Hace casi 60 años que los descendientes de Francisca Sanz se reúnen a comienzos de marzo para recordar la figura de esta mujer, nacida en Cabezuela a comienzos del siglo pasado.
Enviudó al poco tiempo de dar a luz a una hija. Tuvo entonces que afrontar la dura carga que suponía una prole de siete vástagos que apenas podían valerse. Al mayor, Manuel, le tocó asumir el papel de cabeza de familia y responsabilizarse del siguiente de los hermanos; y así, de forma sucesiva al resto de los hermanos.
Francisca Sanz no sólo debió ejercer de ama de casa. También de empresaria, pues la fábrica de ladrillos que tenían había dejado de estar gestionada por su marido, Doroteo San Frutos. Con mucha dificultad logró salir adelante. Era una época en la que si algo sobraba era la escasez de todo.
Aun así, ella decidió iniciar una fiesta atendiendo a la devoción religiosa que profesaba al Cristo de Medinacelli, al que se venera el primer viernes de marzo. Y así se mantiene desde hace seis décadas. Aunque ella falleció, sus descendientes -que alcanzan su cuarta generación- siguen celebrando la fiesta de Jesús Nazareno. Sin embargo las obligaciones laborales, tanto de hombres como de mujeres, o las docentes de los más jóvenes, han obligado a trasladar esta reunión familiar al sábado siguiente para facilitar los desplazamientos de todos los San Frutos.
La ‘abuela Paca’ agradeció siempre al Cristo la unidad familiar que supo mantener y gracias a la cual sacó adelante su hogar y el trabajo en la empresa de producción de cal, tejas y ladrillos.
La fiesta se conmemoraba principalmente en torno a una celebración religiosa, con novena incluida. Y llegó a alcanzar tal importancia que se completó con una procesión portando la figura del Cristo Nazareno. La imagen fue adquirida por Francisca Sanz para la Parroquia y se convirtió así en el patrón de toda la familia. El sacerdote concedió una bula para que en la celebración pudiera comerse aunque fuera Viernes de Cuaresma. La abuela Paca murió a los 95 años, con el rosario en las manos. Después han fallecido dos de sus siete hijos (cuatro mujeres y tres hombres). A todos les transmitió la importancia del esfuerzo y la devoción religiosa, así como la necesidad de conservar la unidad familiar como uno de los principales valores sociales, y como forma de ayuda mutua.
Hoy se ha alcanzado la cuarta generación de descendientes, que siguen reuniéndose a comienzos del mes de marzo. La convocatoria junta cada año a más de medio centenar de familiares residentes en distintos puntos de la provincia. Y ahora es habitual celebrar el encuentro de la comida en un punto distinto de la geografía segoviana, aunque la cita religiosa permanece en la Parroquia de Cabezuela. Aquí tuvo lugar durante muchos años la reunión gastronómica que luego fue variando a Cantalejo, San Miguel de Bernuy… Este año se trasladó a Turégano y al próximo se irá a Cuéllar previsiblemente.
La ONU marcó en 1975 el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Francisca Sanz instauró su propia celebración hace 70 años, y hoy continúa.
