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ENTRE ALASKA Y EL ‘UN, DOS, TRES’… UN ESTATUTO

por Redacción
21 de febrero de 2013
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ebrero de 1983. Gabinete Caligari, Alaska y Pegamoides, Radio Futura o Nacha Pop alucinaban con sus nuevos sonidos a los jóvenes, mientras en la televisión la serie ‘Dinastía’ y el ya legendario ‘Un, dos, tres’ amueblaban los recuerdos de familias enteras. La barra de pan costaba 20 pesetas (12 céntimos de euros) y el litro de leche, unas 65 (40 céntimos).

La sombra del 23-F no se había desvanecido aún cuando los políticos ultimaban el Estatuto de Castilla y León, el documento que daría carta de naturaleza a la Comunidad y que el Rey ratificó con su firma el día 25 de ese mes, mientras en la calle los obreros vestidos de pana y los estudiantes, con vaqueros, comenzaban a mezclarse, tímidamente todavía, con tribus urbanas como punkies o poperos.

Las ciudades, con sus fábricas y gigantescos supermercados, otra novedad más de aquellos tiempos, seguían siendo el sueño de muchos habitantes de las nueve provincias, que abandonaban el campo, como ya hicieran sus padres en los 60, en busca de un futuro mejor, un campo, por cierto, que ya contaba con sindicatos agrarios y con una incipiente mecanización.

Aunque el pujante papel de las ciudades era incuestionable, es imposible no tener en cuenta que Ávila, Burgos, León, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid y Zamora tenían, y tienen, su principal seña de identidad en el mundo rural, con poblaciones diseminadas y envejecidas, tal como reflejó años después el leonés Julio Llamazares en ‘La lluvia amarilla’.

El etnógrafo y folclorista zamorano Joaquín Díaz ya había recorrido muchos pueblos, para registrar con su magnetófono de válvulas Akai, de 20 kilos de peso, la memoria de los ancianos, «su gran sabiduría y un bagaje cultural de muchos siglos». Para Díaz, en esos primeros años de los 80 «el mundo rural vivía su peor momento, porque nadie quería saber nada del pasado y todo era progreso y alegría en las ciudades».

Como contrapunto, Joaquín Díaz advierte un «atisbo de recuperación del nombre de lo propio», tanto de los ciudadanos como de las instituciones. En esa línea, apunta que el Estatuto «despertó entre los jóvenes cierta curiosidad e interés por lo propio».

El secretario regional de UPA, Julio López, trabajaba entonces con su padre en la explotación familiar de Tornadizos de Arévalo (Ávila) y era miembro de la Asociación Campesina Abulense, ligada a COAG, que ayudó a crear en 1977, cuando aún era «clandestina». «En 1983 empezábamos a ver la libertad que tanto echábamos de menos», señala, para matizar que «había mucha gente en los pueblos y mucho trabajo en el campo».

López afirma que «había una gran satisfacción y mucha ilusión, que ahora está faltando». A ello contribuyó también el Estatuto, que, según Julio López, «consolidó de manera palmaria la autonomía, que ya estaba funcionando antes».

El presidente regional de Asaja, Donaciano Dujo, acababa de concluir la EGB en 1983 e «iniciaba la actividad agrícola y ganadera» en la explotación familiar de Ledigos (Palencia). Para Dujo, esa época marcó «el inicio de un importante avance» en el campo, con «nuevas técnicas y maquinarias», aunque también con incertidumbres.

Mientras, en las ciudades, los pequeños comercios se enfrentaban a la llegada de las grandes superficies, como Continente -actual Carrefour-, que desembarcó en Valladolid en noviembre de 1981.

Las urbes también concentraban la mayoría de las industrias y en aquel momento destacaba FASA-Renault, tanto en Villamuriel de Cerrato, a cinco kilómetros de Palencia, como en Valladolid.

Y mientras esto sucedía, la televisión se consolidaba como medio de información y entretenimiento. El ‘Un, dos, tres’ de Ibáñez Serrador, con Mayra Gómez Kemp y la calabaza Ruperta, reinaban en la noche de los viernes. Los martes se emitía la serie ‘Dinastía’.

Los más pequeños disfrutaban con ‘El libro gordo de Petete’, ‘La cometa blanca’ o los dibujos de ‘Dartacán y los tres mosqueperros’.

El vallisoletano Carlos ‘K’ Ramírez, propietario de la desaparecida tienda ‘Discos K’, mítica para una generación, explica que «indudablemente Radio3 era la protagonista entre la audiencia con inquietudes más allá de lo comercial… Y Radio Futura, Parálisis Permanente, Gabinete Caligari, Alaska y Pegamoides, Derribos Arias, Loquillo o Nacha Pop, los sonidos estrella».

León y Valladolid eran los dos «epicentros» del panorama castellano y leonés. De León es «imposible olvidar» a Los Cardiacos o Los Deicidas. Y en la capital del Pisuerga surgieron «grupos de todo tipo», desde Los Disidentes, una banda punk «con gran repercusión a nivel nacional», hasta Los Reflejos. Por supuesto, en vinilo.

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Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

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