunto con el que suele colaborar en muchas ocasiones.
