Gurús de la economía y responsables políticos han predicho en los últimos años el crecimiento de tantos de brotes verdes, llegadas de tantos puntos de inflexión y tantas salidas del túnel que nunca fueron, que los ciudadanos, como le ocurrió a Santo Tomás con las llagas de Cristo, hasta que no toquen no lo van a creer. Pese a los indicadores positivos, como la racha de seis meses seguidos de descenso de paro en Castilla y León, el miedo a otro duro otoño que llene de nuevo las oficinas del Ecyl de demandantes de empleo sigue presente. El pesimismo impide ver esa luz de la que hablan los expertos como algo real y sin pensar que es otro espejismo más.
El empleo es la asignatura pendiente. Aunque distintos índices económicos atisban síntomas de recuperación en la Comunidad, los 227.987 castellanos y leoneses que todavía siguen inscritos en las oficinas del Ecyl son 227.987 motivos para seguir trabajando y, sin duda, ocuparán una atención especial dentro del discurso del presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera de hoy, con motivo del acto de apertura del año económico.
El Gobierno ofreció ayer los datos de empleo. Los mejores en un mes de agosto desde el año 2000, como se apresuró a anticipar el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el lunes ante sus barones. Sin embargo, la realidad no deja margen para autocomplacencias. En España fueron 31 desempleados menos, 361 en Castilla y León en un mes donde ciertamente suelen crecer las listas del Ecyl debido al fin de contratos temporales.
De cara al futuro más inmediato, la consejera de Hacienda, Pilar del Olmo, no puso paños calientes ni dio motivos para lanzar las campanas al vuelo cuando presentó el techo de gasto. Las previsiones que maneja la Junta para el año 2014 son relativamente buenas: Castilla y León volverá a la senda del crecimiento económico, un 0,7 por ciento del Producto Interior Bruto. Una perspectiva prudente ya que hay informes como el elaborado por el departamento de estudios del BBVA –cuyo economista jefe, Rafael Domenech ofrecerá la conferencia inaugural del curso económico– que duplican esas expectativas y apuntan a un 1,4 por ciento.
Se puede concluir, pues, que la economía regional irá mejor, pero –últimamente siempre hay un pero– no se creará empleo. Se puede mirar el vaso medio lleno y decir que no se destruirá, lo cual no es ningún consuelo para esos 227.987 castellanos y leoneses inscritos en el paro, casi la mitad de ellos (105.029) sin derecho a prestación.
Al margen de ese gran pero, ya hay datos macroeconómicos que revelan la cercanía de un punto de inflexión en esta profunda crisis que ya va por su sexto año. Uno de ellos llega de las exportaciones. Con el consumo interno estancado debido a las debilitadas economías familiares, las empresas tienen que buscar en el exterior la salida para sus productos.
En el primer semestre, las exportaciones crecieron el uno por ciento respecto a 2012, donde se batieron ya todos los récord, hasta alcanzar los 6.069 millones de euros y la balanza comercial de la Comunidad (lo que se vende menos lo que se compra) arrojó un superávit de 725,6 millones con una tasa de cobertura del 11,6 por ciento.
El mercado exterior es uno de los puntales en los que ahora se asientan las empresas, grandes y también más pequeñas, debido al estancamiento del mercado nacional, donde el poco dinero que hay ni circula por miedo a que la crisis se prolongue.
El servicio de estudios de BBVA destaca dos notas positivas en el sector exterior: la aceleración del proceso de diversificación de las exportaciones regionales y una ganancia en la competitividad precio de las exportaciones regionales.
Pero para que muchas empresas puedan encontrar un camino hacia el exterior necesitan créditos que no llegan porque después de cinco años oyendo hablar de la reestructuración del mercado financiero, que se ha llevado por delante, de una u otra forma, a todas las cajas que conformaban el músculo financiero regional. Los miles de millones procedentes de Europa para el saneamiento de bancos y cajas parece que se han volatilizado porque siguen sin llegar las empresas y autónomos, principales motores de riqueza y creación de empleo.
La economía se mueve también mucho por sensaciones. De ahí la importancia de indicadores como el Índice de Confianza del Consumidor de Castilla y León, que en el mes de junio subió 16 puntos hasta niveles de 2007. Influyó sobre todo en la percepción de la situación actual que creció 23 puntos y el de las expectativas de futuro otros nueve. ¿Una cura del pesimismo?
Dentro de las políticas públicas, la Junta de Castilla y León ha apostado por las políticas de austeridad y saneamiento de las finanzas autonómicas como vías para la salida de la crisis. Así, el año pasado cumplió con los objetivos de déficit marcados desde el Gobierno sin necesidad de recurrir al plan de rescate y este año la Consejería de Hacienda mantiene las cuentas dentro de la senda del cumplimiento con un 0,87 por ciento de déficit en el primer semestre.
No obstante, a lo largo del último año han sido múltiples las ocasiones en las que el propio presidente Herrera o las Consejerías de Hacienda y de Economía han insistido en la necesidad de políticas de estímulo para contribuir a la generación de empleo. Fruto de estas tesis surgió el pacto con el PSOE para continuar con los planes de empleo, que en 2014 dispondrá de 30 millones de euros, o la puesta en marcha de la Ley de Estímulo a la creación de empresas.
Sin embargo, estas estrategias se encuentran con la limitación presupuestaria, condicionada a su vez por el modelo de financiación autonómico que Herrera ha reclamado cambiar en numerosas ocasiones y que el propio Mariano Rajoy se comprometió a revisar la semana pasada en su reunión con el presidente de Murcia, Ramón Luis Valcárcel.
