Todo segoviano conoce la frase “Yo, señor, soy de Segovia”, con la que Francisco de Quevedo comienza “El Buscón”. Pero esa cita no es, ¡ni mucho menos!, la única dedicada por un afamado escritor a la ciudad. A lo largo de siglos, Segovia ha atraído a infinidad de literatos. Desde los del Siglo de Oro hasta los de la Generación del 98. Y, de la última centuria, no hay escritor español que no haya dedicado unas cuantas líneas a alabar la belleza de Segovia.
Pues bien, el periodista Pablo Martín Cantalejo, metódico él, ha ido recopilando con paciencia, a lo largo de décadas, infinidad de referencias de literatos a Segovia. Ayer, algunas de esas citas aparecieron en la conferencia que pronunció en el Casino de la Unión, con la que la Asociación de Amigos del Patrimonio de Segovia estrenaba el ciclo “Segovianos que hablan de Segovia”.
“En efecto, hay mucha querencia de los literatos a Segovia”, afirmaba, para comenzar, Martín Cantalejo, quien ideó un recorrido por las calles de la ciudad siguiendo la huella de algunos que vivieron aquí o la de escenarios que aparecen en sus obras.
Como no podía ser de otro modo, el itinerario comenzó por el Azoguejo. Y allí, el periodista recordó un par de citas, la primera de Ramón Gómez de la Serna, que cuando escribió “El secreto del Acueducto” estuvo mes y medio “a cordero” en el parador ubicado a escasos metros del monumento romano, y allí aprendió “la maravillosa manera de comer de los arrieros”, en especial que las uvas “son infinitamente más sabrosas comidas sobre el hule que sobre el plato”. A los pies del Acueducto, Martín Cantalejo también sacó a relucir un texto de José Antonio Flórez Valero en el que juraba que “aunque a primera vista el monumento parece una masa pétrea, lo cierto es que no es lo mismo su visión a las diez de la mañana que a las ocho de la tarde o a las cuatro de la madrugada”.
Con el apoyo de un audiovisual en el que aparecían imágenes de los lugares relacionados con los literatos, el periodista encaminó al público hacia la Calle Real, para introducirlo después en la Judería, desde donde lo llevó a la Plaza Mayor. Allí, recordó la obra de José Larraz “¡Don Quijancho, maestro!”, desarrollada, parcialmente, en la ciudad.
De la mano de Martín Cantalejo, los asistentes bajaron por la calle Daoíz hasta el Alcázar. Desde su mirador hubo palabras de recuerdo a San Juan de la Cruz, cuya morada se encuentra en la ribera del Eresma.
Tras ascender por la calle Velarde, resultaba obligada una parada en la casa donde habitó Antonio Machado mientras residió en Segovia. Un poco más adelante, Martín Cantalejo habló de los escritores vinculados a la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, como Manuel González Herrero. No olvidó el periodista citar, al pasar por Radio Segovia, a Cirilo Rodríguez y a dos metros de allí, donde estuvo ‘El Adelantado’, a “dos viejos compañeros”, Ricardo Borregón y Antonio Martín Casla, quien en sus diarias crónicas reflejaron fielmente la Segovia de su época. Para acabar, desde el mirador del Postigo, viendo la Sierra de Guadarrama, Martín Cantalejo recordó al Arcipreste de Hita, el del ‘Libro de Buen Amor’, y a una veintena de escritores ya fallecidos, como Luis Martínez Drake o Carlos Martín Crespo. “Y se me quedan —avisó el periodista— muchísimos en el tintero”.