El próximo viernes 13 de diciembre, a las 13:00 horas, las Salas del Palacio del Torreón de Lozoya volverán a abrir sus puertas para mostrar una selección de piezas de la colección artística que durante su existencia reunió Caja Segovia, ahora propiedad de la Fundación que lleva su nombre.
De este modo, la muestra sustituye a la tradicional exposición del Belén de Caja Segovia que se abría al público por estas fechas.
Este legado está constituido por un total de 3.396 obras de arte de muy diferente signo: pinturas, esculturas, estampas, monedas, vidrios, dibujos, mobiliario, cerámica, libros, fotografías, tapices, porcelanas, etc., destacando, por su elevada cuantía —1.853 piezas—, la producción de artistas contemporáneos fundamentalmente segovianos, que contaron con el apoyo de la entidad, tanto a través de adquisiciones como de exposiciones y otras iniciativas, lo que hizo de ella el principal mecenas de nuestros creadores durante el siglo XX. Buena parte de estos artistas se encuentran hoy en activo, exponiéndose periódicamente sus obras tanto en el Torreón de Lozoya como en otras salas de la ciudad y provincia, de ahí que la Fundación Caja Segovia, queriendo mostrar una parte significativa de esta colección —el número de obras que integrará la exposición superará el centenar—, haya preferido optar por hacer visible la obra de artistas ya desaparecidos, dado que ésta ha estado ubicada en lugares poco accesibles para el público en general: dependencias no visitables del Torreón de Lozoya, despachos, salas de reuniones y almacenes, abarcando un periodo cronológico que comprende desde el siglo XV hasta mediados del XX.
El objetivo de la exposición no es únicamente dar a conocer una parte significativa de este patrimonio u ofrecer al goce sensitivo una serie de piezas artísticas destacadas del mismo; antes bien, la Fundación Caja Segovia ha querido proponer un recorrido temático en el que muestra al visitante las diferentes posiciones intelectuales y estéticas que han mantenido los artistas representados en la exposición a lo largo de siglos.
El apartado dedicado al paisaje recorre en la muestra un largo camino, desde la naturaleza sublimada o idealizada de pinturas barrocas anónimas hasta el más detallado naturalismo de Francisco Núñez Losada. Entre ambos extremos, la actitud magnificadora del paisaje romántico en acuarelas de Pedro Pérez de Castro, las experiencias atmosféricas de William Miller Frazer y Jaume Morera, o el paisaje subjetivo e interiorizado de Ignacio Zuloaga, Darío de Regoyos, Aurelio García Lesmes o Eduardo Vicente.
Otro grupo de obras expuestas se encuadran en el apartado «Imágenes de Segovia en las Artes de la Estampa» que fue el título de una exposición que dio cuenta, hace algunos años, de una parte significativa de esta colección, en la que el grabado tiene una destacada presencia.
En el apartado “La figura” plantea la disyuntiva entre lo transitorio y lo eterno, siempre latente detrás de un género como el retrato.
“La imagen religiosa” es el título de otro grupo de obras, que buscan incidir en los valores y contradicciones que recaen sobre la representación de la imagen sagrada. Aunque el arte religioso está concebido como mera representación o referencia visual de aquellas personalidades a las que en realidad se venera, a veces las propias imágenes son objeto de culto, atribuyéndolas incluso poderes sobrenaturales. Este hecho que ha propiciado no pocas polémicas que en ocasiones han llevado a la destrucción de obras de arte religioso en periodos donde primó la iconoclastia.
No son demasiados los bodegones que la colección posee en el ámbito temporal de esta exposición. Existe, no obstante se deja un hueco a esta clasificación.
Aunque en relación con el libro, la actividad más reconocida de Caja Segovia fue la editorial, también este universo es uno de los aspectos interesantes de la colección que ahora se muestra. La pieza más antigua es una edición de 1566 de la obra titulada «Acerca de la Materia Medicinal y de los Venenos Mortíferos» de Pedacio Dioscórides Anazarbeo, traducida y anotada por uno de los segovianos más universales, el doctor Andrés Laguna, quien firma orgullosamente el volumen en calidad de médico del papa Julio III.
Junto a volúmenes como los mencionados figurarán ilustraciones que fueron concebidas un día para complementar la lectura de los textos. Entre ellas destaca el ciclo que Gustave Doré realizó para «El Quijote».
La muestra podrá visitarse en las Salas del Palacio del Torreón de Lozoya hasta el próximo 16 de marzo.
