Enero siempre fue mes de balances y de promesas, y Madrid, vieja comerciante de ferias y congresos, vuelve a ponerse la chaqueta buena para recibir al mundo. Del 21 al 25 de enero de 2026, los pabellones de IFEMA vuelven a latir con el pulso inconfundible de la Feria Internacional del Turismo, FITUR, que en su cuadragésima sexta edición se reafirma como la plaza mayor donde se compra, se vende y se discute el porvenir del viaje.
No es solo una feria, aunque lo parezca. Son nueve pabellones y diez mil empresas de ciento sesenta y un países, cifras que no necesitan adjetivos para imponerse. Ciento once naciones acuden con representación oficial, diez más que el año pasado, y casi un millar de expositores titulares despliegan banderas, folletos y ambiciones. La geografía se ordena en pasillos, la diplomacia se sirve en vasos de café, y el negocio —ese animal paciente— espera su momento.
Invitados
Hay nuevos invitados a la mesa. Dieciocho países se suman a FITUR 2026, con especial peso de África y Asia-Pacífico, regiones que, según ONU Turismo, lideran el crecimiento mundial de llegadas. Abu Dabi y Dubái traen su brillo de acero y cristal; Zanzíbar, la promesa de un océano antiguo; Castilla y León y Segovia añaden propuestas que afinan su relato. El mapa se mueve, y Madrid lo observa con la calma de quien sabe que aquí se viene a ser visto.
FITUR es punto de encuentro y termómetro de una industria en expansión. Madrid vuelve a ser el epicentro del diálogo global, y España, anfitriona y sede de la organización turística de Naciones Unidas, exhibe músculo para atraer viajeros y generar tendencias. Palabras medidas, pero con fondo: el turismo ya no es un complemento, es columna vertebral.
Los números acompañan. Más de mil cien millones de viajes registrados hasta septiembre y un cinco por ciento de aumento en llegadas durante 2025 dibujan un escenario de crecimiento sostenido.
España no lidera solo por volumen, sino por gestión e innovación. El modelo turístico del mañana deberá ser sostenible en lo económico, lo social y lo ambiental, o no será. Transformación como palabra clave, responsabilidad como peaje inevitable. No hay atajos.
FITUR 2026 quiere ser algo más que escaparate. De ahí el estreno del Pabellón del Conocimiento, en el número 12, abierto durante las jornadas profesionales. Ocho auditorios, diez programas, más de doscientas sesiones y doscientos cincuenta ponentes dibujan un cerebro colectivo donde se piensa el turismo antes de venderlo. Allí conviven la nueva sección FITUR Experience, que explora el viaje como vivencia transformadora, y la primera Cumbre Internacional de Comunicación y Turismo, llamada a debatir la verdad, la reputación y el ruido en tiempos de verificación urgente.
La tecnología, inevitable, ocupa su espacio. El área de Travel Technology duplica superficie y reúne a más de ciento noventa empresas que digitalizan la cadena de valor del sector. No es futurismo, es supervivencia. FITUR es plataforma global de negocio, lugar donde se cierran acuerdos y se fijan prioridades. El romanticismo queda para los folletos.
México
México llega como País Socio, y realizará un espectacular despliegue en la Feria en un contexto de crecimiento turístico en el país, del 14% de enero a septiembre de 2025, según datos de Sectur, y mirando al quinto puesto como país más visitado del mundo.
