Son numerosos, y por todos bien conocidos, los múltiples beneficios que nos proporcionan las infraestructuras hidráulicas: reservas de agua para afrontar periodos de sequía, como el que estamos atravesando actualmente; generación de energía, cada vez más necesaria en nuestra civilización; abastecimiento de agua potable para la población, imprescindible en cualquier tiempo y lugar; regadío del campo para conseguir una producción de calidad y garantizar la estabilidad de los sectores agrícola y alimentario; mejora de los transportes mediante el paso de vías de comunicación por la zona de acceso y coronación de las presas; etc.
Estas instalaciones, en muchas ocasiones de dimensiones colosales, constituyen un valioso activo para nuestra industria y economía en general y tienen una incidencia capital en el día a día de nuestras vidas. Sin embargo, con frecuencia no somos conscientes de todo ello y lo pasamos involuntariamente por alto. Por eso, con estas líneas vamos a tratar de traer a la memoria del lector dos de estos complejos que forman parte de los siete embalses de que disponemos en la provincia de Segovia y que en su conjunto albergan una capacidad de un millón de metros cúbicos de agua.
Las dos presas y sus correspondientes embalses a los que hacemos referencia están, precisamente este año, de celebración: el Pontón Alto, cuya presa se finalizó en 1993, y Burgomillodo, terminada en 1953, que cumplen su trigésimo y septuagésimo aniversarios respectivamente.

Empecemos nuestro paseo en la presa de Burgomillodo, la más veterana de las dos. Está ubicada en la pedanía del mismo nombre, perteneciente al municipio de Carrascal del Río, junto a los límites con la Comunidad de Madrid. La presa actual se levanta sobre la que se construyó en 1929. En 1950 se llevó a cabo una recrecida de la misma que asimiló en su seno las antiguas instalaciones alcanzando ahora una altura de 44 m (15 más de los que tenía antes) y una longitud de coronación de 114 m. Su cota de cimentación se sitúa en los 834 m, la de cauce en los 839 m y la de coronación en los 877 m. El volumen total del cuerpo de esta presa es de 33.000 m3. El embalse ocupa una superficie de 260 ha y tiene una capacidad de 14 hm3. La represa dispone de un desagüe y dos aliviaderos con una capacidad entre 100 y 400 m3/s que se regulan mediante los sistemas de compuertas y labio fijo.
El río Duratón ve detenido el curso natural de sus aguas ante esta contundente presa de hormigón del tipo gravedad. Nace este río en Peña Cebollera, en Somosierra, y después de un bello recorrido de 106 km bañando las provincias de Madrid, Segovia y Valladolid, entrega su tributo al río Duero a la altura de Peñafiel.
El dique que remansa sus aguas en Burgomillodo, en su versión anterior a 1950, fue un proyecto del ingeniero Federico Cantero Villamil. Su plan contemplaba una altura de 29 m que sería capaz de embalsar 7 hm3. Constaba de varios contrafuertes yuxtapuestos. En la construcción se utilizaron diversas técnicas novedosas para la época. La instalación estaba fundamentalmente dedicada a la producción hidroeléctrica de unos 499 kw/h. La titularidad es de Unión Fenosa Generación SA.
El madrileño ingeniero Federico Cantero Villamil es también conocido por sus investigaciones y aportaciones en el campo de la ingeniería aeronáutica, con 24 patentes entre las que cabe destacar la de La Libélula Española: un prototipo de helicóptero desarrollado por el ingeniero en los años veinte, quizás más conocido por la denominación Libélula Viblandi. También ejecutó obras hidráulicas en la provincia de Zamora, concretamente en la Cuenca del Duero. Asimismo le debemos una nueva patente de esclusas hidráulicas así como el complejo proyecto ferroviario para unir Zamora y Orense a través de Puebla de Sanabría, que incluía la perforación de más de 100 túneles en su recorrido, a lo que hay que sumar el proyecto de la nueva estación de tren de la capital zamorana.

La recrecida de la presa de Burgomillodo tuvo lugar entre 1950 y 1953. Fue proyectada por los ingenieros E. Becerril y J. Hernández. Con esta remodelación se consiguió duplicar la capacidad del embalse y alcanzar así los 14 hm3.
Este complejo hidroeléctrico forma parte del Sistema Alto Duero-Riaza-Adaja-Cega.
Burgomillodo es un embalse que brinda al visitante la posibilidad de practicar algunos deportes náuticos (kayak, remo, vela…) así como la pesca (barbos, carpas, truchas…) o contemplar en sus orillas una variada fauna (patos, ranas, tortugas…).
Al encontrarse en los límites del Parque Natural de Las Hoces del río Duratón, el agua y las montañas cobran gran protagonismo. Alzando la vista descubriremos al buitre leonado, el águila real o el veloz halcón peregrino surcando los cielos (estamos en una Zona de Especial Protección de la Aves). El panorama es espectacular, las vistas privilegiadas y el espacio natural espléndido y generoso. Aquí los aficionados a la fotografía no se verán en absoluto defraudados y los amantes del senderismo y los paseos en plena naturaleza encontrarán una gran variedad de itinerarios a pie o rutas ecuestres por el lugar.
Aguas abajo de la presa, y a muy corta distancia de la misma, divisamos el pueblecito de Burgomillodo que da nombre al pantano. Aguas arriba del embalse y del río Duratón que lo alimenta encontramos San Frutos. Se trata de un antiguo conjunto monástico, o mejor dicho lo que queda de él, ya que sólo se mantiene en pie la ermita dedicada al santo. Se ubica al borde de un acantilado de Las Hoces, lo que permite disfrutar de las vistas del cañón que forma el río. La ermita es del siglo XII, de estilo románico. En su exterior llaman la atención unas cavidades excavadas en la roca que son tumbas antropomorfas datadas en la Alta Edad Media, una necrópolis en toda regla. También son de gran interés los 14 bellísimos capiteles de la iglesia decorados con motivos vegetales y escenas mitológicas. Este recinto fue declarado Monumento Nacional en 1931.
Al llegar a la ermita, un viejo puente de piedra de 1757 salva una gran grieta en el suelo que es conocida como La Cuchillada de San Frutos porque según la tradición fue el santo quien la abrió milagrosamente con su báculo para salvar a unos cristianos perseguidos por los musulmanes. Una vez en el recinto, una gran cruz de 1900 preside el lugar y recibe a los visitantes y peregrinos.

San Frutos nació a mediados del siglo VII y es el Patrón de la ciudad de Segovia. Creció en el seno de una familia acomodada, pero, junto a sus hermanos decidió repartir todos sus bienes entre los pobres y recluirse en este lugar.
En esta zona del Parque Natural, el río se encastra en el territorio formando un profundo cañón, cincelando acantilados con bruscos y escarpados desniveles de hasta 100 metros en algunos puntos. El Duratón va labrando aquí su espacio mediante la lenta pero perseverante erosión de la roca caliza en su avance imparable hacia el pantano.
Si la altura de la presa asombra e impresiona, las Hoces del Duratón fascinan y sobrecogen. Ambos entornos invitan a la contemplación y la admiración y, por qué no decirlo, nos llaman a reflexionar mientras hacemos un alto en el camino para tomar un respiro en algún tronco caído o roca junto al camino que nos ofrezcan asiento. Ese podría ser un momento idóneo para evocar a nuestros ancestros que poblaron estas tierras de las Hoces desde tiempos inmemoriales. Así lo ponen de manifiesto las cerámicas del Neolítico encontradas en la zona con una antigüedad estimada de 5.000 años, o lo que es lo mismo, del 3.000 a. C.
Hasta aquí ha llegado nuestra ruta por Burgomillado y sus aledaños. Prosigamos ahora nuestro entretenido paseo por la segunda presa y su embalse que, como decíamos al principio de este escrito, también están de aniversario. No tan longeva es la presa del Pontón Alto, muy cerquita (a sólo 2 km) del incomparable marco de los Reales Sitios de la Granja de San Ildefonso y a menos de 10 km de la monumental Segovia. Ubicada entre las localidades de Palazuelos y Eresma, nos ofrece una incomparable panorámica de la Sierra de Guadarrama. Su proximidad a núcleos urbanos como Segovia o Madrid es sin duda responsable de una cierta presión en el medio natural, por lo que aquí se hace imprescindible el civismo, la educación y la colaboración de excursionistas y visitantes para mantener este lugar con sus encantos intactos. A diferencia de Burgomillodo, este embalse no destina sus reservas a la producción hidroeléctrica. Hasta hace unos años abastecía a la ciudad de Segovia y localidades colindantes. Pero en 2008 El Pontón estaba a solo el 18% de su capacidad, algo que parecía inconcebible, y hubo que cortar el suministro y se empezó a usar el embalse de Puente Alta en Revenga y seguir con suministros como el de los Pozos de Madrona.

El Pontón Alto tiene una capacidad de 7,41 hm3 y ocupa una extensión de 88 ha. La presa es de hormigón, del tipo bóveda de doble curvatura, con una altura de 48 m a contar desde sus cimientos y 43 m desde el cauce del río. La cota de cimentación se sitúa en los 1.056 m y la de coronación en los 1.105 m. La longitud de su coronación es de 248 m y la anchura en ese punto, de 5 m. El volumen total de material empleado en la construcción del cuerpo de la presa alcanzó los 92.690 m3. Dispone de dos aliviaderos centrales, dos laterales, con una capacidad de desalojo de 463,89 m3/s y un desagüe con una capacidad máxima de 39,64 m3/s. Por el interior de sus muros discurren tres galerías (superior, central y perimetral) que recorren toda la estructura alojando los sistemas de control y seguridad, imprescindibles en cualquier instalación de estas características.
El proyecto de esta obra corresponde al Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Rafael López González. Este ingeniero nació en la madrileña ciudad de Chinchón el año 1925. Alcanzó el título de ingeniero en 1949. Prestó servicio en la Dirección General de Obras Hidráulicas y en la Confederación Hidrográfica del Duero. También ejerció la docencia en la ETS de Caminos de Santander como profesor de Resistencia de Materiales, Elasticidad, Plasticidad y Cálculo Experimental de Estructuras. Fue una autoridad reconocida en los proyectos de presas arco y bóveda así como un innovador nato, no sólo de la concepción y el diseño de presas sino también en el tipo de composición de sus hormigones.
Su sobrino, Pablo Jiménez Olavarría, al fallecer su tío declaró: “Tuve la suerte de trabajar y vivir cerca de Rafael muchos años. Podría dedicar este recuerdo a relatar sus múltiples y diversas anécdotas, sus genialidades, su forma de estar y trabajar, en fin, a intentar trasladar a un papel mis vivencias y lo que siento en estos momentos”.
Este embalse tiene 11 km de costa lo que proporciona la posibilidad de practicar deportes acuáticos (piragua, canoa, surf…) y la pesca con caña, con ciertas restricciones y bajo el cumplimiento de determinadas normativas derivadas del hecho de tratarse de una Zona de Aguas en Régimen Especial Controlado. En sus aguas se pueden encontrar carpas, gobios, barbos y hasta algunas truchas. Una planta anexa de depuración de aguas residuales de La Granja garantiza la calidad del agua. En las proximidades de la zona también es posible realizar actividades de aventura (trail, running, mountain bike, senderismo…).

El embalse del Pontón Alto toma cuerpo gracias a la contribución del río Eresma que, a su vez, ya próximo al pantano, recibe la aportación del Cambrones. El Eresma es un río de montaña de cristalinas aguas que nace a los pies de Navacerrada, en pleno Sistema Central. Sus aguas afloran en el valle de Valsaín, en la Sierra de Guadarrama. Tiene una longitud de 134 km y entrega sus aguas al Adaja que a su vez desemboca en el Duero. Este valle del Eresma se caracteriza por el crecimiento de una variada y tupida vegetación compuesta por pinos silvestres, robles, encinas, fresnos, verdes praderas y frondosas masas de helechos.
Por estos lares no podemos renunciar a dar un agradable paseo por el Sendero de los Reales Sitios, partiendo por ejemplo desde El Robledo, zona recreativa junto al embalse. Durante el camino no resulta difícil escuchar el trino de gran variedad de aves que anidan en estos bosques (petirrojos, carboneros, arrendajos, cucos…). Pensemos que entre los 1.100 m de altitud en que se sitúa el embalse y los 2.428 del Pico de Peñalara en la Sierra de Guadarrama se produce una enorme variación que da lugar a la aparición de diversos ecosistemas de alto valor ecológico.
Son muchos los itinerarios que ofrece este enclave a los senderistas: cascadas del Chorro Grande y el Chorro Chico, la profunda garganta de la Boca del Asno, Calderas del río Cambrones (la de Guindo, la de Enmedio y la Negra), hermosas pozas de puras y diáfanas aguas, cuantiosos miradores que se asoman al pintoresco paisaje… En fin, aquí nadie se verá defraudado.
Este ha sido nuestro distendido paseo por los embalses de Burgomillodo y Pontón Alto con motivo de sus respectivos aniversarios. Nos hemos acercado a sus presas y hemos visitado algunos lugares de interés en las proximidades. Hemos obviado, como es lógico, la histórica y monumental ciudad de Segovia y nuestro particular Versalles, el Real Sitio de la Granja se San Ildefonso, cuyo interés capital se da de sobras por sobreentendido. Hemos intentado conocerlo todo un poco mejor para así valorarlo como es debido. Si nuestro paciente lector ya es conocedor de estos bellísimos rincones que esconde nuestra geografía nos daremos por recompensados si le hemos ayudado a revivir las gratas experiencias que seguro vivió al visitarlos. Y si no es así, le exhortamos a que se acerque a estos paraísos naturales que atesora nuestra tierra. Este otoño puede ser una gran oportunidad. ¡Merece la pena!
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* Doctor Ingeniero de Caminos Canales y Puertos
Profesor de Ingeniería de la Construcción en la Universidad Politécnica de Cataluña
