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“El susto ya ha pasado”

por Redacción
16 de junio de 2017
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Va a pasar bastante tiempo para que los de Navalilla olviden la tarde del jueves, 15 de junio. Como se dice vulgarmente, pasaron las de Caín. “Hubo mucha, mucha tensión”, reconocía ayer el alcalde, Isidoro de Pablo, deseoso de recuperar la tranquilidad habitual del pueblo. “El susto está pasado”, decía una y otra vez, recalcando que “lo más importante es que no haya habido desgracias personales”. En cualquier caso, el sobresalto no se le quita de encima, ni él ni el resto de los vecinos. Porque “se pasó bastante mal”.

Era una tarde de calor sofocante. Y se presentó la tormenta. Fue una tormenta seca, sin una gota de agua. A eso de las seis se vio un relámpago e, inmediatamente después, se escuchó el correspondiente trueno. Había caído en el pinar, a no mucha distancia del pueblo. A los pocos minutos ya era visible una columna de humo negro, señal inequívoca de que algún árbol había prendido. Los vecinos actuaron con celeridad. Se dirigieron al lugar donde se había originado el incendio, a unos dos kilómetros de Navalilla, pero cuando llegaron allí ya se había expandido. Se encontraba a un kilómetro y medio, aproximadamente, de la localidad. El personal quiso apagar las llamas pero… no pudo. Pasó algo inesperado. El caprichoso aire cambió con brusquedad su dirección, empujando a las llamas directamente hacia Navalilla. “En 20 minutos se presentó en el pueblo; era impresionante ver cómo avanzaba”, relata el regidor. El peor momento fue, sin duda, cuando el fuego empezó a entrar en el pueblo. Había que tomar decisiones rápidas porque la situación empeoraba a cada instante. “Se respiraba mal y, en las calles, el humo impedía una buena visibilidad”, agrega De Pablo. En tal tesitura, la Guardia Civil empezó a llamar, puerta por puerta, en las casas de la zona más amenazada por el fuego. Tocaba desalojar. Tarea nada sencilla. “En un pueblo de 124 personas donde cerca de 80 son mayores de 85 años, no es fácil”, advierte el alcalde, que evita contar detalles, aunque deja entrever que hubo quien se negó a salir de casa, a pesar de que las llamas estaban ya a un palmo, en el jardín de su domicilio.

De Pablo, emocionado, traga saliva para proseguir su relato. No culpa a nadie, pues comprende el proceder de todos. Los nervios estaban a flor de piel. Los desalojados fueron a la plaza de Navalilla, o la carretera, al entender que allí estaban más seguros. Y mientras, por allí ya había personal de extinción de incendios, luchando a brazo partido para sofocar las llamas.

Aunque a los de Navalilla les pareció una eternidad el tiempo que tardaron en llegar los primeros bomberos, luego se presentaron en tromba. Aparecieron helicópteros, autobombas… de todo. La colaboración de los pueblos del entorno fue “total”, según agradece el alcalde. Y desde Segovia se solicitó el apoyo de la Unidad Militar de Emergencias (UME).

Nadie pudo dormir en Navalilla, pues aunque el peligro parecía controlado, los vecinos no acababan de fiarse. Nada más amanecer ayer viernes prosiguieron las labores de extinción. Primero entraron en acción los medios terrestres y, a continuación, los aéreos. El fuego permanecía activo, pero su evolución era favorable, por lo que el delegado territorial de la Junta, Javier López-Escobar, bajó la alerta a nivel 1. Y el personal de la UME se retiró. En cualquier caso, se mantenía un importante operativo, encargado de sofocar los llamados ‘puntos calientes’.

Aunque las labores de perimetración de la superficie calcinada no habían acabado, ayer se apuntaba que alrededor de 160 hectáreas de pinar pueden haberse pedido. La mitad de ellas, pertenecientes al Ayuntamiento de Navalilla; el resto, de propietarios particulares.

Ayer era en Navalilla día de hacer balance de daños y, también, de dar las gracias. Óscar Hernando, del restaurante Maracaibo de Segovia, colgó en su perfil de Facebook un post agradeciendo el trabajo de los bomberos y la UME. “Si no es por ellos se nos quema la bodega”. Adjuntaba un pequeño vídeo en el que se apreciaba que las llamas se habían quedado prácticamente a la puerta de la bodega ‘Navaltallar’, donde él elabora sus vinos.

“El susto ha pasado”, repetía el alcalde, acaso para convencerse a sí mismo de que así era. El recuerdo no ha pasado. Quedará.

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