La evolución económica también depende de lo que se espera que vaya a ocurrir. Los salarios, el ahorro y las inversiones responden, al menos en parte, a qué cree el sector privado que harán los políticos. Por eso, ayer, el Premio Nobel recayó en dos economistas que han creado modelos que «permiten explicar el papel que juegan las expectativas» en el crecimiento económico. Los galardonados son Thomas J. Sargent, profesor en la Universidad de Nueva York, y Christopher A. Sims, que imparte clases en Princeton.
El comité subrayó que ambos expertos destacan por sus «investigaciones empíricas respecto a las causas y los efectos a nivel macroeconómico» de las decisiones de política económica.
En un comunicado, la Academia sueca explicó que los dos ganadores «han desarrollado métodos» de análisis basados en «la relación causal entre la política económica y las diferentes variables macroeconómicas, tales como el Producto Interior Bruto, la inflación, el empleo y las inversiones».
De esta forma, los esquemas que han desarrollado Sargent y Sims permiten responder a preguntas tales como «de qué forma el PIB o la inflación se ven afectados por un incremento temporal de las tasas de interés o por una reducción de impuestos», o «qué sucede si un banco central modifica sus objetivos de inflación o un Gobierno cambia sus objetivos de equilibrio presupuestario».
De manera más específica, los dos premiados han analizado «qué sucede si un banco central modifica sus objetivos de inflación o un Gobierno modifica sus objetivos de equilibrio presupuestario».
Según los estudios de estos dos estadounidenses, «la política afecta a la economía, pero la economía también afecta a la política», explicó la Academia.
Los métodos de los dos galardonados permiten «identificar estas relaciones causales y explicar el papel que juegan las expectativas», lo que hace «que sea posible determinar los efectos tanto de las medidas políticas inesperadas como de los cambios políticos sistémicos», concluyó la institución sueca.
En realidad, el Nobel de Economía no corresponde al testamento original de Alfred Nobel, como ocurre con los reconocimientos de las otras categorías. El galardón fue establecido en 1968 y está dotado con una cuantía de 10 millones de corona suecas, poco más de un millón de euros.
Desde su creación, el premio ha reconocido a figuras como Milton Friedman, Amartya Sen, James Tobin o Paul Krugman.
