Con la misma pasión y minuciosidad con la que Luis Felipe de Peñalosa veló y protegió el patrimonio de Segovia, el arquitecto y conservador del Alcázar José Miguel Merino de Cáceres trazó ayer un completo y detallado análisis de la labor del historiador segoviano en su periplo como responsable del patronato rector de la fortaleza, en el que permaneció cuatro décadas al frente de una institución que ha contribuido a situar el monumento como uno de los emblemas de la ciudad a nivel mundial.
Merino de Cáceres intervino ayer en la segunda de las conferencias del ciclo organizado por la Fundación Rodera y Robles con motivo del centenario del nacimiento de Luis Felipe de Peñalosa, que complementan la exposición conmemorativa que puede verse en la Casa del Hidalgo, sede de esta institución.
En la sede de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, el arquitecto y académico de la institución glosó la figura de Peñalosa como «defensor sin prisa pero con contundencia» del patrimonio histórico segoviano, a cuya defensa se entregó durante su vida pese a «las críticas y la incomprensión que generó su trabajo». Siguiendo la estela de la labor iniciada por Juan de Contreras, Marqués de Lozoya, Peñalosa se implicó en el mantenimiento, conservación y posterior puesta en valor de edificios históricos muy singulares en la capital como la iglesia de San Juan de los Caballeros, la Casa del Hidalgo o la Iglesia de la Vera Cruz, y trabajó también en el impulso de instituciones como la propia Academia de San Quirce, de la que fue director.
Merino de Cáceres recordó también algunos «disgustos» que la defensa del patrimonio provocaron a Peñalosa, como la tala de la olma de la calle de San Juan, el derribo del arco de Sepúlveda o la esquilmación de la ermita de San Martín de Fuentidueña, que fue trasladada piedra a piedra a Estados Unidos «pese a las protestas y la dimisión de Peñalosa».
La perla preciada
Pero sin lugar a dudas, el Alcázar fue la «perla preciada» del trabajo de Luis Felipe de Peñalosa, un monumento que visitaba a diario y en cuya conservación se implicó directamente desde el patronato creado en 1951, de cuya gestión se encargó durante casi cuatro décadas.
En este sentido, Merino de Cáceres subrayó la presencia de Peñalosa «frente a los cambios políticos y militares del patronato, lo que dio continuidad y estabilidad a la labor desarrollada en la fortaleza». Además, destacó la colaboración de arquitectos como Cabello y Dodero, Arenillas Álvarez y el asesoramiento de Vaquero Palacios en la restauración de algunas de las salas más emblemáticas del Alcázar, así como la labor desarrollada por profesionales como el artesano Angel García Ayuso o el vitralista Carlos Muñoz de Pablos.
El ciclo de conferencias concluirá el próximo viernes 7 de diciembre con una mesa redonda presidida por el director de la Real Academia de San Quirce, Rafael Cantalejo, en el que participarán personalidades de su época que pondrán en común la vida y obra de Peñalosa. La exposición permanecerá abierta al público en la Fundación hasta el 16 de diciembre.
