El cementerio del Santo Ángel de la Guarda de la ciudad de Segovia es un lugar privilegiado de nuestra historia. Los sepulcros, epitafios y decoraciones permiten rastrear la emotividad social de sus ciudadanos, determinados acontecimientos históricos de relevancia y sobre todo, mantienen viva la constancia de sentimientos a través de una rica simbología. El sepulcro será, un tiempo concreto hecho arte.
La provincia de Segovia: pionera en los espacios de la muerte
La política ilustrada del rey Carlos III y su política de gobierno impulsaron la construcción de cementerios apartados de las poblaciones. El objetivo era claro: aislar a los muertos de la población con el objeto de hacer más feliz la vida de los hombres en sus lugares de residencia. El lugar elegido por el monarca fue el Real Sitio de San Ildefonso (1783-1785), convirtiendo a su cementerio, en el primer cementerio «civil» entendiéndose aquel que se construye apartado de la población, en un lugar bien ventilado, sin contacto con la población, cercado, con una capilla, dependencias y osario. Fue entonces cuando la muerte en España cambia de escenario comenzando un lento pero seguro proceso de secularización de la muerte.
