La Nava, según el censo histórico del diccionario Madoz de 1850 era un lugar de terreno llano y pantanoso por las abundantes aguas que recogía, cuyos caminos en época de lluvias abundantes se hacían intransitables, en particular cita el de Valladolid a Segovia al salir del término municipal. Dicho diccionario recoge que Nava de la Asunción contaba con “300 casas de mediana construcción distribuidas en 48 calles, 2 plazas y 2 plazuelas hay casa de ayuntamiento, cárcel; escuela de instrucción primaria; una hermosa fuente con 2 caños y su buen pilón, cuyas aguas son exquisitas y abundantes; diferentes pozos en las casas, que se utilizan para el uso de los ganados, y una iglesia parroquial (la Asunción de Ntra. Sra.) servida por un párroco”. Época en el cual el abastecimiento de agua para consumo humano procedía de manantiales naturales o de los pozos de cada vivienda particular como cita Pascual Madoz en este diccionario geográfico-estadístico que elaboró siendo ministro de Hacienda por el partido Progresista durante el reinado de Isabel II. Tampoco había lavaderos públicos y en su lugar esta tareas se realizaban bien aprovechando el cauce de las caceras, la de los ríos Voltoya y Eresma o el agua de los pozos. Una abundancia de agua que generaba fuentes naturales en todo el término municipal, que incluso corrían en verano sirviendo de puntos para saciar la sed a los pastores sin tener que llevarla en el morral.

De la fuente que señala Madoz evidentemente se refiere a la del Caño Viejo o del Obispo, que Fray Sebastián de Arévalo y Torres mandó construir en 1683 cumpliendo así su palabra de que si llegaba a obispo dotaría a su pueblo de una fuente con caños. Será este caño el único servicio público de agua potable hasta finales de la cuarta década del siglo XX. Muchas generaciones bajaban con los cántaros a por agua y al mismo tiempo se aprovechaba el momento para compartir charla con las amigas y amigos que frecuentaban la fuente. También su pilón se utilizaba como abrevadero de animales y de tirar algún forastero a sus aguas en tiempos de cuando la tradición mandaba “pagar la costumbre” al joven forastero que pretendía a una moza del pueblo. El abastecimiento de agua del Caño Viejo llegaba canalizado desde los Cañamares dada la abundancia de agua por esta zona y por estar la fuente situada en un considerable desnivel lo que favorecía que la conducción se produjera por propia gravedad. Un canal hecho de material cerámico al que Fray Sebastián donó una cantidad de 15.000 reales de vellón para su conservación y mantenimiento, pero ya el año de 1940 debido al mal estado que presentaba debió de ser sustituido por una tubería de hierro. La sequía que se produjo años después incidió notablemente en la bajada de los manantiales que dejaba prácticamente sin agua a los caños sobre todo en los veranos y por este motivo el año de 1953 comenzó a abastecerse de la nueva red municipal de agua potable realizada.

La Nava de abundantes aguas superficiales, de bodones y manantiales que describía Madoz cambió por completo y el Ayuntamiento se vio en la obligación de llevar a cabo una captación de agua que asegurara el abastecimiento. Obra que llevó a cabo en 1946 haciendo un pozo en la zona del prado de Navaverde para conducir el agua hasta el depósito que hoy se encuentra en desuso en las inmediaciones del punto limpio. Con estas obras el pueblo mejoraba en el suministro de agua potable creando una red de abastecimiento por las calles principales del municipio, que se completaría a principios de la década de 1950. Una red que no llegaba a todos los barrios del pueblo y disponer de ella a domicilio sería por cuenta del propio vecino que lo solicitara. Como ejemplo los vecinos del barrio de la Cruz (actual calle Inés Lozano y Pérez Villanueva) solicitaron la instalación de un caño, que les fue denegada bajo el argumento de que no estaba prevista la ampliación de la red por lo alejado que se encontraba el barrio. Años después se concede la petición y se instala un caño en la segunda bocacalle de Inés Lozano.
INSTALACIÓN DE CAÑOS PÚBLICOS EN LOS BARRIOS
El hecho de no disponer muchas viviendas de agua corriente llevó a los responsables municipales a instalar en diversos sitios estratégicos un caño público para solucionar el problema. Los puntos donde se instalaron se centró en el barrio de Portugal, de Coca, San Blas, Plaza de la Asunción y de José Patala, que a partir de 1961 se amplió a la calle Pozo Bueno y otro a la esquina de las confluencias de la calle Ramón y Cajal y Teodoro Lázaro, para completarse la instalación dos años después en la calle Palomares y carretera de Nava de Oro pasado el ferrocarril. Con anterioridad, en 1949 se construyó una fuente con caño y pilón en la rinconada de la Plaza de Sonsoto, también para que sirviera de abrevadero para el ganado.

La red general de abastecimiento y saneamiento llegaría a la mayoría de las viviendas del pueblo años después y durante la emigración de la década de 1960 son numerosas las solicitudes de licencias que llegan al Ayuntamiento para disponer de agua corriente y un cuarto de baño. Antes las necesidades fisiológicas de aliviar el intestino se hacían bien en el corral o en la cuadra del burro y en las viviendas de familias con posibilidades económicas en una taza con desagüe a un pozo negro. La modernización a este nivel trajo consigo la necesidad de llevar a cabo una red de saneamiento y alcantarillado por motivos de salud e higiene pública, que se agudizaba con la pertinaz sequía y el estancamiento de las aguas del arroyo de la Mora, donde iban a para todas las aguas residuales de gran parte del pueblo junto a las de la cacera del Romazal. El arroyo de la Mora a travesaba el pueblo desde la calle Julio Llorente hasta desaguar en el Bodón Largo cruzando la carretera hacia Santa María a la altura de la calle Fray Sebastián, para continuar por el Vivero, zona donde actualmente se encuentra la Residencia de Ancianos “La Alameda”, y cruzar la carretera de Santiuste para desaguar en el citado bodón. Fue canalizado y soterrado a su paso por las viviendas de la colonia Marín Pérez.

Continúa la pertinaz sequía creando largas colas en lavaderos y fuentes cuyo estado de las aguas se teme ponga en peligro la salud de los usuarios. Ante esta situación los responsables del Ayuntamiento a principios de julio de 1954 toman medidas muy duras restringiendo el uso y consumo del agua. La continua sequía de estos años baja tanto el caudal de los manantiales que se teme que el pozo de captación se agote y deje sin abastecimiento de agua al pueblo, por este motivo el año 1964 se decide hacer un nuevo pozo de seis metros de profundidad al lado del hecho años antes en el prado de Navaverde. Aunque volvieron las lluvias, y de forma torrencial el año de 1966 causando graves daños que llevaron al Ayuntamiento a pedir a la Diputación Provincial una ayuda de 200.000 pts., los manantiales ya no se recuperaron y el año de 1998 se hizo una nueva perforación de 275 metros de profundidad, en el cordel de “Los arrieros”, para bastecer el depósito de la cañada “Grande”.
LOS LAVADEROS PÚBLICOS
El primer lavadero público cubierto se edificó hacia 1891, anexo al Caño Viejo contaba con dos senos donde uno servía para el lavado y el otro para el aclarado de la ropa. Ello supuso cierta comodidad para las mujeres que realizaban esta tarea al quedar resguardada de las inclemencias del tiempo y dejar de hacerlo en las aguas de los bodones, de las caceras y de los arroyos. Se convirtió en un lugar de convivencia, de comentarios y de fuertes discusiones. El edificio era de un estilo arquitectónico muy singular diferenciado de los lavaderos que por esos años se construyeron en la provincia. El año de 1953 fue restaurado ante el mal estado que se encontraba amenazando derrumbe. Estuvo en servicio hasta principios de los años 1970, que fue derribado varios años después, para que el Ayuntamiento dispusiera de una parcela. Al igual que sucedió con el espacio que ocupaba el Vivero del Estado desde 1891, de cuya arboleda el pueblo podía disponer del 25 por ciento.

Como el pueblo iba creciendo en población se vio la necesidad de construir un lavadero más y se hizo en la carretera de Moraleja en la zona de los Barreros. Se le denominó popularmente “Fuentes de Arriba”, también era cubierto pero de una construcción más baja de altura y más ordinaria. Se derribó a mediados en 1980 para dotar a la piscina municipal de otro vaso de baño infantil y ampliar los vestuarios.

Para completar el servicio debido al aumento de usuarios se hicieron otros dos lavaderos al aire libre, uno en las inmediaciones del depósito de agua y el otro, con dos senos y caño incluido, en el barrio de Coca, en lo que hoy es el inicio de la calle Cervantes. Éste no fue derribado y quedó enterrado, hacia 1990, en ese pequeño espació que forma la plazoleta de este lugar, de esta forma queda para descubrir un vestigio de lo que fueron otros tiempos de medios y forma de vivir muy distintos a los confortables de ahora.
