Que España pase a un segundo plano en una cumbre del G-20 es bueno. Más aún teniendo en cuenta que hace un año, en la anterior cita de los principales líderes mundiales, la economía nacional ocupaba buena parte de los debates, con la prima de riesgo disparada y situándose por encima de los 600 puntos y la amenaza de un inminente rescate cerniéndose sobre el país. Ayer, el presidente, Mariano Rajoy, llegó a San Petersburgo con los deberes hechos (la prima cerró en 259 enteros) y exhibiendo los datos que acreditan la mejora de las finanzas patrias que, según indicó un día antes el ministro de Economía, Luis de Guindos, podría cerrar el año por encima de lo esperado y empezar 2014 con un crecimiento superior al previsto inicialmente.
Con esa misma sensación se acercó el jefe del Ejecutivo de EEUU, Barack Obama, a Rajoy, al que trasladó su percepción de que la economía española está recuperándose y que las reformas emprendidas por el Gabinete del PP empiezan a dar resultado. Unas palabras con las que el líder de los populares coincidió, si bien agregó que había que seguir trabajando y adoptando medidas.
Según indicaron fuentes de la Moncloa, el mandatario norteamericano se acercó al dirigente conservador para manifestarle su deseo de reunirse en Washington, al tiempo que le comunicó que ha dado instrucciones a su equipo para que ese encuentro se produzca en los próximos meses.
También positiva fue la impresión del presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, quien aseguró que quedan pocos aspectos por solucionar en la banca española.
«Hay algunas cuestiones que siguen ahí, pero se resolverán sin ninguna medida que afecte a la liquidez o la solvencia de las entidades españolas», aseveró durante la rueda de prensa posterior a la tradicional reunión mensual del organismo emisor, donde decidió mantener los tipos de interés en su mínimo histórico del 0,5%.
Según el economista italiano, el programa de asistencia financiera prestado al Gobierno de Madrid por sus socios europeos y que ha conllevado la recapitalización y reestructuración de entidades sigue en curso, pero no ve indicios de una nueva ayuda comunitaria gracias a los avances en territorio nacional.
Entre los progresos realizados por España en la aplicación del plan de rescate financiero, Draghi destacó la recapitalización de entidades, las reformas adoptadas en el sector y la entrada en funcionamiento del llamado banco malo. «La reforma de las cajas de ahorro ha sido integral», apuntó.
Por otro lado, en su comparecencia, el jefe del BCE aseguró que la entidad prevé una contracción de la eurozona de un 0,4% en 2013, en base a sus pronósticos macroeconómicos, que mejoran al alza la última estimación del organismo en dos décimas.
Asimismo, el Banco Central Europeo espera un crecimiento de un 1% en 2014, una décima menos de lo anunciado anteriormente. Esta rebaja es debida a que los riesgos siguen siendo a la baja por, entre otras causas, el derivado de una posible subida de las materias primas debido a las tensiones geopolíticas o una aplicación más lenta de lo esperado de las reformas en los diferentes países miembros de la región de la moneda única.
Entre tanto, y horas antes de iniciar la cumbre del G-20 en San Petersburgo, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, aseguró que ve «signos positivos» de recuperación en la economía comunitaria, pero avisó de que es «prematuro» dar por resuelta la crisis de la eurozona.
«Los profetas del día del juicio final del euro se equivocaban. Como siempre hemos dicho, la moneda seguirá siendo una divisa muy estable, fuerte y creíble. La resistencia de las financias europeas se confirma», manifestó en una rueda de prensa previa al encuentro de los líderes del mundo.
«Pero no hay margen para complacencia por el inaceptablemente alto nivel del paro. Es prematuro declarar la crisis como terminada y resuelta, debemos perseverar en nuestra estrategia de crecimiento y empleo», resaltó el portugués, que pidió a los Estados miembros que sigan con las reformas y la construcción de una unión bancaria.
