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En el punto de mira

por Redacción
1 de julio de 2012
en Nacional
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En Bruselas, en los países de la Unión Europea, en Estados Unidos y en las instituciones del mundo entero les llaman la troika. Es el equipo de hombres y mujeres de la UE, el FMI y el Banco Central Europeo que visitan los países que los organismos necesitan controlar o supervisar para comprobar que cumplen los requisitos necesarios para recibir cualquier tipo de apoyo y, si son rescatados, que acatan las condiciones del rescate. Cristóbal Montoro los calificó hace pocas semanas como los hombres de negro al declarar que «no van a venir a España» y ese nombre ha sentado cátedra en nuestro país.

Montoro pecó de imprudente al decir que no iban a venir, porque vendrán. Es más: podría decirse incluso que ya están aquí desde hace meses, porque altos cargos de los Ministerios, e incluso algún secretario de Estado, cuentan abiertamente que han recibido la visita de estos funcionarios para supervisar las cuentas del Estado y solicitar datos minuciosos sobre gastos y presupuestos. ¿Eran los hombres de negro? Oficialmente no, pero desde luego se les parecían. No por la indumentaria sino por sus preguntas y petición de documentos.

A pesar de que España ha salido muy bien parada de la cumbre europea y Rajoy ha logrado su principal objetivo, que la ayuda a la banca en apuros se realizara directamente a las entidades afectadas, para evitar que se sumara a la deuda soberana, los informes que reposan sobre la mesa de los altos cargos de Bruselas ponen el acento en asuntos que irritan profundamente en Europa y que afectan a la credibilidad de los españoles. Piensan las autoridades que no somos capaces de asumir que debemos cambiar drásticamente de vida y semejarnos a las de los países que, como nosotros, son socios de la UE. Y más que a estos informes, Angela Merkel pone especial atención a los que le envía su embajador en Madrid, un hombre que conoce muy bien España entre otras razones porque está casado con una gallega, y que ha cumplido rigurosamente con lo que su Gobierno le había pedido: explicar cómo viven los españoles. Y como la comparaciones son odiosas, su informe, sumado a los de los hombres de negro que no son hombres de negro, son demoledores para porque demuestran, según Bruselas, que nunca hemos tomado las decisiones necesarias para acercarnos a la austeridad.

Mientras Alemania inició hace unos años la reestructuración de los lander e hizo importantes ajustes para diminuir sus competencias, su administración y sus gastos, las cuentas que maneja Europa sobre los gastos de las administraciones autonómicas españolas «les llena de ira», según un funcionario patrio en Bruselas. Tampoco aceptan de buen grado que el IVA sea del 18 por ciento cuando la media en Europa es del 21 por ciento. La sanidad pública española presta más servicios que la de cualquier otro país y sin gastos adicionales para el usuario por servicios que otros Estados de la UE cobran en su totalidad; las tasas universitarias no resisten comparación con las del resto de la UE, los pensionistas pueden jubilarse a los 62 años aplicando fórmulas que no se aceptan en otros países, se han realizado prejubilaciones en la cuarentena, en los últimos años se ha disparado el gasto en infraestructuras y, en plena crisis, se han elevado aún más los gastos autonómicos.

Valoran muy negativamente que Rajoy haya condicionado la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado a la celebración de las elecciones andaluzas. Eso produjo una pérdida de su credibilidad porque daba prioridad a sus intereses políticos sobre la lucha contra la crisis, y sentó muy mal en las alturas que, cuando la UE insistía en sus exigencias de austeridad y de tomar medidas drásticas de reducción del gasto, un alto cargo abriera la puerta a la posibilidad se abandonar el euro, lo que consideraron una amenaza inadmisible.

En este proceso en el que España está en el centro de mira el papel de Merkel es fundamental. La canciller ha perdido poder desde que Hollande es presidente de Francia, y aseguran en Bruselas que es la primera en darse cuenta de que ha perdido influencia a favor del galo que, aparentemente, se ha convertido en el principal valedor de la Italia y España, de Monti y Rajoy. Se ha comprobado en la cumbre que se acaba de celebrar: la germana no quería ni oír hablar de que la ayuda al sistema financiero nacional fuera directamente a los bancos, y ha perdido esa batalla. Rajoy tendrá que moverse con cautela porque ha perdido el favor de la teutona, o al menos parte de él, y la canciller puede ser una peligrosa adversaria cuando el Ejecutivo presente una nueva batería de propuestas de ajuste presupuestario para cumplir los objetivos de déficit.

Mientras se produce esa visita oficial de los hombres de negro, funcionarios de la UE, el BCE y FMI ya están en los despachos de ministerios e instituciones financieras. Lo dicho, no son hombres de negro, pero se les parecen mucho.

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