Desde hace muchos años, las explanadas de la avenida de Gerardo Diego, ahora recortadas por el edificio que albergará en breve la sede de la Policía Local y los Bomberos, albergan en la última quincena de junio al pequeño pueblo de la alegría que convierte estas yermas tierras en un vergel de ocio y diversión para niños y mayores..
Es el recinto ferial, donde en su reducida superficie se concentran gran parte de las ganas de divertirse de los segovianos durante las fiestas a través de las distintas atracciones mecánicas, tómbolas y establecimientos hosteleros en los que reponer fuerzas.
Los segovianos cumplen escrupulosamente con la liturgia festiva de “subir a las ferias” para pasear y detenerse en la amplia oferta para pasar un rato divertido. De este modo, la calle central de la feria es la elegida por quienes tientan a la suerte en las tómbolas —donde no falta la tradicional de los hermanos Cachichi— el bingo o los puestos de tiro, todos ellos este año con el denominador común de Bob Esponja como premio más deseado.
Los carruseles infantiles y los hinchables son los elegidos por los niños más pequeños para disfrutar de las ferias y esquilmar el bolsillo de padres y abuelos que pagan viaje tras viaje para que los chavales se conviertan en pilotos de Fórmula Uno, aviadores o bomberos por unas cuantas vueltas.
En la parte más madura, los jóvenes desafían la ley de la gravedad con la “Barca Vikinga” el “Ratón Vacilón” o el “Canguro”, que ponen a prueba los nervios más templados con sus bruscos movimientos.
A lo largo de toda la calle, las decenas de pequeños puestos de ropa y complementos transforman la feria en un pequeño bazar en el que es posible encontrar casi de todo a buen precio, en algunos casos con una calidad tan cuestionable como su presunta procedencia
La crisis y el mundial
La crisis económica y el Mundial de Fútbol golpean sensiblemente las depauperadas economías de los feriantes, que este año se verán obligados a sujetar los precios de las atracciones con el fin de mantener su clientela.
A estos problemas comunes, los feriantes suman el deplorable estado del recinto ferial en Segovia, que en algunos casos no dudan en calificar como “el peor de España”, y cuyo estado no se corresponde con las elevadas tasas que el Ayuntamiento les cobra por la instalación de puestos y atracciones.
Además, Segovia ha dejado de ser una plaza prioritaria para los empresarios de ferias, ya que “preferimos ir a otros sitios más cómodos, pero ahora hay que ir a todos los lados”.