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Historia de “el obispo limosnero” Sebastián de Arévalo natural de Nava de la Asunción

por Amador Marugán
21 de enero de 2024
Cuadro de Fray Senastián.

Cuadro de Fray Senastián.

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Fray Sebastián de Arévalo y Torres, obispo que fue de Mondoñedo (Lugo) y El Burgo de Osma (Soria), nació en la Nava de Coca el 23 de noviembre de 1619 y representa para este pueblo, que desde el año de 1773 pasó a denominarse Nava de la Asunción al recibir el título de Villa, una figura muy popular que ha permanecido viva a través del tiempo. Cada 20 de enero, y desde 1690, se le dedica una misa en su memoria en agradecimiento por los detalles que mantuvo con este pueblo al construir en 1683 la fuente del Caño Viejo o del Obispo y dejar para su mantenimiento una donación de 15.000 reales de vellón, más el obsequio en 1689 de un valioso conjunto de candelabros de plata, unas varas de ciriales y una preciosa cruz con campanillas de plata. Estas últimas piezas se encuentran desaparecidas desde hace muchos años.

Portada de la Sinodal convocada por el obispo Sebastián en Mondoñedo en 1679.
Portada de la Sinodal convocada por el obispo Sebastián en Mondoñedo en 1679.

Sus orígenes naveros proceden de una importante familia de hijosdalgo que se inician con su bisabuelo Sebastián de Arévalo, descendiente de tierras de Arévalo, y sus abuelos Diego de Arévalo y Potenciana de Torres (descendiente de Cuéllar), y continúan con su padre Sebastián de Arévalo (1573-1628), quien se caso en 1609 con Eufrasia de Torres, para enviudar a los 6 meses y 18 días y años después casarse con María Ramírez, natural de Olmedo e hija de la acomodada familia José Ramírez y Ana Cubel. Matrimonio que en el corto tiempo que duró, ya que María Ramírez falleció en 1623, tuvo seis hijos y una hija, el primero nació el año 1613 y el último 10 meses antes de su fallecimiento. De ellos, dos recibieron el nombre de Sebastián, uno no llegó a cumplir el año y el otro, el que llegó a obispo, recibió este nombre en memoria de su hermano.

Sebastián de Arévalo y Torres quedó huérfano poco antes de cumplir los 9 años, la buena posición económica de la familia y las muestras que debía dar de inteligencia debieron incidir en que le enviaran a estudiar Lengua Latina al convento San Francisco de Segovia, perteneciente a la orden de los padres franciscanos. Orden religiosa de la que toma el hábito al influirle profundamente y que practica con su comportamiento humilde, bondadoso y caritativo durante toda su vida. A partir de su estancia en el convento franciscano se muestra como un alumno aplicado e inicia una carrera ascendente en lo que será su formación religiosa y designación de cargos importantes, como describen las notas biográficas que sobre él escribe el historiador y canónigo Juan Loperráez Corvalán y que anota el sacerdote Francisco Sanz de Frutos en 1867 en el inventario parroquial de 1877 para conocimiento de los feligreses naveros.

Catedral del Burgo de Osma.
Catedral del Burgo de Osma.

Del convento franciscano pasó a la Universidad Complutense de Alcalá de Henares donde terminó estudios en noviembre de 1648 como alumno aventajado del Colegio Cisneriano de San Pedro y San Pablo. Después pasó a ser profesor de Artes en la localidad alcarreña de Atienza, para posteriormente explicar Artes y Teología durante 16 años en la Universidad de Valladolid y otros centros de la Orden franciscana donde también impartió clases de idiomas. Fue guardián de Ávila y presidente “in capite” de Almazán (Soria) y llegó a formar parte de la Inquisición como Calificador del Santo Oficio y de Suprema y General Inquisición, en la ciudad vallisoletana. Tiempo después pasó al convento de las Descalzas Reales de Madrid, durante el periodo de ocho años, y asumió la misión de ser predicador del rey Carlos II. Una trayectoria personal que le relacionó con la real nobleza, de ahí que la reina Mariana de Austria le propusiera para obispo de Mondoñedo el 8 de marzo de 1672. Dos meses después tras pasar el riguroso examen requerido para el nombramiento, incoado por el Nuncio Galeazo Marescotti, fue confirmado obispo en el Consistorio celebrado en Roma, recibiendo la consagración episcopal en la iglesia de las Descalzas Reales.

Durante los diez años que estuvo al frente de la diócesis mindoniense su celo pastoral le llevó a visitar a todo el obispado, lo que le dio el conocimiento para dictar las normas y deberes que regirían su diócesis, que fueron aprobadas en el sínodo que convocó en 1679 y cuyas 38 constituciones sinodales fueron impresas. Hizo reparaciones en el palacio episcopal a su costa y en la catedral, entre ellas el altar dedicado a San Francisco y solía asistir con el cabildo a los oficios divinos en la catedral. Un curioso detalle le hizo célebre por lo sucedido cuando iba camino de la localidad de San Martín de Mondoñedo, donde se encontraba hasta el siglo XII la sede episcopal y antigua catedral, al enterarse que se veneraba por culto popular al obispo San Gonzalo desde tiempos remotos, Fray Sebastián quiso quitar esa costumbre pero se encontró con que la mula mansa en la que iba subido se enfureció de tal forma que le sorprendió y lo entendió como un presagio por lo que desistió de su intención y permitió que se siguiera celebrando el culto a este santo que no estaba canonizado.

Estatua de Fray Sebastián, del escultor Jose María Moro, junto al Caño del obispo.
Estatua de Fray Sebastián, del escultor Jose María Moro, junto al Caño del obispo.

El 27 de enero de 1682 el Rey Carlos II le propone para ocupar el Obispado del Burgo de Osma de la provincia de Soria, nombramiento que el Consistorio romano hizo cuatro meses después, el 20 de abril. El 30 de julio de este año Fray Sebastián tomó posesión del cargo en virtud de poderes concedidos al capiscol D. Francisco Cabezón y Sesé. Su llegada a El Burgo de Osma se produjo a mediados del mes de agosto y el día 22 de este mes mantuvo en la catedral reunión con las altas dignidades del obispado oxomense. Después en la primavera de 1683 organizó una visita pastoral por todos los pueblos de su diócesis para recabar información de su estado. Su preocupación por sus fieles y las grandes obras benéficas que llevo a cabo durante su mandato hicieron que se le conociera en todo el obispado como el obispo más limosnero que se había conocido, prueba de ello era que gastaba en las mismas los 62.000 ducados que le producía anualmente el Obispado.

Conocedor de que la villa del Burgo de Osma atravesaba momento de dificultades le dio 2.000 ducados para restablecimiento del pósito de grano. Acudió en ayuda de la catedral en diferentes ocasiones aportando dos mil doblones para salir del empeño en que se encontraba y costeó para la capilla mayor de ésta una colgadura de terciopelo carmesí, guarnecida de ricas franjas de oro. Una de las obras más importantes consistió en la reedificación del antiguo hospital de San Agustín, fundado en 1468 por el obispo Pedro de Montoya, dada las condiciones que presentaba el edificio y las limitadas conveniencias para los enfermos. Una extraordinaria obra que se inició en 1694 y se terminó en 1701, que diseñaron los arquitectos Ignacio Moncaleán y Pedro Portela y que dio amplitud a las salas de acogida a los enfermos y solidez al edificio con la construcción de una fachada de sillería, adornadas sus ventanas con rejas y balcones y dos torres flanqueando un cuerpo central en la que se encuentra el escudo de armas de Fray Sebastián y en el centro la estatua de San Francisco Agustín, y más abajo dos hornacinas a ambos lados con esculturas de San Francisco y San Sebastián, obras que hicieron los escultores Fernando Mazas y Miguel de Agüero. Una suntuosa obra que le supuso al prelado un desembolso de de más de 80.000 ducados. Aún así, dejó para la ayuda y manutención del Hospital y para la asistencia de los pobres más de 14.000 ducados. En la sala que mira al mediodía día del Hospital, se mostraba un retrato de Fray Sebastián en acción de dar limosna a los pobres, según cita el historiador Loperráez Corbalán, cuadro que se encuentra desaparecido.

Hospital de San Agustín recontruido por el prelado navero.
Hospital de San Agustín recontruido por el prelado navero.

Se cuenta que Fray Sebastián no conocía la moneda y entre otras anécdota se dice que un labrador fue a pedirle 500 reales para comprar un buey y el buen obispo le dio 100 ducados. Después le hizo saber su mayordomo el poco caudal que tenía en su haber, rogándole fuera más cauteloso en las dádivas, respondiendo el prelado “¿Eso es mucho?. Más pedía el labrador, pues quería quinientos reales” a lo que replicó el mayordomo “Señor, de ese modo le ha dado su Ilustrísima más que duplicado, porque cien ducados son mil cien reales”, a lo que respondió el obispo, “Aún por eso callaba el picarillo”.

Fray Sebastián falleció a los 84 años de edad en el Burgo de Osma, el 20 de enero de 1704 y fue enterrado en la Capilla Mayor de la catedral a los pies del venerable obispo D. Juan de Palafox. La figura humana y bondadosa que representó el obispo Sebastián de Arévalo y Torres, como se ha dicho anteriormente, no fue correspondida por las autoridades del Cabildo y religiosas del Burgo de Osma ya que poco antes de morir pidió ayuda económica ante la necesidad económica que atravesaba y que no le daba para mantener la casa ni comida para los criados. Pedía al cabildo le ayudase con alguna cantidad, aunque fuera con los mil reales que tenía entregados para que le dijesen misa después de su fallecimiento. Al final no se le concede la ayuda y murió en la pobreza. Como se ha dicho fue enterrado en la capilla mayor de la catedral, que en 1964 se hizo obra cubriendo el altar con losas de mármol por necesidad de adaptar el altar a los cambios introducidos en la celebración de la homilía. Los restos y lápida del obispo Juan Palafox fueron enterrados en una capilla nueva, la tumba y lápida de Sebastián de Arévalo quedaron sepultadas debajo de las losas relegándole al más absoluto olvido.

Cuenta la leyenda popular de su pueblo natal, recogida por Francisco Sanz de Frutos en el libro parroquial de 1877, que estando de pequeño cuidando ganado se le acercó un viajero importante a pedirle agua y no habiendo ninguna fuente le llevó a beber de una charca, lo que le supuso tal vergüenza que dijo que si algún día llegara a obispo dotaría a su pueblo con una fuente con caños y todo. Como el viajero vio en el niño cierto nivel de inteligencia se comprometió a darle estudios. Nada más alejado de la realidad ya que como ha quedado dicho al principio de este reportaje el susodicho niño procedía de una familia acomodada y con posibilidades económicas por pertenencia a la categoría social de hijosdalgo y además uno de los requisitos imprescindibles para ser obispo era no haber sido pobre ni haber pedido limosna alguna.

A pesar del vinculo familiar que tenía con La Nava y pasar los años de niñez en este pueblo, no se tiene noticas de que una vez que emprendió la carrera religiosa volviera a Nava, al menos durante su cargo de obispo porque una presencia tan importante se habría hecho constar en los libros parroquiales y por lo investigado desde 1619 a 1704 en dichos libros no se ha dado con referencia alguna. Eso no quiere decir que no tuviera presente a su pueblo natal ya que le dedicó importantes donaciones. La primera estuvo en la construcción de la fuente que mandó construir a su costa en 1683, una fuente con dos caños característica del arte manierista, que cuenta con una esbelta espadaña de frontón partido, bolas herrerianas y línea de imposta y un segundo cuerpo de pillastres cajeados, resaltando en el centro el escudo de armas del obispo y una inscripción con la fecha de su construcción y quién lo mandó construir. Para su conservación y reparación hizo una donación de 15.000 reales de vellón, según escritura pública redactada el 28 de diciembre de 1694 en el Burgo de Osma por el escribano Andrés Garnica en presencia de Andrés González, Antonio González y Juan Paradinas, regidores y procuradores del Estado Común de La Nava.

El año de 1689 regaló a la parroquia un conjunto de candelabros de plata, que el 13 de noviembre de 1690, por encontrarse el obispo en Valladolid, fueron a recogerlo cuatro guardias desde La Nava, pagándose por el viaje 402 reales más 30 crestas y 24 reales, pan y media cantara de vino que se dió al capellán de Fray Sebastián. En agradecimiento a este detalle la parroquia navera le envió para la Pascua una docena de panes, seis cántaras de vino y unos barriles de mosto. También se comprometió a celebrar perpetuamente el aniversario del obispo y repartir entre los pobres ocho reales ese día, que en el año 1984 la cantidad era de 25 pesetas. Ya no se hace, como tampoco que en la noche de cada Aniversario el aguacil avisaba puerta a puerta su celebración y a quien no asistiera se le sancionaba con cuatro reales.

El año de 1867 teniendo noticias el cura Francisco Sanz de Frutos que en el Museo Provincial se hallaba un cuadro de Fray Sebastián, se pensó traerlo para Nava, primero mandando hacer una reproducción al pintor y director de Bellas Artes Mariano Quintanilla, como el trabajo suponía un coste de 500 reales y no disponer de fondos ni el Ayuntamiento ni la Iglesia, Sanz de Frutos acudió a las influencias que tenía su amigo diputado provincial, José Llorente García y su tío Vicente Ruiz para que gestionaran la cesión del cuadro al pueblo navero. La Diputación mediante decreto accedió a lo solicitado y el 14 de mayo de 1869 el vecino Eustaquio Santos Calle, apodado “Botana”, salió a recogerlo con su carro tirado por dos burros. Dos días después volvió con el cuadro y a las dos de la tarde se paró en la zona de las bodegas, a la entrada al pueblo por el camino de Santa María de Nieva y pasadas dos horas a son de campanas y explosión de cohetes fueron a recibirle en comitiva autoridades y vecinos como si realmente fuera su persona física la que llegara al pueblo que le vio nacer. La comitiva tuvo que parar en la Cruz de Piedra ante la curiosidad de la multitud de vecinos deseosos de ver el cuadro. A partir de aquí el cuadro preside la homilía que se le dedica cada 20 de enero, junto al conjunto de candelabros y la corona de negro azabache que regaló al Ayuntamiento en 1945. El Ayuntamiento quiso honrar también a Fray Sebastián con la dedicación de una calle, algo que no se realizó hasta 1926, siendo alcalde el maestro Zacarías Casado, nombrando una la mitad de la calle Real, desde el Caño Viejo hasta las Cuatro Calles, calle Fray Sebastián.

En 1983 por mediación del Ayuntamiento el escultor y paisajista José María Moro realizo una escultura de bronce del obispo navero sobre un pedestal de granito que se instaló en el centro de la plaza donde se encuentra el Caño Viejo o del Obispo. Un año después el Festival de Cine de Nava de la Asunción presentaba un cortometraje sobre la vida y obra del Fray Sebastián, bajo la dirección y guión de quien firma este reportaje. En su memoria un centro educativo, el centro de pensionistas y jubilados y un hotel del pueblo llevan su nombre.

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