La historia de la humanidad, que su estilo actual nace con el siglo del nacimiento de Jesucristo, ha mantenido vivo el espíritu navideño que decimos, y pasando por las distintas etapas que han fortalecido o han disminuido el significado de estos días, según en muchas ocasiones, conforma las ideas religiosas que se acrecieran o disminuyen, lo cierto es que la Navidad –como la Semana Santa- han conseguido salvarse, como se salvó Noé y las especies humanas y animales elegidos, del famoso diluvio.
Contra viento y marea subsiste la tradición y permanencia los villancicos, de estas pequeñas partituras –alguna puede ser realmente meritoria en muchos aspectos- siguen ahí. Y ahora acabamos de comprobarlo hace unos días con su interpretación en la capital y en la mayoría de los pueblos, a cargo de agrupaciones vocales, musicales e incluso solistas.
Aunque la interpretación de villancicos existe en muchos países, sobre todo su fuerte tradición se conserva en el centro de Europa, donde la historia demuestra que no ha influido para ello la cuestión política, cosa que sí ha sido determinante en otros, el nuestro por ejemplo, cuya interpretación se producía según también los vientos políticos soplaban en España.
Ahora, a pesar de todos los pesares, dimes y diretes de los políticos de turo, el villancico –“autorizado o no”- ha seguido presente entre nosotros, y sobre todo los vientos que ahora soplan y le han conservado en programas oficiales, y no solo para su interpretación callejera, sino también –y con mayor significado- en el interior de los templos y en las ceremonias religiosas más solemnes en ellos.
Muchos de mis amables lectores –a los que agradezco su atención hacia estos escritos- recordarán tiempos pasados en los que las costumbres navideñas eran más religiosas, más íntimas, más familiares, tanto en las reuniones como en las mismas “juergas familiares” callejeras, dado que era frecuente la presencia en las calles de pequeños coros que incluso acudían, en la Nochebuena, a los templos, sin olvidar las panderetas y zambombas en estas ocasiones.
Los títulos y contenidos de los villancicos hacen siempre referencia a las estampas de la Navidad, y algunos de ellos, en distintos idiomas, han llegado a la inmortalidad, primero en el lugar de su nacimiento y después extendiéndose por el resto de países en las diferentes versiones ofrecidas por los diversos idiomas.
Gracias pues, a todas las autoridades segovianas hoy responsables de la capital y de los pueblos de nuestra provincia, que han sabido mantener viva la histórica tradición musical de los villancicos, en algunos lugares incluso con ideologías diferentes. Como aquel buen hombre de escasa ideas religiosas y contrario a ellas, pero que decía ¡ojo! con quien nadie tocara a su Virgencita.
En fin, la Navidad ha quedado atrás, con sus bellezas, sus recuerdos y su comunicación entre las personas de uno y otro pensamiento. Porque en el fondo de cada uno de nosotros se sentirán de una u otra forma, el recuerdo de la venida del Niño Jesús a Belén.
