El 13 de enero de 2010, un grupo de concejales de los ayuntamientos de Campo de San Pedro —gobernado por el PSOE— y Fresno de Cantespino —con mayoría del PP—, visitaron en Madrid las instalaciones de Enresa, la empresa pública que se ocupa de la gestión y almacenamiento de los residuos radioactivos que se producen en España.
Se trataba de los dos primeros ayuntamientos segovianos que mostraban interés por la convocatoria pública realizada por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo (BOE del 29 de diciembre de 2009) para seleccionar el municipio que debía acoger un cementerio nuclear, denominado ‘Almacén Temporal Centralizado’ (ATC).
La divulgación del interés de ambos ayuntamientos en el cementerio nuclear revolucionó durante varias semanas los dos municipios. La polémica alcanzó después a Bernuy de Porreros y Santiuste de San Juan Bautista, pueblos cuyas corporaciones también manifestaron su deseo de participar en el proceso de selección del ATC.
Finalmente, las presiones de partidos políticos y diversos colectivos hicieron desistir a los tres ayuntamientos de su objetivo.
Un año después —y cuando el Gobierno todavía no ha elegido qué localidad albergará el ATC—, varias preguntas rondan en el aire. ¿Qué piensan quienes auspiciaron las candidaturas segovianas?, ¿cómo recuerdan aquellos convulsos acontecimientos?.
José Antonio Martín, alcalde socialista de Campo de San Pedro saca a relucir, cuando se le pregunta por la abortada candidatura de su pueblo, los datos del último padrón. En un año, Campo de San Pedro ha bajado de 375 empadronados a 353. “Somos 22 menos”, apunta el regidor, antes de entrar en materia. “El pueblo está peor que hace un año”, sentencia.
Martín mantiene las mismas tesis que en enero de 2010, las de que el cementerio nuclear hubiera generado empleo y, por ende, habría hecho progresar a toda la comarca. Después de un rato explicando sus argumentos, suelta una frase que resume sus pensamientos: “Me arrepiento de no haber conseguido sacar adelante la candidatura”.
Como se recordará, Campo de San Pedro quiso presentar candidatura pero, ante las presiones, dijo que desistía. Sin embargo, días después, y por sorpresa, la corporación aprobó en pleno solicitar el cementerio nuclear, un hecho que acabó consumando —aunque fuera del plazo establecido— lo que desató una nueva tormenta que escampó cuando el Ayuntamiento se vio obligado, por segunda vez, a renunciar.
“Metí la pata en el procedimiento; no supimos gestionar una situación de ese calibre”, reconoce ahora Martín, para el que, a pesar de sus errores, “el objetivo era bueno, el desarrollo de toda la comarca”.
Ahora, el alcalde de Campo de San Pedro dibuja un panorama oscuro para su pueblo. En un año no se han creado nuevos puestos de trabajo. El colegio se mantiene, pero si se persiste la tendencia a la baja del número de escolares, “en una década se cerrará”, vaticina.
