La central nuclear de Santa María de Garoña amaneció ayer lunes en un nuevo escenario, el que augura el cese definitivo de su actividad, tras la decisión de Nuclenor de no prorrogar su vida más allá de este mes. A las 23 horas del domingo se produjo la anunciada parada del reactor dentro de la programación señalada hace una semana por la empresa propietaria.
Una treintena de trabajadores se encargó de la parada del reactor de la planta atómica del Valle de Tobalina. Alrededor de las 18.30 horas, el último turno entró en la fábrica ante la atenta mirada de unidades móviles de distintas televisiones regionales y nacionales. La tranquilidad fue la tónica general de una jornada que podría haber marcado el final de 41 años de actividad nuclear.
Según informó el portavoz del comité de empresa de la central, Alberto César, en los trabajos se emplearon entre 25 y 30 personas que entraron en el segundo de los dos turnos de 12 horas cada uno, programados para esta fecha. Tras el «apagado» del reactor, se inicia un nuevo periodo consistente en el enfriamiento del núcleo y traslado del material desde el reactor hasta la piscina de almacenamiento. En el proceso de enfriamiento durará hasta hoy martes, mientras que el tiempo que resta hasta el 25 de diciembre se empleará en llevar el plutonio y el uranio hasta la piscina de almacenamiento. Este combustible permanecerá en la piscina alrededor de dos años y medio, como mínimo, hasta que se enfríe.
Al no existir en España todavía un Almacén Temporal Centralizado (ATC) para ubicar los residuos de alta actividad que producen las centrales hasta que se construya un emplazamiento definitivo, la central aloja todos los elementos combustibles gastados desde que inició su producción en 1971.
Nuclenor informó de que todos los equipos y sistemas de la planta actuaron según lo «esperado» sin ninguna «incidencia reseñable», subraya la empresa, que asegura que «las tareas se han desarrollado según el programa previsto con total normalidad».
El comité de empresa ve con preocupación la decisión tomada por Nuclenor, por lo que espera que Endesa e Iberdrola, «las partes fuertes de la decisión», puedan llegar a un acuerdo con el Gobierno central. «Este país y esta provincia no pueden permitirse perder Garoña porque sería de locos», confesó.
En este sentido, la cascada de reacciones tras la decisión de Nuclenor no cesa. Es curiosa la postura de los empresarios. Así mientras el presidente de la patronal a nivel nacional, Juan Rosell, aseguraba que no se podía «obligar» a Nuclenor a perder dinero con la continuidad de la central burgalesa, desde Cecale, se calificaba el cierre de «preocupante» porque pertenece a un sector «estratégico» y confió en que la «cordura y la buena voluntad» reine para que Garoña no acabe cerrando «definitivamente».
Por su parte, el secretario provincial del PSOE de Burgos, Luis Tudanca, reclamó a la Junta de Castilla y León una inversión de diez millones en un plan alternativo y de dinamización para la comarca y el entorno de la central nuclear para «dar esperanza» a los vecinos del Valle de Tobalina ante el inminente cierre de la planta.
Por último, el alcalde del Valle de Tobalina, Rafael González Mediavilla, pidió «ayuda» al Gobierno ante el «grave problema» que supone el cierre de la central para la comarca. González comentó que desde hace semanas han reclamado entrevistarse con el ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria para buscar soluciones.
