Una gran exposición, setenta obras, que invita desde el pasado fin de semana a conocer el mundo singular de un artista que llegó a Segovia en los años noventa para quedarse: Nicolás Gless. El pintor está considerado ya “uno de los nuestros” y el día de la inauguración de la muestra estuvo arropado por un buen número de artistas locales, entre los que se encontraban, por ejemplo, Saura, Maroto, Madrigal, Mazariegos y otras personalidades del ámbito de la cultura, como Ángel Serrano, Quique Santana o el arqueólogo territorial, Luciano Municio, además de la alcaldesa, Clara Luquero, y la concejala de Patrimonio Histórico y Turismo, Claudia de Santos.
El acto contó además con un padrino de excepción, el escritor Moncho Alpuente, autor del texto que prorroga el libro catálogo de la exposición, quien ante una numerosa concurrencia, entre la que se encontraban también el ex alcalde Ramón Escobar, con su esposa, y la concejala del Partido Popular Mercedes Sanz, calificó de “alquimista” al artista, por los secretos y las claves que esconde su obra; “más de las que aparentan, y aparentan muchísimo”, añadió.
En el trabajo de Nicolás Gless, Alpuente descubre desde el pop-art de los años sesenta, el manga, o creaciones que para un ojo poco ducho pueden asemejarse a las cibernéticas pero que se trata de dibujos hechos a lápiz, como corresponde a un artista “renacentista”, en palabras del escritor.
La contemporaneidad y lo multicultural se dan cita en estas pinturas que pueden visitarse en La Alhóndiga hasta el 16 de noviembre —de martes a viernes entre las 17 y las 21 horas, los sábados de 11 a 14 horas y de 17 a 21 horas y los domingos, de 11 a 14 horas—.
Gless admite que esta obra bebe las fuentes de la cultura popular, no solo el comic o el manga, sino también los motoristas, la ruta 66, los moteles de carretera, las ciudades ‘electrográficas’ como Las Vegas, con sus mujeres, los naipes…, iconos publicitarios, los Cadillac, trenes, aviones, el Strip de Los Ángeles, el Chinatown de San Francisco, el cuero sado maso del Bizarre, seres fantásticos escapados del pulp, las pin-up, los robots, grabados japoneses, el Orient Express, Venecia o Florencia…
Pero estas escenas “se anclan sobre estructuras arquitectónicas, urbanas, grafismos herederos de las perspectivas renacentistas de Leon Battista Alberti, Luca Pacioli o Piero de la Francesca, de los grabados de Piranesi, las vistas venecianas de Canaletto, grafismos del constructivismo de Rodchenko y Maiakovski, el futurismo de Sant’Elia, para aterrizar en el pop-art de Hamilton”, explica el autor.
Son cuarenta años dibujando ciudades, entre ellas Segovia, una historia secuencial de imágenes “que reflejan el vacío existencial y la angustia de la sociedad, ocupada por la iconografía del consumo”.
